Foto: Carlos Rosas – Mauricio Alvarado Lozada

Por: MARÍA ANGÉLICA PUMAREJO
Escritora – crítica literaria

Nadie tenía una risa más sincera cuando se trataba de reírse de sí mismo, en ese juego se reía del mundo a la vez que lo contemplaba, que lo leía, porque si algún título le cabe es el de lector, del que estaba más orgulloso. Leía, decimos, deberíamos decir: devoraba libros, se los tragaba de manera impenitente. Mientras sus dedos pasaban las páginas escribía sobre una serie de asuntos que le importaban, que le atraían, asuntos de primera línea para la literatura colombiana, su poesía, ensayos, miles de colaboraciones en medios nacionales e internacionales. Constancia de esto son sus cincuenta y dos títulos, donde de manera exquisita dio cuenta de esas lecturas, de las ideas atiborradas en su cabeza, de su creación.

“Cobo Borda fue para la cultura colombiana un personaje indispensable, su conocimiento de la misma, al lado de una gran generosidad”

Juan Gustavo Cobo Borda fue para la cultura colombiana un personaje indispensable, su conocimiento de la misma, al lado de una gran generosidad, lo hicieron el editor más notable que ha tenido este país. Desde la dirección de la revista ECO hizo un trabajo mayor para ofrecerle a los lectores un mundo ancho, lleno de pensamiento y de obra. Estuvo al frente de la Biblioteca Básica Colombiana donde publicó a Jorge Gaitán Durán, Baldomero Sanín Cano, Hernando Téllez, Aurelio Arturo, Eduardo Cote Lamus, para mencionar algunos. También, fue el editor del maravilloso proyecto de la Biblioteca Familiar Colombiana, que expone en cuarenta títulos un panorama de la cultura nacional con ejemplares de ficción y poesía, como La Mansión de Araucaíma de Álvaro Mutis, pero también de historia y antropología, como el de Gerardo Reichel-Dolmatoff con Arqueología de Colombia. No ha vuelto a ver el país una empresa semejante.

De otro lado fue un nombre reiterado, a través de sus reseñas, en la mayoría de los casos, en el Boletín Cultural y Bibliográfico de la biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. Ahí, como en todos sus textos, trasmitió el entusiasmo por autores, pintores, antropólogos, historiadores. Su Historia sobre la poesía colombiana, editada por Villegas Editores, es también otro sustento de su dedicación a las letras nacionales.

Foto: Ministerio de Cultura

Su libro sobre Borges, titulado Borges enamorado es una pieza exquisita. En él, hay diecisiete ensayos sobre el autor argentino que empezó a escribir en 1971. Ensayos que no interrumpen el sentido ni el asombro sobre la obra por dar sustentos teóricos y académicos, ya sabemos que Cobo era sobre todo un contemplador y soltaba su pluma desde esa contemplación, fluida, lúcida y apasionada. Allí también da cuenta de textos de Borges aparecidos en revistas o en momentos dispares, a propósito de presentaciones o prólogos que hiciera el autor. Rescata en el libro una nota de Danilo Cruz Vélez publicada en 1939, señalándola como la primera incursión que se hiciera en Colombia sobre Borges. El libro es una síntesis de eso que era Cobo: un lector enamorado que exploraba los recónditos de su amor adjuntándole sus propias y olvidadas apariciones para hacerlo más completo, incluso a su propia memoria.

También dejó sendos libros sobre pintura, su notable compañera. Gómez Jaramillo, Obregón, Manzur, su libro titulado Mis pintores acusan su mirada delicada, nutrida y generosa sobre la pintura colombiana en la que entiende la forma y el sentido del país, la violencia, la cultura, los paisajes rurales, el color de María Paz Jaramillo como la fuerza de la mujer en el seno de la vida social. Son textos agudos en su interpretación que quedarán en la memoria del arte en un país de escasa y sostenida crítica en esta materia.

Asesor cultural, diplomático, embajador, desde cada uno de esos cargos y momentos dejó constancia de su oficio de lector, de editor. El país está en su poesía, en ella sabemos de la manera cómo se le venía esta Colombia a aparecer en los versos. Pero lo mejor era él, conversar y comer con Cobo era toda una experiencia; una conversación colada por carcajadas que lo dejaban colorado y animada por varias entradas, tazas de té y dulces, torta de vino y mil páginas. Es imborrable en el corazón y en las letras.

Colombia es una tierra de leones

País mal hecho
cuya única tradición
son los errores.

Quedan anécdotas;
chistes de café,
caspa y babas.
Hombres que van al cine,
solos.

Mugre y parsimonia.

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