La directora norteamericana Sian Heder elabora un una historia dramática y conmovedora que impacta en dos mundos, aquellos que habitan en el universo sonoro y otros que lo experimentan desde el silencio.

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Coda puede sentirse como una película pequeña, dadas sus dimensiones y ambiciones estéticas moderadas, sutiles y eficientes para el desarrollo de una historia que pretende conectar el lado más humano y sensible de sus personajes con la audiencia. Aquí, CODA tiene uno de sus más grandes triunfos, crear un entorno de comunidad reconocible de forma inmediata que permite al público trasladar sus perspectivas de mundo al drama de juventud que recae sobre una pequeña joven talentosa en un pueblo pesquero apartado de la gran ciudad.

Emilia Jones, una espectacular revelación de la actuación británica, lidera esta particular historia en la que personifica a Ruby, la única persona oyente de su familia, en la que su padre, madre y hermano, son sordomudos. Sobre Ruby recae la responsabilidad de ser una herramienta de comunicación entre su familia y la comunidad, lo cual siembra las semillas de lo que podemos intuir será el drama principal en esta película, pues, en un punto de la historia bastante temprano, se hace inevitable pensar en ¿qué haría su familia sin ella para darle voz a sus palabras?

La película navega entre el drama y el humor inteligente, situaciones convencionales en un entorno atípico que cuenta con sus propios códigos, tanto lingüísticos como vivenciales. En este punto la directora logra con suma eficiencia y respeto, elaborar distintos conflictos familiares universales dentro de un escenario pocas veces experimentado por la audiencia en un film. Las discusiones en casa de Ruby mezclan perfectamente la ausencia de la voz y la fuerza de la interpretación, haciendo de distintos momentos (muchos realmente) situaciones en las que logramos compenetrarnos en un lenguaje ciertamente ajeno para muchos en nuestra sociedad.

CODA (que traduce: Hijo de adultos sordos)  no solo usa a esta familia para detonar un universo íntimo y personal, es también un viaje a través de la madurez temprana que por azares del destino, llevará a nuestra protagonista a comprender la magnitud de la responsabilidad que ha caído sobre ella como único miembro oyente de su familia; descubrirá, de la mano de su profesor de canto, interpretado por el siempre cálido Eugenio Derbez, que es una talentosa cantante y que esto le puede ofrecer un futuro lejos del pueblo natal, al igual que las consecuencias que implica el seguir su sueño,  apartarse de su familia y sus necesidades comunicativas, tanto como tener una vida propia.

Esta es una historia profunda y sincera, con espectaculares actuaciones y momentos de drama desgarradores que logran conmover genuinamente, alejada de una explotación “sensiblera” y que usa distintos métodos de narración para ofrecernos una aproximación a dos mundos. En una escena en particular brilla enormemente su dirección, un momento en el que Ruby canta con la voz propia de un ángel al tiempo que igualmente canta con sus manos para que su familia pueda “escucharla” mediante el lenguaje de señas, en una de las escenas más hermosas que haya visto últimamente en cualquier película.

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En otra escena, Ruby interpreta nuevamente la canción solo para su padre, quien pone sus manos sobre su garganta para sentir las vibraciones de su voz, mientras rompe en llanto. Quizá uno de los momentos más emotivos, es en una presentación del coro de la escuela, donde la directora nos priva de cualquier sonido y deja que la escena prosiga en un silencio perpetuo, una forma bastante sencilla y sutil de ponernos en el lugar de su familia, quienes solo pueden intuir el éxito de la presentación en los rostros y reacciones de los demás asistentes oyentes, pero con la desgarradora realidad de no poder disfrutar del talento de su propia hija.

Esta es una de esas películas que nos recuerdan que al final del día, son las historias humanas el más grande y poderoso recurso para comunicarnos en un mundo lleno de ruido y una fanfarria cotidiana que enajena al individuo y lo aísla de cualquier conexión profunda y genuina de su experiencia consigo mismo, con el mundo y todos los demás.

Tiene por mérito propio su nominación a mejor película en la próxima gala de los premios Oscar, su honestidad y sinceridad, la convierten en un relato profundo propio de las historias que no queremos que terminen nunca, pues, al final, esta cinta logra crear un lenguaje que todos podemos hablar, el lenguaje del espíritu humano que vibra sobre el concepto del amor, el sacrificio personal y el más profundo sentimiento del hogar.

CODA es producida por Pathé Films y se distribuye actualmente en la plataforma de streaming de Apple TV+, está nominada en los premios Oscar a Mejor Película, Mejor Actor de Reparto y Mejor Guión Adaptado.

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