El presidente Biden salió fortalecido. Donald Trump señalado de gran perdedor y el gobernador de la Florida, Ron DeSantis como la nueva estrella republicana 

Por: JORGE LESMES M
Editor Revista Alternativa

Nevada ha sido uno de los estados donde la inflación, el costo de la gasolina y la subida en los arriendos, ha golpeado fuertemente los bolsillos de sus habitantes. Por ello, el Partido Republicano confiaba que la confluencia de esas preocupaciones económicas fuera suficiente para derrotar al Partido Demócrata y lograr tener mayorías en el Senado de los Estados Unidos.

Todas las condiciones estaban dadas para lo que los expertos en política norteamericanos llamaron la tormenta perfecta e incluso posteriormente la bautizaron la “ola roja”. Al frente tenían un presidente maltrecho con los primeros síntomas de una recesión económica, que se acentuará posiblemente en el primer semestre del 2023

Pero no solo era ganar en un estado clave electoralmente sino tenían previsto que una ola roja (así se identifica el color de los republicanos), aplastara al partido de gobierno y de paso al presidente Biden, maltrecho en todas las encuestas de opinión y con un futuro incierto de frente a la reelección, sino de paso abrirle la puerta al expresidente Donald Trump y buscar de nuevo su llegada a la Casa Blanca, después de las accidentadas elecciones presidenciales, donde desconoció los resultados y hoy enfrenta sendas investigaciones por posible incitación de desórdenes de sus copartidarios que se tomaron a fuego y sangre el Congreso, símbolo de la democracia estadounidense.

Lentamente se han conocido los resultados de unas elecciones, cuyo sistema de conteo es paquidérmico, confuso y muy complejo de entender. El resultado final demora días e incluso semanas para determinar la composición tanto del Senado como de la Cámara y poder establecer con exactitud cuál de los dos partidos- Republicano o Demócrata- asumen el control o si, por el contrario, será repartido. En un país que políticamente enfrenta uno de los periodos más polarizados de su historia y con un protagonista mayor como lo ha sido Donald Trump desde que irrumpió en la escena política y contra todo pronóstico se convirtió en presidente de la todopoderosa nación estadounidense (2017-2021).

Por lo pronto, el pronosticado tsunami rojo no ocurrió. Nevada se inclinó por la senadora hispana Catherine Cortez Masto, lo que le permitió al Partido Demócrata asumir el control de esa cámara, con 50 escaños, sin importar el resultado que se tenga en la segunda vuelta el próximo 6 de diciembre en el estado de Georgia, donde se disputa un último cupo para el Senado. La razón, en caso de que gane el candidato republicano, los demócratas cuentan con el voto extra que tiene la vicepresidenta Kamala Harris en caso de que se presente un empate en las votaciones claves de los programas de gobierno que impulsa el presidente Biden.

¿Qué pasó?

Todas las condiciones estaban dadas para lo que los expertos en política norteamericanos llamaron la tormenta perfecta e incluso posteriormente la bautizaron la “ola roja”. Al frente tenían un presidente maltrecho con los primeros síntomas de una recesión económica, que se acentuará posiblemente en el primer semestre del 2023; una inflación galopante que ha tratado de frenar con las fuertes medidas tomadas por la Reserva Federal, que ha elevado los tasas de interés como en los tiempos más difíciles después de la Primera y Segunda Guerra Mundial; con unos resultados no muy buenos en el tema de vacunación contra la pandemia del covid-19, cada vez es menor el número de ciudadanos que han recibido los refuerzos; y, con una política externa considerada “blandengue” por los republicanos especialmente frente a la invasión de Rusia a Ucrania, que ha generado una fuerte recesión económica a nivel global.

Mientras en el lado republicano, tenían una base muy cautiva de votantes manejada por Donald Trump, vociferante como nadie en este tiempo electoral, moviendo los hilos del poder blanco estadounidense que lo llevó en el 2017 a la Casa Blanca. Trump repartió bendiciones a candidatos para Senado, Cámara y gobernaciones en los estados clave y donde sabía que podía hacerle mucho daño políticamente a los demócratas.

Uno de los temas que más pesó en las urnas fue el de los grupos que reclaman el derecho al aborto

Pero no fue posible materializar las predicciones de una aplastante victoria republicana. Los primeros análisis apuntan de este desastre político al propio expresidente Donald Trump. La razón: el haber desconocido los resultados que dieron como ganador a Biden. El negacionismo le está pasando factura. En las encuestas de pie de urna que se realizaron en diferentes estados, el 28% de los votantes republicanos señaló que su voto en la Cámara era para oponerse a Trump. Tan solo el 37% tenía una opinión favorable hacia el expresidente.

Pero no solo fueron los temas políticos que han incidido en el resultado en contra del Partido Republicano. Otro de los temas que ha jugado un papel determinante en estas elecciones ha sido el del aborto. La decisión de la Corte Suprema en el caso Dobbs versus Jackson Womnes Health Organization, que anuló de un tajo un precedente de 50 años que los estadounidenses daban por sentado, abrió una puerta a los demócratas que se posesionaron en favor del derecho al aborto. A ello se sumaron las campañas publicitarias millonarias de grupos liberales donde señalaban las posiciones extremas sobre este tema por parte de la derecha radical republicana para lograr la victoria en las elecciones primarias.

Los analistas señalan que el manejo que le dieron los demócratas al tema de la inflación también terminó por dar réditos. El propio Biden señaló reiteradamente que la inflación era el “aumento de los precios de Putin”, a tiempo que el partido buscaba salidas especialmente para contener el alza en los precios de la gasolina, los alimentos y los medicamentos.

Biden sale recargado de estas elecciones primarias y más si se atiende a los resultados de sus antecesores. Aspira a un segundo periodo, pero dentro de las filas del partido hay preocupación por sus constantes despistes, su edad tan avanzada y sus partidarios esperan encontrar nuevos rostros para las elecciones presidenciales del final de 2024.

El hoy presidente tiene como argumento que en la mitad de su primer mandato no ha recibido una paliza como sus antecesores: Truman perdió 55 escaños en la Cámara en las elecciones de mitad de su mandato; Clinton, 53; Obama, 63; La razón: que el país está cada vez más polarizado y cada vez hay menos votantes indecisos.

La inflación y el alto costo de la gasolina fueron los principales temas de campaña de los republicanos 

La nueva figura

Por el lado republicano, donde ya se habla del desastre electoral, se abre una puerta muy interesante de cara a las próximas elecciones presidenciales y que será el mayor contrapeso político frente al anuncio de Donald Trump que será candidato para el 2024. Será su tercera campaña para el cargo. Pero una buena parte de los líderes republicanos consideran este anuncio como un lastre político y más aún con los resultados electorales.

DeSantis ha transformado la Florida. Lo logró convertir en un bastión republicano, en buena parte a su gestión mucho más liberal en el manejo de temas tan complejos como la pandemia. Igualmente, en la forma como ha sorteado temas tan espinosos como el cambio climático, el manejo de los impuestos y los temas de género

Por ello, los republicanos tienen cifradas sus esperanzas en otro candidato. Se trata de Ron DeSantis, el reelegido gobernador de la Florida, donde logró una victoria aplastante. Más conocido en los pasillos de la política como Trump 2.0, apodo que se ha ganado por sus posiciones radicales y de haber desafiado las recomendaciones de los médicos en el manejo de la pandemia del covid-19, en especial al doctor Fauci a quien calificó de “un pequeño duende”.

A sus 44 años, es considerado la nueva revelación del Partido Republicano. El único gobernador que logró hacer realidad la “ola roja” durante estas elecciones primarias. Pero la pregunta que se hacen los expertos en política es si DeSantis viajará hacia las elecciones del 2024 sin la maleta de Trump y logrará tener una mayor disciplina de partido y no el desprecio que ha mostrado Trump desde que decidió lanzarse a la vida política.

Cada vez son más los donantes republicanos y el establishment que quieren compartir con la joven figura del gobernador de la Florida, porque lo comienzan a ver como el político de derecha de más alto vuelo dentro del partido. Su futuro para el 2024 dependerá en buena medida una vez que los republicanos hagan sus retiros para determinar las causas y consecuencias de estas elecciones primarias de las cuales han salido maltrechos, pero con la firme convicción que la Casa Blanca los espera.

DeSantis ha transformado la Florida. Lo logró convertir en un bastión republicano, en buena parte a su gestión mucho más liberal en el manejo de temas tan complejos como la pandemia. Igualmente, en la forma como ha sorteado temas tan espinosos como el cambio climático, el manejo de los impuestos y los temas de género. Tiene un gran enemigo: el propio Donald Trump que lo tiene como referente de sus ataques y más ahora que anunció en la propia Florida su candidatura para el 2024. Dentro del partido, hay voces que señalan que el exitoso gobernador solo lo conocen en la Florida y muy poco en otros estados. Por lo pronto, la tarea que tienen los republicanos es saber las razones por las cuales el tsunami no ocurrió. Lograron la mayoría en la Cámara, pero no fue una victoria abrumadora como lo soñaban.

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