Por: Fabio Rubiano Orjuela

Dramaturgo y director, Teatro Petra

@FabioRubianoO

En el siglo XVI, mientras William Shakespeare trabajaba con su grupo Los hombres del Rey, y ensayaban, escribían y preparaban temporadas; tuvieron que cerrar varias veces sus salas por la pandemia que azotó Londres. Si había más de treinta muertos a la semana los teatros no podían abrir. Los grupos de actores (no se aceptaban actrices) viajaban con sus carromatos a otros lugares, a poblaciones donde no había llegado la enfermedad. El Teatro seguía.

Cuando nació el cine, apareció también un oficio nuevo llamado los peliculeros ambulantes. Eran personas que iban con un proyector, un telón blanco y un par de películas que exhibían en los pueblos. Cuando oscurecía encendían el aparato, y la luz atravesaba la noche, y el pueblo quedaba asombrado de ver actores y actrices contra una simple tela. El invento hizo que las compañías viajeras de teatro tuvieran menos público ante la fascinación que les producía el nuevo hallazgo. Después de un tiempo, cuando la novedad se volvió cotidiana, la gente regresó al hecho vivo, al espectáculo con gente ahí, presente y en tiempo real. El Teatro seguía.

Igual le pasó a la pintura, con la llegada de la fotografía se decía que la pintura iba a desaparecer por su capacidad de captar el instante, y no. Se demostró que la inmediatez no es lo más importante, que quien pinta hace su versión de lo visto, de lo imaginado, de lo escuchado; y cada espectador tiene otra versión.

Históricamente, con altibajos, con cierres temporales, con guerras, con viruelas, con la inquisición acechando, con las divisiones entre católicos y protestantes, con miles de censuras; con las persecuciones, y con la estigmatización a la gente de las artes, el Teatro no paró.

Esta vez no será diferente, con la pandemia hemos vivido momentos duros: al cerrar temporalmente nuestras salas, y decirle al público que no siguiera viniendo, al parar los procesos académicos, al dejar de recibir ingresos. Pero hemos seguido  haciendo.

El teatro tiene una gama muy amplia de opciones (que, aunque nunca reemplazarán la principal) y pueden habitar otros territorios, incluido el digital. Desde el cierre de las salas, con el Teatro Petra nos dispusimos a encarar este momento, y comenzamos a producir material con actores, actrices, en formatos de video, de audio, impresos, y hay un portafolio de propuestas que seguirán saliendo.

El teatro es testigo de su época, y ha estado en el centro de todos los eventos coyunturales, jubilosos y dolorosos a lo largo de los años. Y, más allá de estar y ser partícipe los ha contado, ha dado su versión. Por cada hecho histórico relevante, célebre o secreto hay una obra. La peste está en muchas piezas, desde Edipo Rey hasta Romeo y Julieta; las guerras atraviesan personajes y ciudades como en El vestidor; las dictaduras quedaron plasmadas desde las historias de gente que las vive o las vivió. Cartas de amor a Stalin narra la angustia de un personaje como Bulgakov ante la figura de ese padre represivo que pareciera estar en todas partes, ese Stalin que parecía que siempre lo observaba; La muerte y la doncella provoca el encuentro de un torturador y una torturada muchos años después de las atrocidades cometidas por los agentes de seguridad de Pinochet, Playland hace que se encuentren dos hombres que tienen puntos de vista contrarios sobre lo que fue el Apartheid en Sudáfrica.

Las artes no solo han sobrevivido a muchos dolores, sino que además han contado, y dado puntos de vista que nos ponen de frente con la situación de cada momento. Las obras de arte necesarias y eficaces no muestran buenos y malos, hacen preguntas, y generan reflexiones, provocan contradicciones y controversias.

Una pandemia es pasajera, pero por larga y despiadada que sea, pasará. Habrá obras que hablen de este momento histórico, de lo que pasaba con la gente en medio de la peste, de quien creyó estar enfermo cada día del encierro, de aquella persona que nunca se convenció de que había un virus; de aquellos quienes siguieron su vida como si nada hubiera pasado. Quedarán historias, imágenes, relatos ficcionales y reales, historias de amor, tragedias y comedias. El Teatro seguirá.

Cuando regresemos habrá una producción enorme de contenidos, y poco a poco nos iremos ajustando a la nueva realidad que tarde o temprano será muy parecida a la de antes del encierro. Con teatro como hecho vivo, presente, y con un público reaccionando al instante. El Teatro y el arte siempre resisten.

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