La película que el cineasta Carlos del Castillo hizo como un homenaje a la vida de su padre ha alcanzado más de 20 galardones internacionales. No ha llegado a las salas de cine colombianas, pero si al ‘streaming’. 

El director con Amado Suárez, un niño de Monguí, interpreta el papel de Alfonso, por el que ya ganó varios premios internacionales. 

Por Ana Luz Castillo Barrios

Periodista de Revista Alternativa 

@analuzcastillobarrios 

Cuando el cineasta caleño Carlos del Castillo decidió hacer El niño de los mandados, quiso plasmar en cada fotograma todo lo que le brotaba de su corazón, inspirado por la vida de su padre, una historia que, como él bien lo expresa, está colmada de luchas y de aprendizaje diario para salir adelante, y que podría ser el reflejo de la infancia de miles de nuestros padres o abuelos. 

Pero nunca imaginó que el homenaje a su padre llegaría tan lejos. 

Alfonso es un niño del campo que se súbitamente pierde a su madre y queda solo en el mundo sin tener quién lo ayude, por lo que debe tomar la decisión de conseguir un medio de sustento. Así logra convertirse en el domiciliario de una botica y con ello le llegan experiencias, aprendizajes y la fuerza interior suficientes para crecer, salir adelante y cumplir sus sueños. 

La historia tiene tanto de sencillez como de profundidad, y ha sido rodada con una cinematografía y una producción impecables que conmueven hasta los tuétanos. Es ahí donde Carlos cree que radica el éxito del filme que se ha hecho a numerosos galardones nacionales e internacionales, entre ellos en el festival independiente de Cannes, en Sundance, en Falcon-Londres, en Italia, en México, en Utah y en Ecuador, lo que ha superado, de lejos, las expectativas tanto a su creador como de todo su equipo, pese a contar con un antecedente similar, que elevó la vara muy alto, como lo fue La ciénaga, cinta que ya se tradujo a 29 idiomas y se ha ganado más de 50 premios globales, entre ellos tres Sundance. Es la segunda película más premiada del cine colombiano.  

Alternativa: ¿Por qué no hemos logrado ver “El niño de los mandados” de manera masiva en Colombia? Han sido, por ahora, presentaciones cerradas… 

Carlos del Castillo: Ya en Colombia se puede ver a través de Claro Cine. Y en algunos países va a estar disponible en otras plataformas, pero eso lo decide el distribuidor. Nos vamos enterando casi que a la par de todos porque eso depende de sus itinerarios propios. En algún momento seguramente se hará un lanzamiento para las salas de cine, pero sentimos que todavía no es el momento porque el tema de la covid aún es muy riesgoso. Por ahora está dando buenos resultados en las plataformas de streaming. 

“Nunca lo hacemos pensando en los premios, sino en contar una historia que llegue al fondo del alma, que le cambie la vida a alguien. Si eso se logra, lo demás viene por añadidura”. 

Ha sido una producción muy galardonada a nivel global. ¿Esperaban tanto éxito?

Debo decir que yo recibo los premios, pero esto ha sido el triunfo de un montón de personas con gran talento que trabajaron muy duro por lograr una producción de altísima calidad, como lo es El niño de los mandados. Así sea un premio para la actuación o para la dirección, los reconocimientos son para todo el equipo.  Y sí, hemos tenido una suerte inesperada. Desde el punto de vista del cineasta, es una historia muy sencilla. De esas historias de vida cotidianas que a veces pasan inadvertidas. Y justamente en su simplicidad está lo especial. Creo que en eso radica el éxito de la película. No nos esperábamos tanto porque no la hicimos pensando en premios, sino más bien en hacer un homenaje a mi padre. Tiene ese sabor de los años 50, de los pueblos, de la infancia. 

¿Cómo fue el descubrimiento de Amado Suárez, el niño que cumple el rol protagónico y quien se ha llevado ya varios galardones por su actuación? 

¡Fue algo muy bello! Nosotros ya teníamos en la mira a un chico caleño, muy buen actor, pero aún estaba lejos de lo que yo buscaba para representar a mi padre pequeñito. Cuando estábamos buscando la última locación –prácticamente ya habíamos decidido que sería Monguí– y haciendo el casting entre 97 niños, alguien nos habló de Amado Suárez. Nos dijeron que justamente ahí, en Monguí, había un niño dedicado a hacer los mandados en el pueblo, con una historia de vida fascinante, con mucho aprendizaje sobre la vida del campo, pese a ser un niño. Cuando lo conocimos supimos que ese era el que necesitábamos; con unos pequeños cambios, Amado fue el elegido para interpretar el papel. ¡Y mira los resultados!: ya se ha ganado varios premios a mejor actuación. Es un niño con un alma de actor innata, que ya está formándose en una escuela de artes acá en Colombia, gracias a una beca que le otorgaron por los logros alcanzados con su interpretación de Alfonso. 

Ramiro Meneses y Alejandro Buenaventura están en el elenco. También Judy Henríquez.

¿Por qué optaron por Monguí como locación? 

Principalmente porque nuestra productora, Andrea Najar, es de allá es muy reconocida y querida en la región, y tiene mucho conocimiento y cercanía con esta. Ella me dijo “yo creo que Monguí es el pueblo ideal para rodar tu historia”. Y así fue. ¡Tiene todo lo que necesitábamos, las locaciones, la gente, en fin! Además de Amado, algunos personajes que aparecen en la película son gente propia del pueblo. Eso hace la historia más auténtica. 

La película también cuenta con la participación de leyendas colombianas de la actuación… 

Sí, así es. Tenemos a Alejandro Buenaventura, a Judy Henríquez, a Ramiro Meneses, a Ricardo Vesga, a Caroll Fontecha… Una cantidad de actores de mucha talla. De verdad ha sido algo muy lindo. Ver tanto talento ahí y en todo el equipo artístico me regocija mucho. Fue una gran fortuna haber contado con gente tan bella. 

Por otro lado, una vez más vemos el mensaje del amor que siempre has querido transmitir en tus producciones, con lo que te identificas… 

Nuestro equipo ha intentado construir un cine que muestre ese otro lado de Colombia, el de la gente que trabaja, que madruga, que la muele todos los días por su familia, por salir adelante. Decidimos contar esas historias de la gente buena, que no tiene nada que ver con las armas, con la guerrilla, con el narcotráfico, con el paramilitarismo, con la corrupción, sino con la simpleza y la sensibilidad de la vida diaria. Eso nos ha identificado siempre. Yo lo llamo el lenguaje del amor. Queremos contar las historias en las que el amor es el protagonista, aunque sea de diferentes tipos: tú puedes sentir amor por tu casa, por tu hogar, por tus hijos, por tu esposa, por tus hermanos, por tus padres o por algún lugar en especial. Eso es lo que hemos hecho con El niño de los mandados y con el resto de las producciones. 

“Nunca hacemos cine pensando en los premios, sino en contar una historia que llegue al fondo del alma, que le cambie la vida a alguien”.

Es de suponer que con ese tema te quedarás y que se volverá tu sello personal… 

Sin lugar a duda. Todos los proyectos que estamos andando en este momento están basados en el mismo propósito y tienen exactamente el mismo feeling. 

¿Qué tan importantes son los reconocimientos recibidos? ¿Cómo los toman? 

Nosotros lo que tenemos es pasión por esto y lo hacemos con amor desbordado. Digamos que los premios y reconocimientos son consecuencias de ello. Claro que nos alegran, nos permiten seguir adelante, nos brindan mayor credibilidad, pero nunca lo hacemos pensando en eso, sino en contar una historia que le llegue al fondo del alma a la gente, que le impacte o le cambie la vida a alguien. Si eso se logra, lo demás viene por añadidura. 

Hablemos de la música de la película, ¡que es maravillosa! Me llamó mucho la atención que la hicieras con la Sinfónica de Praga.

Esa fue una experiencia más que increíble y fue gracias a nuestro director musical, Alejandro Ramírez, gran compositor caleño. Por él pudimos llegar a ciertas personas clave que nos ayudaron a que la música pudiera hacerse con la Sinfónica de Praga, dirigida por el mismo Alejandro. Entró también en el proceso un productor asociado, el australiano Mathew Clark, quien también fue importante para que esto fuera posible. Ha sido un plus gigante para la película y Alejandro es un maestro excepcional. 

¿Cómo ves ese cuarto de hora que está viviendo el país en lo que a la industria audiovisual se refiere? 

Es cierto. Hay una especie de bonanza de muchas producciones que se están haciendo acá con altísima calidad y eso es gracias al arduo trabajo realizado durante todos estos años. Estamos recogiendo lo que hemos sembrado. En Colombia se han hecho producciones de altísima riqueza narrativa y de contenidos, grandes trabajos que no tienen nada que envidiarles a los de ningún otro país. Hay talento por montones, hacemos las cosas en tiempo récord, lo cual es muy favorable para nosotros, y sabemos resolver problemas muy rápidamente. Contamos con excelentes actores, productores, directores, grandes artistas, directores de arte y de fotografía. Entonces hay materia prima increíble y no me sorprende que vengan de otros países a buscarla. De hecho, los invitamos a que vengan a Colombia a rodar porque se encontrarán con un nivel muy elevado. 

¿Qué te dijo tu padre cuando la vio?  

Fue un momento muy, muy especial. Mi papá y mi mamá la vieron en una presentación exclusiva que hicimos para ellos en Cali. Fue muy bello. Se emocionaron y lloraron muchísimo. Para mí y para todo el equipo hacer un homenaje para él, que sacó adelante su vida como pudo, pese a las adversidades, fue, además de inspirador, revelador. 

La cinta tiene un gran trabajo de dirección de arte y fotografía.

Háblanos de tu rica formación académica y de cómo ella se refleja en tus producciones… 

Tengo un gran respeto por la parte académica de esta industria y he dedicado 20 años de mi vida a formarme como cineasta alrededor del mundo, en países como Italia, España, República Checa, Estados Unidos y Alemania. Aunque he tenido la fortuna de este recorrido, creo que lo que más le enseña a uno es la gente, conocer personas, culturas, modos de vida, músicas, lugares. Siempre busco espacios que me permitan contar las historias completas, que puedan darme la geografía, la paleta de colores, la estética en su totalidad. Eso pasó con Monguí para El niño de los mandados y con el escenario de La ciénaga.  

¿En qué estás trabajando ahora? 

Justo en este momento estamos rodando en Cali una película escrita por Alejandro Buenaventura, en la que participan María Fernanda Martínez y Elkin Díaz. Acabamos de rodar una en Tuluá e hicimos una en Pereira con una directora que vive en Nueva York y que quiso hacer la cinematografía en Colombia. 

También estoy haciendo un documental con Mathew Clark, sobre 1.000 personas de 100 países que nos cuentan sus sueños y sus frustraciones; tiene un formato muy creativo que nos permite hacer esos comparativos de cómo la gente, independientemente de su condición social o de su cultura, ven la vida y la proyección de sus sueños. 

Muy pronto voy a dirigir una serie de Jhao García, que se grabará en Tumaco, y una película basada en la obra de la poetisa Liz Candelo, La casa más grande del mundo, que se rodará en Buenaventura. ¡Hay mucho trabajo y un gran equipo! 

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