Álvaro Leyva, un canciller con mucha experiencia en los temas de paz

Por: DIANA ANDREA GÓMEZ

Directora del Doctorado en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Colombia

Con la designación de Álvaro Leyva Durán como ministro de Relaciones Exteriores, el mensaje que envía el presidente electo Gustavo Petro tiene cuatro componentes claves. En primer término significa revalorar el pasado, la historia reciente, en otras palabras, recuperar la memoria. Los resultados que presentó en su informe final la Comisión de la Verdad son devastadores. Colombia, que pretendía salir de un estado de guerra solo equiparable a la realidad de un país como Ruanda, en los pasados cuatro años no solo no lo ha logrado, sino que la violencia se ha recrudecido.

Los documentos desclasificados publicados recientemente por el Archivo de Seguridad Nacional (NSA) en Estados Unidos dan cuenta de algunas de las principales causas estructurales de la violencia de los últimos años del siglo XX en Colombia. La misión de la nueva Cancillería colombiana en ese contexto tiene como objeto construir puentes y alianzas en pro de la paz y emitir un mensaje contundente: la guerra en Colombia fracasó. El viaje del entrante ministro Leyva a un país como lo es Alemania, y lo que representa para el mundo, es significativo en ese sentido. 

En segundo lugar, designar a un veterano en las lides políticas con una larga trayectoria en cargos públicos y como negociador de paz, pero procedente del Partido Conservador, significa construir en la diferencia y para la diferencia. Varias de las cartas constitucionales y directrices políticas de países que han partido de situaciones de guerra y pobreza como Corea del Sur tras la guerra de Corea, Singapur tras la separación de Malasia, o la Indonesia contemporánea, todas acontecidas a mediados del siglo pasado, tienen un único gran móvil: la unión por encima de las diferencias. 

El gobierno de Corea del Sur sabía que en medio de una economía de guerra solo equiparable a la de un país como Ghana, había que trabajar con la mira puesta en un gran factor diferenciador frente al pasado pero generador de equidad hacia el futuro: la educación. “Llegamos tarde a la Revolución Industrial pero seremos los primeros en la revolución tecnológica”, reiteraba el gobierno coreano. Y para eso el fomento al talento humano basado en contar con un propósito común por encima de las diferencias, ha sido el pilar de su política educativa. Conforme la acumulación de capital aumentó gracias al fomento de la educación, la investigación y la innovación, la ventaja comparativa pasó de las industrias de uso intensivo en mano de obra a las de uso intensivo en capital, las cuales comenzaron a dominar la producción industrial y las exportaciones. Las relaciones exteriores de Corea del Sur se erigen con base en dichas prioridades.

Singapur salió del “pozo negro de la miseria y la degradación”, como lo denominó Lee Kwan Yew, el artífice del Singapur actual, y lo convirtió en un moderno Estado industrializado impulsado por un modelo capitalista, aprovechando su formidable ubicación geoestratégica, y partiendo de la necesidad de imponer la meritocracia y la incorruptibilidad. A lo que sumó generar la convivencia entre culturas diversas: malayos, chinos, indios y extranjeros bajo la máxima de “Consenso, no conflicto”. Singapur, con un hábil manejo de una política exterior que coadyuvó en su desarrollo, fue la gran inspiración para la China actual que Deng Xiao Ping impulsó desde 1978.

“Una cancillería de paz implica comprender que la paz en Colombia debe superar dos flagelos de raigambre internacional”

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El esfuerzo del presidente Yoko Widodo para reducir la dependencia de Indonesia de las exportaciones de commodities condujo a una economía estructuralmente más fuerte, y mayormente dependiente del consumo interno, lo que generó un incremento sustantivo del empleo, gracias a un incremento en la calidad de la educación en general y con un fuerte énfasis en la consolidación de una educación para el trabajo. Su escudo nacional, el ave garuda, porta en sus extremidades el lema nacional “Bhinneka Tunggal Ika” que en idioma sánscrito significa “unidad en la diversidad”, dado que Indonesia alberga más de 300 grupos étnicos, 1.340 tribus, más de 700 idiomas y dialectos locales. La política exterior de Indonesia es una de las más abiertas del mundo con múltiples vínculos desarrollados tanto con India como China, Estados Unidos, Europa y Japón que no la encasillan en una orilla del espectro de la política internacional.

En tercer lugar, una cancillería de paz implica comprender que la paz en Colombia debe superar dos flagelos de raigambre internacional: la crisis climática y el narcotráfico. Esto pasa por establecer puentes de diálogo y negociación con gobiernos también afectados por estas problemáticas y desarrollar políticas integrales, no asimétricas, que pongan en el centro a la población afectada y los territorios. Respecto a la crisis climática, Europa y China representan un potencial socio en esa tarea, dados los resultados recientes de sus políticas verdes. 

Dos días después de ser elegido presidente, Gustavo Petro tuvo su primera conversación con el presidente de los Estados Unidos. Respecto al narcotráfico, las relaciones exteriores de Colombia con EE. UU. deben enfocarse a favor de una relación más integral, menos policiva y más constructiva, de menor sujeción y más diálogo horizontal. Otro factor que ha sido característico de Colombia ha sido la pobreza estructural originada en una nación marcada por la desigualdad e impactada por el narcotráfico y los cada vez más frecuentes desastres ocasionados por el clima. Para combatir la pobreza rural y urbana, sería constructivo aprender de las medidas tomadas por China para sacar de la pobreza a más de 700 millones de chinos.

Un cuarto factor está relacionado con la política exterior colombiana ha sido tradicionalmente de intercambio comercial primario, desconociendo el rol del intercambio económico, el diálogo político y el despliegue de la cultura como puente para establecer y afianzar vínculos de amistad e integración. En materia de diálogo político, diversificar la política exterior pasa por dialogar en medio de la diversidad ideológica presente en el espectro político. En ese sentido, América Latina y Asia son un excelente laboratorio. En cuanto a la cultura, las artes deben acompañar una política exterior que proclama la paz y la unión entre pueblos y al interior de ellos. Así, una Colombia con una política exterior como motor para el desarrollo interno, marcaría un giro trascendental de cara a nuestro futuro.

Con el ELN se buscarán caminos de paz a nivel internacional

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