Por: Diego Fernando Mejía

Periodista y analista de la F-1 para el canal ESPN en Latinoamérica y España.

La Fórmula 1 vive en la actualidad un momento de auge sin precedentes en su historia. Su crecimiento en popularidad, atribuido al éxito de la serie de Netflix Drive To Survive, que se estrenó en 2019, tiene en realidad su origen antes de ello y ha nacido desde que Liberty Media, una compañía de medios estadounidense, adquirió la Fórmula 1 e inició su transformación. Su explosión digital inició su posicionamiento con nuevas audiencias, tras ser por muchos años un deporte de nicho con algo de difusión en medios generalistas, y un mayor seguimiento en sus mercados tradicionales europeos y donde han tenido representación con pilotos de éxito desde que empezó el Campeonato del Mundo en 1950.

La era de Bernie Ecclestone, quien llevó la Fórmula 1 a la televisión en directo y fue responsable de su gran crecimiento mediático y comercial desde finales de los años setenta, llegó a mover por el mundo un negocio de más de dos billones de dólares, pero que en muchos aspectos se quedaba corto a otros con un seguimiento global. Pero ahora la Fórmula 1 es una corporación, ha crecido horizontal y verticalmente como empresa y se ha organizado para conseguir explotar a todo nivel el gran potencial que por décadas ha tenido.

Ferrari es uno de los símbolos de la F-1

El crecimiento

Varios deportes han visto un eufórico despertar a la pesadilla de la pandemia, pero esto ha sido especialmente evidente en la Fórmula 1, y a nivel territorial, nuestro continente ha visto un crecimiento impresionante.

Otros factores han influido, entre ellos el gran interés de Liberty Media de posicionarla en los Estados Unidos, el éxito de Sergio “Checo” Pérez, en la actualidad, único representante latinoamericano en la parrilla, y su llegada al que es hoy el equipo campeón del mundo, con lo cual se ha convertido en protagonista de primer orden.

Pérez pasó de ser un deportista reconocido a tener en poco tiempo la popularidad de las grandes estrellas del deporte de su país, esto tras haber estado casi una década en la máxima categoría del automovilismo. Después de ir a la carrera en el Autódromo de los Hermanos Rodríguez desde su regreso al calendario en 2015, he podido ver en persona la transformación, esto en un país cercano, que tiene cosas en común con Colombia, aunque economías de tamaños muy diferentes y con mucha más historia que nosotros en la máxima categoría del automovilismo.

Pese a este fenómeno, la renovación del acuerdo para que la carrera se siga corriendo en los próximos años, ha requerido un cambio en el modelo de negocio, pues el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, no ha estado alineado con el de su antecesor Enrique Peña Nieto en cuanto al aporte económico que el país debía hacer para garantizar el futuro de la carrera.

Esto ha requerido de la llegada de una mayor inversión privada al evento, lo que ha hecho posible la renovación de su fecha en el calendario de la Fórmula 1 hasta 2025, una temporada más allá de lo que “Checo” Pérez tiene firmado con su equipo Red Bull. La carrera ya no se conoce como el Gran Premio de México, sino de la Ciudad de México, con un rol del gobierno local como facilitador en la realización de la carrera.

Max Verstappen, actual campeón mundial

En Colombia

Todo este contexto es necesario para entender cómo podría ser posible que la Fórmula 1 llegue a Colombia sin tener un piloto en la parrilla, o un escenario como el Autódromo de los Hermanos Rodríguez. CIE (Corporación Interamericana de Entretenimiento), empresa líder de entretenimiento en Latinoamérica, ha tenido a cargo la organización del Gran Premio en México desde 2015, una fiesta que ha sido galardonada por cinco años consecutivos como el mejor evento de la Fórmula 1 por la propia categoría.

Como parte de la comitiva que visitó Barranquilla el lunes siguiente a la carrera de México, liderada por el CEO de la Fórmula 1 Stefano Domenicali, estaba Federico González Compeán, cabeza de la organización del GP de la Ciudad de México. También estaba Luis García Abad, quien ha sido el mánager del bicampeón del mundo de Fórmula 1 Fernando Alonso. García Abad ha sido instrumental en todo el recorrido del proyecto del GP del Caribe desde que se puso en el escritorio de Domenicali por primera vez.

La presencia de estas y otras personas en Barranquilla ha demostrado la seriedad de la iniciativa, así como el interés genuino de la Fórmula 1, aunque los retos que enfrenta la organización no son menores, que van mucho más allá de lo logístico.

Hay otros países con la intención de sumarse al calendario o de aumentar su presencia actual, pero la temporada no se puede expandir mucho más allá de las 24 pruebas que están planeadas para 2023. Esto significa que, incluso si la Fórmula 1 viera conveniente tener más presencia en el continente, hay de por medio una negociación en la que habrá que pactar un precio y un plazo suficientes para asegurar el lugar en el calendario.

Las carreras que más recientemente se han sumado, fuera de aquellas que está organizando la propia Fórmula 1 como el Gran Premio de Las Vegas de 2023, han firmado acuerdos millonarios por varias temporadas, que requieren un canon anual que en algunos casos llega a más de 50 millones de dólares, pero que en otros pueden estar alrededor de la mitad de esa cifra.

Después de seguir la Fórmula 1 como periodista durante más de dos décadas, de haber acompañado las cinco temporadas y media de Juan Pablo Montoya en cada circuito, y de seguir haciendo parte de la cobertura para Latinoamérica y España, admito que nunca pensé que estaría hablando siquiera de una posibilidad para Colombia de tener una carrera de Fórmula 1.

Aún le quedan muchas vueltas, retos y rivales que superar a este proyecto para llegar a la meta, pero como me lo dijo alguien que conoce el proyecto y que tiene experiencia organizando carreras de Fórmula 1, el Gran Premio del Caribe “tiene pies y cabeza”.

350 mil aficionados es el promedio de asistencia a un gran premio de F-1 durante un fin de semana

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