Esta serie de HBO, que está en su primera temporada, es frenética y desesperadamente sensible.

Zendaya y Hunter Schafer, en sus personajes de Rue Bennet y Jules Vaughn

Euphoria podría confundirse entre tantas producciones que intentan ansiosamente interpretar los complejos conflictos de los jóvenes de hoy. La mayoría fracasan al construir personajes llenos de estereotipos que se simplifican en personas desesperadas por tener sexo. Nada más alejado de la realidad.

Euphoria se construye bajo las premisas universales que se desprenden de los conflictos humanos, le otorga a cada personaje una dimensión superlativa, humana, realista y de una profundidad que, la mayoría del tiempo,  lastima tanto a sus personajes como al espectador inmerso en esas frenéticas vidas que observamos y en las cuales podemos encontrar alguno que otro reflejo. 

Euphoria sigue a un grupo de adolescentes de secundaria liderados por el magnífico personaje de Zendaya (Rue), una chica de 17 años adicta al seductor abismo de las drogas, quién acaba de salir de rehabilitación luego de sufrir una sobredosis casi mortal. Este es uno de los personajes más interesantes, pues se encuentra en un limbo psicológico y emocional en donde podría perfectamente justificar su adicción, pero que, en lugar de otorgarle la categoría de monstruo, devela un ser provisto de un alma llena de grietas, una mente prodigiosa que quizá entiende demasiado el mundo y necesita desesperadamente salir de él, aún cuando esto afecte de forma brutal y cruel a las personas que la rodean.

Algo fascinante de la serie es su capacidad para tomar los estereotipos más comunes y llevarlos a un terreno extremo y desolador; tenemos a Nate, un deportista con la apariencia de Superman, un sujeto que en apariencia lo tiene todo, y aún así, es el personaje más detestable, lleno de complejos y traumas de infancia producto de una relación de miedo, respeto y repulsión por su padre (un hombre acaudalado y respetado por la comunidad, adicto al sexo con menores).

También están las chicas ‘bellas’ de la secundaria, clásicas porristas. Generalmente estos personajes solo se desarrollan como adorno de los masculinos, pero no en Euphoria.  Estas son mujeres llenas de miedos, de frustraciones y que llevan el lastre de ser vistas por el mundo solo como un pedazo de carne al cual desechar luego de ser usados.  Son rostros repletos de falsas sonrisas y una felicidad envuelta en lágrimas. 

Barbie Ferreira, Zendaya, Jacob Elordi y Hunter Schafer, cast de Euphoria.

La serie sigue las causalidades, eventos que detonan una cadena de acontecimientos sumamente dramáticos en los cuales cada acción se transforma en otra mucho más compleja y desesperante, una envoltura de falsedad, de fiestas sin control y sexo, que no son más que mecanismos para liberar los demonios internos en esas pobres almas llenas de sueños y la imposibilidad de vivir vidas cerca de la normalidad. 

A lo largo de la serie vamos a conocer, a modo de flashbacks, los acontecimientos que construyeron el presente de estos personajes. Es un contexto absolutamente fundamental, que no pretende justificar sino mostrarle al espectador que no todo es blanco y negro. Una zona gris se yergue para ofrecer un poco de humanidad, un poco de una nerviosa empatía que puede confundir al espectador en busca de héroes o villanos, en un páramo seductor y pintoresco, e igualmente árido, afilado y escabroso. 

La serie está filmada de una manera impresionante, por momentos parecen fotografías vivas. Sus directores no escatimaron en nada. Está filmada con una artillería de recursos estéticos fantásticos, los cuales convierten a su dirección en otro personaje más, pues tiene un estilo propio, único, que la posiciona como una de las series más originales en su apartado visual. Y es que tiene un aura onírica, hace que el espectador se sienta inmerso en un cuadro de Dalí, pero con la angustia de Munch y el color de algún antro gótico donde los tonos se tragan la pantalla, al tiempo que los movimientos de cámara construyen una danza que mezcla de forma brillante el estilo del videoclip, la calidad cinematográfica, la textura de una película análoga y un banda sonora maravillosa que termina por engendrar esta impresionante puesta en escena.

Ver Euphoria es un ejercicio de interpretación y entendimiento de una generación angustiada, desesperada, con la obligación de cumplir con los sueños de unos viejos igualmente traumatizados, con vidas igualmente resquebrajadas por el implacable puño de la realidad. 

Es una invitación a observar los dramas de jóvenes como cualquiera, dramas que quizá estén más cerca de nosotros de lo que queremos reconocer, pues algo seguro en la vida es que el sufrimiento es una constante universal en la que todos giramos, un tornado de ilusiones, fracasos, alegrías fugaces y una capacidad inexorable por aguantar, por resistir.  

No alcanzo a describir en dos cuartillas la cantidad de elementos narrativos y técnicos que hacen de esta serie un clásico instantáneo. Suceden muchas cosas, cada historia es un universo propio que colisiona con todos los demás. 

Las actuaciones son de primera categoría. Está hecha con muchísimo amor y seguramente cautivará a cualquiera que se encuentre con ella. Empequeñece cualquier drama juvenil que intente acercarse al alma de esta generación. Euphoria es un puño visceral que desprende en cada impacto un delirante destello púrpura de humanidad, una brutal y conmovedora forma de belleza.

La primera temporada de Euphoria se estrenó en 2019 y hace unas semanas lanzó el primer capítulo de la segunda emitida por la cadena HBO con clasificación R para mayores de 18 años por su alto contenido de violencia y escenas sexuales explícitas. 

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