Tras 27 años de matrimonio con el magnate Bill Gates, Melinda empezará a figurar sola en las listas de los millonarios. A sus 56 años, está hoy en el top tres de las mujeres más influyentes del mundo.

Bill y Melinda Gates están entre las personas más ricas y poderosas del planeta con una fortuna estimada en 130.000 millones de dólares. Él, fundador del gigante Microsoft, y ella, empresaria, filántropa y escritora. Desde que se conocieron a finales de los años 80, cuando Melinda ingresó a la compañía como gerente de producto, empezaron una relación que más tarde se convirtió en matrimonio y, desde entonces, han consolidado a Microsoft como una de las compañías ícono de la industria tecnológica y mundial. Al mismo tiempo, se han dedicado a apoyar diversas causas sociales a nivel global por medio de la fundación bautizada con sus nombres.

Su vida personal había permanecido en el bajo perfil, hasta hace unos días, cuando la noticia de su divorcio, después de 27 años de unión, inundó las redes sociales. «Tras mucha reflexión y trabajo en nuestra relación, hemos tomado la decisión de poner fin a nuestro matrimonio», afirmó la pareja en un comunicado conjunto emitido en Twitter. 

Aunque aún no se conocen los motivos de fondo, varios medios comenzaron a escudriñar en la vida de los Gates para entender el porqué de la decisión. El New York Times señaló en un artículo que Bill ha tenido en algunos círculos de orden laboral una conducta cuestionable que ha deteriorado su reputación, lo cual está generando un nuevo escrutinio a su vida en medio de la ruptura. Según el Wall Street Journal, Gates dejó la junta directiva de Microsoft en 2020 después de que esta inició una investigación sobre una supuesta relación romántica entre una empleada de la corporación y él. 

Se sabe que Melinda aprobó un inusual acuerdo con Bill, justo después de casarse. Según un reportaje publicado en Time en 1997, el magnate podía pasar un fin de semana al año con su antigua novia, Ann Winblad, en una cabaña ubicada en playas de Carolina del Norte. “Podemos jugar al ‘putt-putt’ (una serie de juegos de computador sobre aventuras y rompecabezas para niños) mientras hablamos de biotecnología”, dijo Gates sobre sus escapadas privadas con Winblad. 

Melinda French Gates se ha destacado a nivel mundial por su trabajo con las comunidades vulnerables, su pasión por la filantropía y la defensa de los derechos de las mujeres y las niñas.

Con Melinda, los ‘juegos’ giraban principalmente alrededor de la fundación ‘Bill y Melinda Gates’, de la cual, tras el amistoso divorcio, ambos seguirán siendo copresidentes y fideicomisarios. La pareja ha enfocado sus esfuerzos, a través de la fundación, en luchar contra la pobreza mundial. 

“Melinda y yo encontramos la pobreza extrema por primera vez cuando visitamos África en 1993. Para nosotros, fue lo más injusto que habíamos visto y ha inspirado nuestro trabajo desde entonces”, expresó Bill en un comentario anexo a una fotografía publicada en sus redes sociales.

Melinda French Gates se ha destacado a nivel mundial por su labor con las comunidades vulnerables, su pasión por la filantropía y la defensa de los derechos de las mujeres y las niñas.

La ahora exesposa y socia del magnate nació en Dallas, Texas (Estados Unidos), en una familia de cuatro hermanos. Ella es la segunda y estudió las carreras de Ciencias de la Computación y Economía en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, y una maestría en Administración de Negocios (MBA), en la misma institución. 

Una historia publicada en la revista Fortune en 2008, la describe como una «estudiante estrella» en el colegio, y como alguien dedicada desde joven a actividades de voluntariado. También fue de adolescente que Melinda empezó a interesarse por los computadores, cuando su padre llevó una Apple II a la casa, cuenta el artículo.

En 1987, cuando ingresó a trabajar a Microsoft, era la más joven y la única mujer entre las 10 personas contratadas junto con ella. En ese mismo año comenzó a salir con Bill. Se casaron en 1994, en una ceremonia privada en el Hotel Manele Bay de Hawaii. Allí reservaron todas las habitaciones para la boda, lo que costó casi un millón de dólares. 

Fruto del matrimonio nacieron tres hijos: Jennifer, Rory y Phoebe. 

Durante su carrera en Microsoft, Melinda Gates se dedicó a desarrollar productos multimedia, como la web Expedia, así como también fue gerente general de Productos de Información, como la enciclopedia Encarta, hasta el año 1996, cuando dejó la compañía para dedicarse por completo a la filantropía.

Además de su vocación por ayudar a los demás, Melinda tiene la de escritora. En el 2019 lanzó el libro The moment of lift (traducido al español como No hay vuelta atrás), en el cual habla sobre las «mujeres inspiradoras» que ha conocido en todo el mundo y sobre cómo se convirtió en defensora de los derechos de las mujeres. Como ella misma dice en las primeras líneas de introducción: «Por eso tenía que escribir este libro: para compartir la historia de aquellas personas que me han ayudado a centrarme y a priorizar. Me gustaría que todos encontráramos maneras de ayudar a las mujeres en cualquier lugar del planeta».

Tanto Bill como Melinda se han referido a todos sus logros como pareja, desde «sus tres hijos increíbles» hasta la fundación que trabaja alrededor del mundo por una vida sana y productiva para todos. «Seguimos compartiendo nuestra confianza en esa misión y seguiremos trabajando juntos en la fundación, pero consideramos que ya no podemos seguir creciendo juntos como pareja en esta siguiente fase de nuestras vidas», concluyeron. 

Ahora el mundo ya no los verá como el Sr. y la Sra. Gates, sino como socios gestores de importantes proyectos para la humanidad.  Seguramente, el fin de la unión marital le dará más luz propia a Melinda, quien, a sus 56 años, es como dice Forbes, una de las mujeres más poderosas del mundo y de las figuras más importantes de la filantropía.

Una fundación con futuro asegurado

Con 50.000 millones de dólares, la Fundación Bill & Melinda Gates, con sede en Seattle (Estados Unidos), tiene su futuro asegurado, por lo menos así lo han anunciado sus dos fundadores después de que se conociera el fin de su matrimonio.

La razón de que nada cambiará es que cada uno trabaja en proyectos separados. En cada esquina de la mesa de juntas: Gates Ventures para él y Pivotal Ventures para ella. Cuando se creó la Fundación de los Gates, Melinda tomó las principales riendas en buena parte por el trabajo que su marido desarrollaba en ese momento en Microsoft. Ella siempre fue clara en que su trabajo sería de bajo perfil. Los discursos y la aparición en público estaban reservados para Bill. Melinda, en cambio, se dedicó de lleno al trabajo de la filantropía y a darle forma y sentido a los programas que tenía en mente para desarrollar. 

En los países en desarrollo, la actividad de la Fundación se centra en mejorar la salud de las personas y darles la oportunidad de salir del hambre y la pobreza extrema.

Pero la privacidad de su día a día se vio interrumpida cuando en el 2006 anunciaron la histórica donación de 31 mil millones de dólares por parte del filántropo Warren Buffett a la Fundación. Eso significaba ingresar a las grandes ligas, lo que exigía más trabajo, más organización, personal calificado… Se anunciaron planes de inversión en rendimientos agrícolas, microcréditos e investigación sobre enfermedades contagiosas. A partir de ese momento Melinda se convirtió en la cara de la Fundación. Sus viajes por el mundo, especialmente a África, sus mensajes para ayudar a las poblaciones menos favorecidas, a las mujeres y a las niñas vulnerables y la enorme inversión en investigación científica, la colocaron en el foco mediático. 

Desde que empezó la pandemia, se han convertido en dos de las personas más influyentes para combatir el coronavirus. Desde la fundación han trabajado arduamente para acelerar el desarrollo y la distribución equitativa de pruebas, tratamientos y vacunas alrededor del mundo.

“Hasta la fecha, nuestra fundación ha invertido 1.750 millones de dólares en la lucha contra la covid-19. La mayor parte de esa financiación se ha destinado a producir y adquirir suministros médicos esenciales. Por ejemplo, apoyamos a los investigadores que desarrollan nuevos tratamientos contra la covid-19, incluidos los anticuerpos monoclonales, y trabajamos con socios para garantizar que estos medicamentos se produzcan en formatos fáciles de transportar y de usar en los lugares más pobres del planeta con el fin de que todo el mundo en todas partes pueda beneficiarse de ellos”, comentaron Bill y Melinda, en la carta anual a final del 2020 publicada en el blog de Bill Gates.

Los especialistas en filantropía han señalado que el divorcio de los Gates no se llevará por delante a la fundación. Por el contrario, cada uno seguirá trabajando por las causas que los han unido a lo largo de estos años, solo que, a partir de ahora, cada uno desde una orilla distinta. Seguirán impulsando proyectos que beneficien a los más necesitados y ayudando a la investigación científica en la lucha contra las enfermedades y el cambio climático, tema sobre el cual han sido enfáticos en señalar que, si no se toman acciones, las consecuencias pueden ser peores que las de la pandemia que hoy azota a la humanidad.