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Los países europeos entrarán en otoño en los próximos días. Los vientos que soplan no son los de mejor augurio para afrontar una temporada con fríos extremos, como ocurrió en verano, donde los incendios forestales se extendieron como pólvora por Francia, España, Reino Unido y Alemania, como consecuencia de las altísimas temperaturas.

Europa no quiere quedarse congelada en uno de los inviernos que más preocupación ha despertado entre los mandatarios de los diferentes países.  La razón: escasez de gas como consecuencia de la invasión de Rusia a Ucrania.

El Viejo Continente importa de Rusia el 40% del gas natural, una alta dependencia que tiene a los gobiernos con los nervios crispados por la confrontación bélica que se vive hoy en Ucrania. Las sanciones económicas que se han impuesto a nivel global, propiciadas también por Estados Unidos, contra Vladimir Putin no han sido suficientes para que el jefe del gobierno ruso baje la presión sobre el pueblo ucraniano.

Para Europa, el gas es el talón de Aquiles en esta guerra incomprensible. La ha hecho vulnerable frente a Putin: ya que la dependencia de las reservas de gas provenientes de Rusia es muy marcada. Si Rusia cierra los grifos de sus gasoductos, países como Alemania, España, estarían en serios aprietos para atender la demanda de millones de hogares que tendrían que padecer la intensa ola invernal, que con el calentamiento global es cada vez más extrema. La economía se resentiría aún más después de los efectos causados por la pandemia.

Los expertos señalan que, de ocurrir el cierre de los gasoductos provenientes de Rusia, Europa podría aguantar un máximo de tres meses. Pero también señalan, que para Putin los ingresos provenientes de su venta, es clave para el sostenimiento de un país con una economía cada vez más golpeada por las fuertes sanciones a nivel mundial y el excesivo costo de una guerra que ya cumplió seis meses y que no se le ve un fin a corto plazo.

Para enfrentar el invierno, los principales países europeos decidieron durante esta época de verano, ahorrar el mayor porcentaje de energía y así evitar el colapso del desarrollo económico y social. Alemania, por ejemplo, decidió apagar las fuentes de agua en las principales ciudades y racionar la energía del alumbrado público. Los gobiernos pactaron un acuerdo de lograr hacer un ahorro de gas del 15% durante el verano y el otoño que les permita tener reservas para el largo invierno que les espera. Con ello se pretende que los tanques de reserva logren llegar al 90% de su capacidad, cuando el termómetro comience a descender, especialmente para fin de año.

En España el Gobierno remite a la crisis energética de los 70 para una campaña de ahorro de energía que tenía el lema: “Aunque tú puedas pagarlo, España no”.

“En el Viejo Continente se palpa un optimismo moderado. Países como Alemania tienen claro que, si Rusia cierra el grifo del gas, su economía va a sufrir una fuerte contracción”

Las medidas incluyen un Plan de Choque de Ahorro y Gestión Energética en Climatización para reducir el consumo de energía en edificios administrativos, recintos públicos y comercios y facilitar el cumplimiento de los compromisos europeos derivados del conflicto en Ucrania. La refrigeración de estos edificios no se podrá poner por debajo de los 27 grados centígrados ni la calefacción por encima de los 19. Las puertas de acceso a los locales tendrán cierres automáticos y las luces de los escaparates se apagarán a las 10 de la noche.

No ha sido fácil que todos los países se acojan a la regla. En España la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, señaló que “Madrid no se apaga». La presidenta madrileña afirmó que no aplicará el plan diseñado por el Gobierno porque «genera inseguridad y espanta el turismo y el consumo». Además de «provocar oscuridad, pobreza y tristeza».

No obstante, los mandatarios de Finlandia, Italia, Grecia, Alemania, Francia, quieren que Europa llegue con reservas de gas entre 35.000 a 45.000 metros cúbicos.

Los países europeos no quieren repetir la experiencia de 1973 ocasionada por el petróleo que generó recesión, pérdidas enormes de empleos y medidas que poco o nada funcionaron como aquella de reducir la velocidad de los automóviles en Estados Unidos, mientras el Reino Unido ordenó apagar en las noches toda la iluminación del sector comercial, mientras en otros países se cambió el horario de trabajo para evitar el consumo de energía en las empresas y oficinas.

En el Viejo Continente se palpa un optimismo moderado. Países como Alemania tienen claro que, si Rusia cierra el grifo del gas, su economía va a sufrir una fuerte contracción. Cada vez son más las bombillas y servicios de energía que se apagan para tener el mayor ahorro posible frente al imprescindible Vladimir Putin.

Francia no ha sido ajena a esta situación. El gobierno de Macron ha venido trabajando en una serie de medidas a mediano y largo plazo. Por ahora, el comercio está cerrando más temprano que de costumbre y sus vitrinas con avisos luminosos se apagan desde el momento en que los empleados se dirigen a casa.

Italia, Croacia, Dinamarca, Polonia y los Países Bálticos también han desplegado medidas de ahorro energético para apagar las luces en verano y no pasar frío en invierno, cuando las temperaturas lleguen a grados bajo cero.

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