Si bien esta es una mirada de la vida de Sir Sean Connery, el legendario agente 007, también es un filtro para nombrar a esa generación bisagra a la que tenemos la fortuna de pertenecer, bandeándonos entre ese ayer estruendoso y el futuro

Por JUAN FERNANDO SÁNCHEZ
Actor, productor teatral y gestor cultural
@juanfernandosanchezv

Los estereotipos de belleza, género, procedencia, han ido transformándose con los años y a medida que los paradigmas de las sociedades encuentran nuevos caminos para evolucionar o involucionar de acuerdo al caso, esas imágenes icónicas, esos referentes que hacían movilizar a toda una generación frente a su manera de vestir, su comportamiento, su postura al fumar un cigarrillo o manejar un carro, hoy en día gracias a la globalización y a la inmediatez con la que consumimos entretenimiento, se podría decir que esa democratización en la producción audiovisual, la incursión y difusión de nuevos formatos y la gran amalgama de tendencias en el comportamiento de la sociedad, –frente a sus gustos y pluriculturalidad–, nos permite tener un abanico más amplio a la hora de identificarnos con esas luminarias que nos cautivan, no solo porque representan esos anhelos de tocar el Olimpo, o vivir esas vidas glamurosas en donde aparentemente todo es perfecto, sino que existen conexiones más alineadas con esa humanidad detrás de la estrella.

Es por eso que vale la pena hacer un pequeño homenaje a esa generación de oro del cine en donde el aire romántico con el que se conducía la industria, nos da en la actualidad una sensación nostálgica de esa época artesanal, una época en la que las estrellas eran tan idolatradas por millones de fanáticos que soñaban con verlas en las pantallas en su próximo estreno, unas décadas que viven en la conversación de muchos y en la memoria popular.

El arquetipo de galán cinematográfico sacaba suspiros en mujeres de todas las edades y lineamientos de comportamiento e imagen en los hombres. De esa selecta lista podemos resaltar algunos nombres de diferentes latitudes que trascendieron en el tiempo hasta la actualidad; Marlon Brando, Paul Newman, Franco Nero, Alain Delon, Jhon Wayne, Gregory Peck, entre otros que por la magnitud de su eco se convirtieron en legendarios exponentes de interpretación por sus personajes, pero aún más visibles por esa plantilla de ejemplos a seguir para los viles mortales, dejando un legado imborrable en las generaciones venideras de actores que se enfrentaron a roles protagónicos y receptores del cetro.

Aunque la explosión cinematográfica de la época en popularidad tenía como epicentro a Hollywood y sus grandes estudios, desarrollando una necesidad postguerra de darle nacimiento al sueño americano, se desarrollaban películas en varias zonas del mundo como Gran Bretaña, que además de tener una tradición cinematográfica y artística más profunda y corpulenta, tenía una exportación de talento a la meca del cine, abriéndole la puerta a remarcables nombres como Cary Grant, Alfred Hitchcock y el gran Sir Sean Connery.

Thomas Sean Connery nació en Edimburgo, es hijo de Joseph Connery y Euphamia Maclean. El conductor de camiones y ella mujer de la limpieza. Sean fue repartidor de leche, estuvo en la Marina Real Británica, fue fisicoculturista, modelo artístico, pulidor de ataúdes, futbolista, actor secundario de musicales teatrales y actor secundario en películas, “no muy bien criticado en sus primeros roles principales”.

Connery protagonizó una y otra vez el afamado agente del servicio secreto británico 007, James Bond, interpretó a Marc en Marnie de Alfred Hitchcock, fue Guillermo de Baskerville en El nombre de la Rosa, Henry Jones en Indiana Jones, y Jim Malone en Los Intocables, papel que le otorgó su primer Oscar, entre otros roles más en decenas de películas.

En su vida personal, tuvo dos señoras Connery y un hijo. Es patrocinador y miembro del Partido Nacional Escocés, vive en las Bahamas desde hace varios años, es un entusiasta del golf y está retirado disfrutando de su jubilación desde el 2012. Connery ha sido criticado por recio e intransigente y valorado por su gran negro sentido del humor. Hace un par de años el Gobierno británico le otorgó el título honorario de Sir, y ha sido catalogado como el hombre más sexy del siglo XX. Para todo esto se necesitaron 90 años los cuales cumplió el pasado 25 de agosto.

El nombre de Sean Connery no solo nos lleva a esa imagen de Adonis escocés con ese siseo particular de su voz sino que además nos genera una pregunta sobre el paisaje del cine, porque los que reconocemos a este icono nos podríamos nombrar la generación bisagra, que hemos podido disfrutar del antes y el hoy del mundo cinematográfico, de sus maneras y procederes que si bien hoy gracias a la rimbombante tecnología nos da la oportunidad de tener producciones más rápidas y ágiles, con formatos variados y una manera de contarse más orgánica y coloquial que nos permite la identificación con las historias, también nos ubica en un lugar donde ese camino de mística magia se escapa en el recuerdo, y frente a esa cuestión también surge cuál será el porvenir de una industria que a pesar de ser relativamente nueva, en perspectiva, cada vez atesora más años y es cambiante con las necesidades de la sociedad.

Entonces haciendo uso de la frase dicha por el mismo Connery “hay unos que envejecen y otros que maduran”, será que ¿el cine envejecerá o madurará? Porque no importa cuantos años pasen siempre será disfrutable una interpretación de ese escocés que ha vivido la vida bajo sus propios parámetros y ha sido fiel a sus convicciones, larga vida a Sir Sean Connery.

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