Andrea Echeverri unió sus talentos como cantautora y ceramista para pedir que lloremos por la violencia sexual contra las mujeres y cambiemos. La exposición estará abierta hasta finales del mes de mayo en el Claustro de San Agustín.

Las vulvas como espejos nos ponen en el lugar donde vinimos al mundo.

Andrea Echeverri estaba recogiendo palitos y ramas en el patio repleto de matas del claustro de San Agustín para adornar un par de “cantantes” –floreros hechos por ella– puestos a la entrada de la exposición que abrió en noviembre pasado en ese espacio cultural al frente de la Casa de Nariño.

Tras un saludo de puño en el pasillo, la charla con la artista empezó allí mismo frente a la vieja pared blanca donde está pintado el título de la muestra: Ovarios Calvarios, un canto de sororidad por las víctimas de la violencia sexual en Colombia.

Andrea juntó su talento más reconocido –el de cantautora, que la ha hecho famosa en todo el mundo con Aterciopelados– con su otra pasión –las artes plásticas– con el fin de armar lo que la presentación de la muestra describe como “una acción de resistencia” en la cual “la delicadeza de la cerámica se une a tres poderosas canciones –Ovarios, No se viola y Plañidera–, para transformarse en rostros, cuerpos, tetas, vaginas, consignas, lágrimas, espejos, música, videos y denuncia”.

«Se necesita un contrapeso a esa cultura hipersexualizada, superficial y tonta que nos está penetrando todo el tiempo».

La idea, cuenta, fue un regalo de dos mujeres víctimas del conflicto que ayudaron a Doris Salcedo a construir el monumento Fragmentos con las armas de las Farc. En una charla con ellas en Cartagena, le pidieron que escribiera una canción que gritara contra violencia sexual.

“A mí me quedó sonando eso y empecé a trabajar en las letras desde un lugar de privilegio, porque uno es artista, vive bien y no lo han violentado, aunque todas las chicas siempre tenemos historias de esas, así sean chiquitas, porque no falta el man del bus que quiera restregarle a uno todo”.

Estrenó luego dos canciones que hizo sobre el tema ante un auditorio de mujeres, también en Cartagena, y la acogida la convenció del proyecto. Entonces empezó a buscarle tanto patrocinio a la idea como ‘ropaje’ a la música en el estudio, y a armar piezas en cerámica que la acompañaran. La pandemia le dio mucho tiempo para pensarlas y hacerlas.

Faltaba encontrar el lugar para mostrar lo hecho y, después de buscar con sus viejos contactos, apareció María Belén Sáez de Ibarra, quien le ofreció el claustro que hace parte de los espacios artísticos de la Universidad Nacional.

Andrea dice que nunca había hecho piezas tan grandes como estos rostros llorando.

LLANTO Y ESPEJOS

La conversación siguió con un recorrido por las dos salas que contienen la exposición con las canciones como sonido de fondo.

Andrea se especializó en la Universidad de los Andes en cerámica y esa ha sido su línea en las exposiciones que ha hecho. En esta tiene dos tipos de piezas: rostros llorando y espejos. “Las mujeres lloramos para descargarnos y siempre pensé que debía haber lágrimas. De hecho, Plañidera dice: ‘Y si no quiero que bailemos, si lo que busco es que todos chillemos’. Y eso va un poco en contra de la imagen de Colombia como paraíso tropical donde todos bailamos y estamos felices. No, aquí lo que toca es chillar y sentir todas las cosas horribles que pasan”.

Los espejos tienen todos forma de vulva. “La idea es que quien esté al frente se vea como naciendo, para entablar esa relación con las madres, que somos todas las mujeres. Mi planteamiento es que un violador no puede violentar el mismo lugar por el que llegó al mundo, como decimos también Plañidera”. La canción y su video los creó con sus compañeros de Aterciopelados y con las gemelas Juanita y Valentina Áñez.

«Esto tiene una cuota de pedagogía de una manera bonita, no oscura. Habrá valido la pena si a sumercé le va entrando el mensaje y los casos disminuyen».

Cada uno de los espejos tienen el nombre de una víctima real. Unos son muy conocidos: Rosa Elvira, Jineth, Yuliana, la manifestante, la patrullera, la niña emberá… Otros, no tanto y posiblemente aún no hay justicia para ellos.

“Esto tiene una cuota de pedagogía de una manera bonita, no oscura. Habrá valido la pena si a sumercé le va entrando el mensaje y los casos disminuyen”.

La exposición estará abierta en el Claustro de San Agustín hasta finales de mayo.

NI BOTÍN NI FUSIL

En la segunda sala del primer piso del claustro están los videos. En la pantalla se oye: “Nunca más ultrajada ninguna mujer/ Sus vulvas intactas, dueñas de su placer / Nunca más a la fuerza, obligadas a nada / Solo por mutuo placer, ser penetradas”. Es la letra de Ovarios, canción que grabó en compañía de la mexicana Vivir Quintana, figura del feminismo en su país.

Con Isabel Ramírez, “la Muchacha”, hizo el tema No se viola –que dice: “Mi cuerpo no es un botín, tu miembro no es un fusil”– y trabajó una vajilla, que tiene los trazos de la joven cantante manizaleña.

“Yo creo que lo que grita una canción como No se viola hay que decirlo muchas veces, porque todo en el mundo actual parece decir lo contrario. Estamos todos ‘empelotos’, como si el sexo fuera fácil y no tuviera consecuencias. Se necesita un contrapeso a esa cultura hipersexualizada, superficial y tonta que nos está penetrando todo el tiempo”. 

“Hay que hacer revisiones en todas partes. El que tiene el poder no puede abusar más del otro o de la otra y, alrededor del macho, la sociedad tiene que construir algo que lo haga sentirse una porquería”, manifiesta subiendo el tono.

“Yo quiero que la gente venga, vea las piezas y los videos, oiga las canciones y siga pensando en eso. No es solo la violación sino ese esquema de relaciones que está planteado, el del man que le mira o le toca el trasero a la chica y le dice cualquier cosa horrible. ¡Eso es un atropello!  Así no puede seguir en la sociedad. Tenemos que respetarnos. ¿O acaso a un hombre le gustaría que le estuvieran cogiendo así como así el pipí?”.

La charla termina con las fotos de rigor y un “muchas gracias, sumercé”, antes de que Andrea vuelva al patio a buscar ramitas para sus “cantantes”.

Úteros, tetas, mujeres llorando acompañan los videos.

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