Después de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump denunció fraude electoral, sin prueba alguna, Biden es el presidente número 46 de los estadounidenses a quien le esperan grandes retos por delante: crisis económica, profundas divisiones sociales por el racismo y el tema migratorio. En Latinoamérica afronta el gobierno dictatorial de Maduro, la corrupción y erradicación de cultivos ilícitos

Joseph Robinette Biden (77 años), que milita en el Partido Demócrata, es el nuevo inquilino de la Casa Blanca, después de dos intentos fallidos —1988 y 2007—. Este veterano político, tiene la difícil tarea de unificar el país, que afronta una de las épocas más duras por los efectos de la pandemia del coronavirus. Más de 150 mil casos diarios reportan los organismos de salud en Estados Unidos que han dejado más de 265.000 muertos. 

Biden nació en Scranton, Pensilvania, en el seno de una familia que pregona el credo de la religión católica irlandesa. En 1972 entró al Senado como uno de sus miembros más jóvenes. Para ese entonces tenía 30 años. Paradójicamente, llega a la Casa Blanca como el presidente de mayor edad de la historia política estadounidense. 

Estuvo 30 años como congresista y posteriormente se convirtió en la fórmula vicepresidencial de Barack Obama y ocupó el cargo durante ocho años. Su campaña política estuvo marcada por un tono conciliador porque le preocupa cómo las divisiones internas en el país se han ampliado y cada vez las heridas son más profundas. 

La crisis económica, la pandemia, los problemas originados por el racismo y violencia, serán los temas en primera línea que tendrá que enfrentar el nuevo mandatario de los estadounidenses.

En cuanto a la pandemia, durante su campaña señaló que el uso de tapabocas será obligatorio, las pruebas del Covid-19 serán amplias y gratuitas y la eliminación de cualquier costo para el cuidado preventivo. Más de doce millones de personas se han contagiado del virus en los Estados Unidos. Desde los primeros días de su elección como nuevo mandatario, Biden ha mostrado su preocupación por la situación y ordenó a su equipo de asesores médicos comenzar a preparar los planes de contingencia para ponerlos en marcha una vez tome posesión de su cargo el 20 de enero.

Mientras tanto, diciembre será un mes esperanzador para saber la suerte de las vacunas. Tres de ellas están en fase final y a la espera de la aprobación de la FDA, para iniciar los procesos de vacunación masiva. Los expertos señalan que si bien la vacuna va por buen camino, todavía falta recorrer un trecho para iniciar el proceso de inoculación que puede ser solo a partir del segundo trimestre del próximo año. 

Pero la pandemia no es solo uno de los temas prioritarios de Biden. El tema del racismo es otra de las graves y delicadas situaciones que hoy vive el país. Su vicepresidenta Kamala Harris, que simboliza la lucha contra el racismo, será clave para buscar un paso de reconciliación en una sociedad cada vez más polarizada. 

Latinoamérica

El presidente electo de Estados Unidos, es un hombre que no ha sido ajeno a las problemáticas sociales de América Latina. En la última década dedicó buena parte de su tiempo a la situación de violencia y pobreza que tantos estallidos sociales provocaron en el continente, especialmente en Centroamérica. 

En sus escritos siempre se refirió a que era un problema complejo, pero que Estados Unidos podía resolver. Y ahora, mucho más como nuevo presidente. “De todos los lugares de crisis en el mundo, llegué a creer que Centroamérica tenía la mejor oportunidad”, escribió en sus memorias Promise Me, Dad.

Su trabajo no se limitó a analizarlos en largos estudios. Viajó por la región cientos de miles de kilómetros, y el resultado de ello fue lograr que el Congreso en Washington aprobara una serie de paquetes económicos para contrarrestar la pobreza en la región. 

Esas experiencias, sirvieron para que con su equipo asesor de política exterior diseñará una serie de programas que en su campaña anunció que llevará a cabo y de paso resucitar las iniciativas que en su momento impulsó Barack Obama y que posteriormente sepultó Donald Trump. 

La política exterior de mano dura de Trump se centró en frenar el flujo de inmigrantes y drogas, con duras medidas que incluso llegaron a amanerar a los gobiernos vecinos de imponer sanciones económicas. Una de las políticas más duras y controversiales fue la separación de los hijos de sus familias en la frontera. Más de 450 niños no han podido encontrar a sus padres a pesar de la ayuda de las autoridades centroamericanas. 

Biden anunció que enfrentará la situación de los inmigrantes con un programa más amplio y más humanizado. “No podemos seguir permitiendo que a Estados Unidos se le vea como un matón que impone sus políticas en los países más pequeños”. Para ello, ha propuesto un paquete económico de 4.000 millones de dólares para atender exclusivamente los problemas de migración en los países centroamericanos. 

Otra de las medidas que se espera con expectativa y que fue anunciada por el presidente Biden es la de abordar cuanto antes el compromiso de desacelerar el calentamiento global. Para el nuevo presidente estadounidense no hay marcha atrás y regiones como Brasil, que son clave para salvar la Amazonía, van a encontrar en Biden un aliado incondicional. 

La corrupción en Latinoamérica será otro de los temas en la nueva agenda de la Casa Blanca, en el pasado reciente provocó varias sacudidas políticas en la región y llevó a que las entidades de control tomarán drásticas medidas para cuidar los dineros públicos. 

Durante su campaña, Biden reiteró que tanto la democracia como el respeto a los derechos humanos, son fundamentales para la estabilidad de América Latina y ha sido categórico en afirmar que enfrentará a las dictaduras, como las que hoy gobiernan a Venezuela, las cuales ha condenado en reiteradas oportunidades. 

Sobre Colombia, el presidente Biden ha señalado que conoce el país, lo visitó en dos oportunidades, apoyó el Plan Colombia para combatir el tráfico de drogas y ha dicho que se “siente orgulloso de trabajar con Colombia, que es la piedra angular de su política para Latinoamérica e impulsará la iniciativa de construir una asociación estratégica de cara al siglo XXI que tenga implicaciones regionales y globales”. 

Son muchos los retos que le esperan a Biden. La polarización política en su país, la pandemia que no da tregua, los problemas de racismo y migración, son una alta carga de profundidad que requiere de un manejo con pulso firme.

“Su vicepresidenta Kamala Harris, que simboliza la lucha contra el racismo, será clave para buscar un paso de reconciliación en una sociedad cada vez más polarizada”.

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