Por Alejandra Meléndez /Periodista /@alemelendezg

Oro en polvo es la cultura en el Viejo Continente. Alimentada y sostenida por un turismo de masa que invadía los escenarios, los museos, los espectáculos y que desapareció por la pandemia. Ahora, se reinventa para sobrevivir

Si algo ha caracterizado al Viejo Continente es su vasta riqueza cultural, su historia y su diversidad artística. La cultura es piedra angular de Europa y uno de los mayores atractivos para quienes la visitan anualmente. Pero este año ha sido un año atípico. No hay turistas y miles de eventos han sido aplazados. Si bien es cierto que varios sectores de la economía están luchando por sobrevivir, el sector de la cultura es uno de los más golpeados por la pandemia. 

Cientos de festivales, conferencias, exposiciones y conciertos se han cancelado por toda Europa. Muchas salas de cine, teatros y museos han suspendido o reducido sus actividades dejando pérdidas millonarias. Tan sólo en España, según datos del Observatorio de la Cultura, la crisis provocada por el Covid-19 se llevará más de un tercio de los ingresos de este sector. Alrededor de un 36.5 %. 

Aunque en las últimas semanas se ha retomado un poco de normalidad y hay algunas actividades sociales y culturales en marcha, son múltiples los retos que supone reactivar la cultura al tiempo que convivimos con el virus. Sin turismo y con estrictas medidas de bioseguridad. Muchos sectores lo están intentando, aunque para algunos ha resultado más difícil que otros.

Uno de los eventos que ha logrado llevar a cabo este año en medio de la pandemia, ha sido el Festival de Jazz Madrid 2020, que frente a todo pronóstico, ha llenado la capital española del mejor jazz nacional durante casi un mes, desde el 5 hasta el 29 de noviembre. 

¿Cómo lo han logrado? la directora del festival, Concha Hernández, señala que cuando empezó el estado de alarma en España, hubo que replantearse todo. “Hacia mediados de marzo, teníamos un cartel de grandes figuras internacionales. Esperamos unas semanas, pero vimos que todas las giras se cancelaron y tuvimos que rehacer todo. He de decir que tanto por parte de Luis Martín, director artístico del festival y el equipo que hace posible el evento, hubo una mirada ética ante la situación. Ha sido muy complicado organizarlo desde el confinamiento, pero había una obligación como un servicio público y también una obligación moral y ética… la cultura tenía que continuar”.

El Festival de Jazz de Madrid es organizado por el Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento a través de Madrid Destino y en esta edición, han dedicado su programación a destacar lo mejor de la escena nacional con la explícita intención de paliar, en la medida de lo posible, los daños que el Covid-19 ha causado entre la comunidad de músicos. “Decidimos apostar por el jazz nacional y ha sido una oportunidad para descubrir todo el talento que tenemos en España”, señala Hernández. 

Jazz Madrid refleja una diversidad estética, una visión contemporánea y aventurera, el jazz vocal y el blues, la expresividad flamenca y en esta edición la oferta local. Los aforos de las salas donde se han celebrado los conciertos se redujeron al 50 % y fue obligatorio el uso de tapabocas en todo momento. De hecho se ha promovido el hashtag #CulturaSegura como una manera de incentivar al público a apoyar al sector y a sentirse seguros en estos escenarios. “Tenemos que mantener la cultura. La cultura ha demostrado durante la pandemia que es lo que nos ha hecho que no sucumbiéramos a la desesperación, lo que nos ha ayudado a llevar el aislamiento y el confinamiento, la cultura es necesaria, hay muchos puestos de trabajo y la gente vive de esto”, señala la directora.

Durante casi 30 días hubo conciertos, cine, libros, teatro, conferencias, debates y exposiciones. Un oasis en medio de la pandemia en una edición que convirtió por un año más a Madrid en la capital del jazz y en la que sobresalió el público joven. Sostiene Hernández, que “a medida que el festival iba avanzando se iban incorporando otros públicos, la gente más joven es la que está yendo a los espectáculos en vivo, la que está ahora mismo sujetando la cultura”. 

El público local ha jugado un papel muy importante para el sector cultural en esta nueva realidad, pues sin vuelos internacionales que permitan la llegada de turistas, son muchos los espectáculos que han tenido que reinventarse para no tener que bajar el telón y conquistar a los locales. Como es el caso de los tablaos flamencos, en los que históricamente el público extranjero ha sido clave.

El flamenco fue declarado en 2010 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y es un sello de la cultura española. Tan solo el año pasado, los tablaos consiguieron atraer a más de 6,8 millones de visitantes internacionales, una cifra que este año se ha visto empañada por la crisis del coronavirus. Solo en Madrid, han cerrado definitivamente seis de los más emblemáticos entre ellos Casa Patas o Café de Chinitas. 

No han sido unos meses fáciles para los artistas que viven del flamenco, sobre todo por la falta de turismo. Federico Escudero, presidente de la Asociación Nacional de Tablaos Flamencos de España y director del Tablao Torres Bermejas, sostiene que “mientras no nos quitemos el sambenito que los tablaos son para turistas, no podremos salir. Estamos intentando dar un giro para captar un público nacional y adaptar el espectáculo a un nuevo concepto del flamenco”. 

En esta época en la que el flamenco vive la peor crisis de su historia, los tablaos intentan conquistar al público madrileño como un balón de oxígeno para superar la crisis y así rescatar los más de 3.400 empleos directos que genera el sector. “Los tablaos flamencos damos la gran mayoría de trabajo a los artistas de flamenco durante casi 365 días al año, si nosotros desaparecemos evidentemente muchos artistas de flamenco dejarán de tener su fuente de trabajo”, advierte Escudero.

Precisamente con el fin de aportar un granito de arena en pro de mantener viva la cultura, el tablao Torres Bermejas en Madrid, conocido como ‘La catedral del flamenco’, volvió a abrir tras más de ocho meses cerrado. Lo ha hecho con estrictas medidas de seguridad anti-covid y una adaptación de su escenario con mamparas de metacrilato para ofrecer seguridad tanto a los artistas como a los asistentes.

Otras de las medidas incluyen una cámara termográfica de medición de temperatura corporal capaz de detectar personas con fiebre a un metro y medio de distancia, con una precisión de +-0.5 ºC. Purificación del aire con un sistema que emite activamente iones positivos y negativos que se propagan por la sala y que suprimen los efectos de los virus. Así como labores continuas de desinfección y la reducción del aforo a un tercio de su capacidad para asegurar la distancia de seguridad.

La cultura hace un enorme esfuerzo para sobrevivir una pandemia que se alarga en el tiempo. Las medidas de bioseguridad cada vez son más exigentes, el turismo aún no tiene fecha de abordaje y los artistas esperan con ansiedad volver a los escenarios. Por ahora, volvernos turistas en nuestras ciudades parece ser una de las soluciones para que la música y el espectáculo continúe. Para apoyar a los artistas y también para hacer más amenos estos tiempos, porque como mencionó la delegada del Área de Cultura, Turismo y Deporte, Andrea Levy, “la cultura nos sana, nos permite evadirnos. Es esencial en la época en la que vivimos”.

“La cultura hace un enorme esfuerzo para sobrevivir una pandemia que se alarga en el tiempo. Por ahora, apoyar lo local en nuestras ciudades parece ser una de las soluciones”.