La pandemia está impactando fuertemente la salud mental de la población. La adecuada comunicación con el enfermo es definitiva para la recuperación. El libro de Juan Carlos Rincón, ilustrado por “la Ché”, nos guía sobre cómo hacerlo para no fallar en el intento.

Las relación entre la pandemia y la salud mental es clara: según la encuesta Pulso social del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en febrero de 2021 casi la mitad de las personas encuestadas reportó sentir niveles particularmente altos de preocupación o nerviosismo a raíz de la situación de emergencia sanitaria derivada de la covid-19 y, según el Ministerio de Salud y Protección Social, durante este período se ha observado un aumento del 30 % en las consultas a las líneas territoriales de asistencia psicológica, particularmente por síntomas de depresión y ansiedad.

De acuerdo con la Clínica Mayo, “la depresión es un trastorno emocional que causa un sentimiento de tristeza constante y una pérdida de interés en realizar diferentes actividades. También denominado trastorno depresivo mayor o depresión clínica, afecta los sentimientos, los pensamientos y el comportamiento de una persona, y puede causar una variedad de problemas físicos y emocionales. Es posible que la persona tenga dificultades para llevar a cabo sus actividades cotidianas y que sienta que no vale la pena vivir”. El tratamiento requiere psicoterapia o medicamentos, o los dos.

Sin embargo, mucha gente cree que quien padece una depresión tiene un trastorno de personalidad o falta de motivación por la vida y que el problema se soluciona con sonreír y ponerle buena cara al día a día. Esto es un error. La depresión es una enfermedad, existe, es real, pero como hay un gran desconocimiento sobre ella y sobre las enfermedades mentales recae un fuerte estigma, la gente no habla del tema y muchas de las personas que las experimentan las viven en silencio para evitar ser rechazadas por la sociedad.

Esa desinformación lleva a que los familiares y amigos de alguien que sufre depresión no sepan cómo tratar el tema con la persona y terminen causando, sin querer, más daño y sufrimiento. Esto es grave porque entonces el enfermo se siente juzgado, culpable e incomprendido y eso puede llevarlo a encerrarse más en sí mismo, a no hablar con los demás y a no buscar ayuda profesional.

Las palabras son muy importantes

Juan Carlos Rincón Escalante, editor de Opinión del diario El Espectador, vivió en carne propia los efectos de cada una de esas frases que pronuncian otros y que, sin intención, causan culpa y dolor en quien padece una depresión, por eso decidió escribir un libro para que quienes tienen a su lado un amigo o familiar con esta condición sepa qué no decir.

Juan Carlos pensó primero en hacer un cómic con su amiga e ilustradora Cecilia Ramos (la Ché), pero el proyecto se transformó en un libro ilustrado del cual son coautores y cuyo título es La depresión no existe. 

Cecilia no sabía qué era la depresión y ahora confiesa que ella misma le dijo a su amigo, antes de aprender sobre el tema, frases como las que el libro menciona. Después de hablar con muchas personas y de reunir varias ideas, Juan Carlos y Cecilia definieron las frases más inapropiadas para alguien con depresión con el fin de explicar por qué son tan perjudiciales. Cada una está ilustrada. 

Estas son algunas de esas expresiones que se deben evitar a toda costa:

  • No estés triste.
  • Pero si te ves tan bien.
  • ¿Por qué estás así si lo tienes todo en la vida?
  • Hay gente mucho peor de lo que tú estás.
  • La depresión no existe, es una moda, todo está en tu cabeza.
  • La vida es bella: aprende a disfrutar los placeres del día a día.
  • Tu problema es tu actitud: sonríe, deja la pereza, piensa positivo, deja de preocuparte tanto.
  • Lo que a ti te hace falta es sexo, tener amigos, salir más, hacer ejercicio, viajar, etc. 
  • Eso son las pastillas, no deberías tomar esas cosas.
  • No se te ocurra buscar un “loquero”. Esos son para los débiles.

Todas estas frases tienen en común que creen que el problema de la persona se soluciona con darle ánimo y con mirar la vida diferente, y dicen tácitamente que quien está deprimido está así porque quiere, porque es culpable y les está haciendo daño a todos los demás con su actitud.

Juan Carlos explica que muchas veces ni siquiera quien está deprimido puede ponerle palabras a lo que siente porque no lo tiene claro, porque no sabe qué le pasa y si, además de eso lo juzgan por sentir lo que siente, pues más difícil va a ser para esta persona buscar ayuda médica.

¿Qué decir?

Los autores del libro explican que la mejor herramienta para ayudar a quien padece una depresión es la empatía, ponerse en los zapatos del otro. De esta manera podrá entender la situación y mejorar la comunicación. Por ello son más acertadas palabras como: “¿Quieres contarme lo que sientes?”; “no puedo decir que sé lo que sientes, pero veo tu sufrimiento y te acompaño”; “está bien si no puedes hablar, podemos estar en silencio”; “se vale sentirse así, no es tu culpa”; “eres una persona valiosa, así tu mente te diga lo contrario”; “aquí estoy, no estás solo”.

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