Una vez más Colombia está en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Cannes, este año con la película Memoria, dirigida por el tailandés Apichatpong Weerasethakul. Un reconocimiento a la evolución de la industria cinematográfica nacional.

POR JUAN FERNANDO SÁNCHEZ  / Actor, productor teatral y gestor cultural 

@juanfernandosanchezv

Los festivales de cine surgieron por esa necesidad de galardonar los logros y avances en el mundo cinematográfico. Ocurren en diferentes latitudes a lo largo y ancho del planeta y nos dan la oportunidad de disfrutar títulos que en ocasiones no son los más populares o distribuidos en las grandes plataformas de la industria. Se realizan, por lo general, una vez al año. Cada uno tiene una identidad y un criterio para sus selecciones, ya sea por la temática de las películas elegidas o como homenaje a un género o cineasta específico, y muchas cintas tienen su estreno mundial en estos certámenes, aunque no necesariamente sean el lugar de lanzamiento de todas las que participan. 

El festival más antiguo es el de Venecia, en Italia, fundado en el año 1932. Posteriormente surgieron muchos otros como los festivales de Berlín, San Francisco, San Sebastián, Melbourne, Cartagena de indias y Cannes.

Se considera que los festivales más importantes y prestigiosos del mundo son los de Cannes, Berlín y Venecia, razón por la que han recibido la denominación de los “Tres grandes”. La trilogía de colores del director polaco Krzysztof Kieślowski fue hecha especialmente para presentarse en estos tres festivales: Azul para Venecia, Blanco para Berlín y Rojo para Cannes. Este último fue fundado el 20 de septiembre del año 1946 en la ciudad francesa, y es el más publicitado del mundo. Además, está catalogado como un certamen de cine independiente, ya que surgió por la necesidad de enmarcar la importancia cultural y la independencia política francesa, frente al tinte fascista que se le dio en sus inicios al Festival de Venecia, por la influencia de los regímenes italiano y alemán, lo que generó una contraparte en la divulgación de las historias de esa época. 

La cita más importante del cine se convierte en el epicentro de diálogo entre los distribuidores, productores, directores, guionistas y todos los profesionales de la industria. Es un escenario para establecer alianzas, conseguir financiamiento y vender sus películas. Un festival de amplio espectro, no solo por lo que ocurre en el marco del evento, sino también porque es considerado un certamen turístico que viene cobijado con un destino social. 

Colombia tiene historia en el prestigioso certamen desde el año 1978, cuando participó con la película Gamín, del director Ciro Durán. Desde entonces, gracias a la evolución del mundo del celuloide en nuestro país y a los esfuerzos de grandes estudios y plataformas en pro de relatar historias robustas con unos muy buenos estándares de producción, la lista continuó aumentando. 

Su participación en ediciones anteriores estuvo enmarcada en las problemáticas que hacen parte de nuestro dolor de patria, esas fracturas descarnadas que, de una u otra forma, nos han endosado un reconocimiento global como país violento. ¿Ejemplos de ellas? Cóndores no entierran todos los días, de Francisco Norden; Rodrigo D no futuro y La vendedora de rosas, de Víctor Gaviria. 

En los últimos años, gracias a la Ley de Cine, los nuevos realizadores cinematográficos se han aventurado a contar otro tipo de historias que han sido invitadas a participar en el festival, como ocurrió con La tierra y la sombra, de César Acevedo; El abrazo de la serpiente y Pájaros de verano, de Ciro Guerra. El año pasado, la ganadora del Premio Goya a mejor película iberoamericana –El olvido que seremos (ver entrevista con Fernando Trueba, su director, en esta edición de Alternativa)– estuvo en la selección oficial de Cannes. 

En la edición 2021 del Festival de Cannes, que se llevará a cabo del 6 al 17 de julio, la película Memoria, rodada completamente en Colombia y dirigida por el tailandés Apichatpong Weerasethakul, compite por la anhelada Palma de Oro. La cinta cuenta la historia de Jessica, interpretada por la actriz británica Tilda Swinton, quien, estando en Bogotá, se hace amiga de Agnes –encarnada por la francesa Jeanne Balibar–, una arqueóloga que estudia restos humanos descubiertos dentro de un túnel en construcción, donde a su vez conoce a Hernán –en la piel de Elkin Díaz–. Con él comparte sus recuerdos más íntimos a la orilla del río Lejos que atraviesa Pijao (Quindío). Cuando el día llega a su fin, la protagonista se despierta con una sensación de claridad.

Una historia simple, que viene cargada del peso artístico de un gran director, quien además de haber sido premiado mundialmente por sus producciones cinematográficas, encontró en Colombia el lugar idóneo para relatar el mensaje a su modo, desde su interpretación particular de lo que es nuestro país para él y desde su estilo contemplativo y sutil. Weerasethakul es uno de los directores más influyentes en la cinematografía contemporánea. En sus obras articula una narrativa personal que parece transcurrir por diferentes estados de conciencia.

El tailandés realizó una visita a Colombia hace unos años luego de una invitación hecha por la productora Diana Bustamante, gracias a la cual proyectó sus películas y recogió imágenes e ideas sobre la historia de nuestra violencia y el dolor arraigado en los colombianos; aunque Memoria no se centra en el conflicto armado, este aparece sutilmente. La cinta competirá por el anhelado galardón junto a otros 23 filmes provenientes de Estados Unidos, Francia, Rusia, Italia, Bélgica, Noruega, Marruecos, Japón e Israel, entre otros. 

Sin duda, la llegada de nuevos lenguajes audiovisuales y el auge de las plataformas de streaming que han decidido usar a Colombia como el lugar para sus producciones, han abierto el espectro para que diferentes directores y productores fijen su mirada en lo que les brinda nuestro país para pintar sus paisajes, tal como lo hizo Weerasethakul con Memoria. Además, la necesidad de exaltar otro tipo de historias ubica a nuestra geografía como un escenario propicio para que ruede sonido, ruede cámara y ¡acción!