Por Marco Tulio Gutiérrez Morad

Sin duda el 2021, será un año aún más complejo que este 2020, se vienen titánicos desafíos, por un lado la recuperación y mitigación de la emergencia sanitaria mediante la gratísima noticia anunciada esta semana por el Gobierno Nacional, en lo referente a la masiva implementación del plan de vacunación, que está previsto para iniciar en febrero del próximo año, es decir en dos meses, y por otro lado, vienen los desafíos de orden político al matiz de lo que serán los diferentes acuerdos sectoriales que determinarán el futuro de nuestra patria en las próximas elecciones de 2022.

En una orilla, estará la izquierda y los sectores progresistas, por otro camino encontramos el denominado centro que algunos detractores dicen que no existe, y muy al otro extremo encontramos la derecha, que en nuestra lectura en Colombia se trata de una organización fundada en la reacción legítima del estado de cosas.

Gustavo Petro, sin duda el jefe natural de la izquierda pero que por su carácter todo lo que hace con la mano lo borra con el codo, alguien decía estos días que Petro representa lo mejor del discurso social, pero ya Bogotá lo vio gobernando y en verdad la sensación que dejó al final de su mandato fue la de un caudillo populista que nada significativo dejó a la ciudad, su única herencia que ahora además refuerza su colectividad desde el Senado de la República es el odio de clases y no la solución de los problemas reales de Colombia, una organización con un gigantesco eco en la juventud, que inducidos por un mensaje romántico al interior de la retórica, y con el concurso de un mensaje de crítica sistemática e injustificada contra el Gobierno Nacional, juega así sus cartas, es curioso advertir que no hay un solo proyecto de ley de su autoría que enmarque cualquier solución de los problemas de la gente, más allá de la oratoria vía Twitter, protestan por los salarios del Congreso en vacaciones pero más allá de la bulla mediática, no hay implementada una verdadera solución, en ningún lado se ve una propuesta programática de la colectividad dirigida a donar sus salarios a entidades u organizaciones de caridad que requieren del constante apoyo público, solo tocar la llaga pero nunca actuar en consecuencia.

Por su parte el partido de Gaviria cada día más partícipe del gobierno Duque dejó de representar alguna opción diferente a la de tener a su interior figuras de mucha presencia electoral. Las ideas de la social democracia desaparecieron y no le queda opción diferente a la de buscar elegir el mayor número de representantes y senadores y luego negociar participación en el Gobierno Nacional, esa es la triste realidad del otrora partido de Uribe y Gaitán.

Justo en la mitad, sin todavía elementos suficientes, o mejor, contundentes de notoriedad está una figura de centro enmarcada por fuerzas que vienen del Partido Verde y que con su máximo vocero Sergio Fajardo, pretenden crear una nueva opción, justo en la mitad del complejo escenario de polarización por el que Colombia transita, una figura que a hoy no ha logrado despegar, que pese al contundente triunfo de Claudia López en Bogotá en 2019, no ha tenido la capacidad de atraer a jóvenes o indecisos, tal vez por esa misma “tibieza” con la que han catalogado a Fajardo.

En el otro escenario queda únicamente la figura del expresidente Uribe armando una gran coalición de las demás fuerzas políticas de Colombia, me podrán decir lo que quieran, pero no tengo ninguna duda en señalar que él es el único caudillo de Colombia gústele o no a la gente, su llamado al Ubérrimo nadie lo resiste y advertimos que por allá siguen pasando todos los de posibilidades para armar un escenario de centro derecha y poder así enfrentar al candidato Petro, sin embargo, la estructura que debe afianzarse para hacerle contención a la andanada de la izquierda, requiere un compromiso más allá que el político, se requiere una gran alianza que incluya, empresarios, líderes gremiales, emprendedores y sectores 

académicos, para definir un esquema pragmático que le permita a Colombia salir avante de las terribles dificultades que el año 2020 trajo y que seguramente en el 2021 replicará.

Este es el panorama real que advertimos sucederá en 2021 y con el cual elegiremos en 2022 al próximo presidente de Colombia, sin embargo, es fundamental referirnos que el Gobierno también abordará temas de vital importancia en 2021; se debe tramitar una reforma estructural a la administración de justicia en Colombia, asimismo es menester implementar una serie de reformas que aborden los espectros laborales, fiscales, los del mercado de capitales y los pensionales.

Finalmente nos queda solo una pregunta: ¿Y Santos qué? actualmente rodeado por su guarda pretoriana, encabezada por Cristo y Prada, intentará con algunos sectores de su gobierno, apoyar a la izquierda con el pretexto de la Paz, de ahí que se habla ya de una coalición de centro izquierda con mucho voto de opinión, pero carente de estructura política.

El año se acaba, pero se viene un 2021 que desde el punto de vista político está para alquilar balcón, todos van a dar de que hablar y los aciertos o equivocaciones serán determinantes para saber quién llegará a la casa de Nariño.

“Petro representa lo mejor del discurso social, pero ya Bogotá lo vio gobernando y en verdad la sensación que dejó al final de su mandato fue la de un caudillo populista que nada significativo dejó a la ciudad”.

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