Por Víctor G Ricardo

Analista político, excomisionado de paz

Bioenergy: ¿otro despilfarro de Ecopetrol?

Dice el himno del Llano en palabras del inolvidable Arnulfo Briceño, “Embrujo verde donde el azul del cielo se confunde con tu suelo en la inmensa lejanía”. Estas son estrofas bellas pero con sentido oculto que pueden tomarse como que la magnitud de la naturaleza, no solo es embrujo sino suelo, quizá para recordar que hasta allí llega la maledicencia de actores y gobernantes que pasan y se van, dejando amarguras miserias y rastrojos de ese paisaje inolvidable, pero… ¿Por qué? ¿de dónde surge esta reflexión que más que reclamo es un gemido de impotencia? impotencia ante lo que han significado, para ser breve, la historia de titulares como “Refinerías”, Chirajaras, Matapalos y dirigentes encarcelados sin condena, ni vergüenza, al amparo de electores amnésicos.

 De la rapiña entre las armas y las falsas promesas, ni de la existencia de manos armadas de diferentes calibres y motivaciones, logro surgir Puerto López entre armas buenas y calibres perversos, entre cultivos de pastos para producir carne y otros para avivar la imaginación. La decisión de Ecopetrol de cerrar la planta conlleva un duro golpe tanto para el municipio, como para el departamento y la región, ya que implica el fin de 750 empleos directos (75 % de la región), generando por cada directo, cuatro indirectos.

Allí se tenían 20.000 hectáreas sembradas de caña de azúcar, reforestadas 325 hectáreas en bosque nativo y se adelantaba la producción de combustible limpio. La planta con una capacidad de 500.000 litros diarios de etanol, una de las inversiones que además aportaban a la paz del país y se había convertido en el mayor proyecto agroindustrial de los Llanos Orientales. Por otra parte, allí se produce una tercera parte del alcohol carburante que hoy se consume en Colombia. De allí radica la importancia de este proyecto y lo crucial que sería que el Gobierno garantizara la continuidad de su operación.

Luego de tres años de operación, el cierre de esta destilería de etanol de caña de azúcar se dará a pesar de ser una de las más modernas del mundo, con la posibilidad de producir el 30 % del alcohol carburante que se le adiciona a la gasolina consumida en el territorio nacional. Los inversionistas del campo recibirán un desalentador mensaje al presenciar el colapso del proyecto pionero de la agroindustria, al que le apostó el mismo Gobierno a través de Ecopetrol.

Se inició la construcción de la planta en abril de 2010. Entonces, se estimaba para su construcción una duración de dos años y un costo de 344 millones de dólares. Sin embargo, fue terminado cinco años después, en abril de 2017 y se contabilizó un valor de 850 millones de dólares. El proyecto fue financiado en su mayor parte con Bancolombia, quien ahora se convierte en su principal acreedor, adeudándosele unos 400 mil millones de pesos, principal tarea de su liquidador el Dr. Rubén Darío Lizarralde.

Seguramente, en una liquidación algo que sucede es que la planta se venderá por partes a precios de remate, los cultivos de caña se destruirán con los consecuentes problemas fitosanitarios y miles de empleos directos e indirectos se perderán. Sería un retroceso gigante que nos restringirá el anhelo de sembrar las 4.5 millones de sábanas fértiles, aptas para la agricultura, que seguirán desaprovechadas en la Altillanura.

Lamentablemente, de la mano del despilfarro del petróleo estatal, se inflaron los precios de las tierras, se creó un comercio abusivo que entregó toda su codicia ante una demanda elástica, que nunca ha conocido el verdadero valor del dinero. En una inversión inflada por la generosidad del dinero fácil del energético estatal, se invierten activos por más de US$ 850 millones de dólares en un Disney de la fantasía, a cuyo lado crecieron impuestos prediales impagables, con el patrocinio de alcaldes abusivos, y subieron los salarios a niveles imposibles de absorber por otras actividades de menor brillantez. Y eso, como todo paraíso sin sustento, se derrumba no solo por la realidad que aquí presentamos, sino por la competencia del mismo Estado colombiano que permitió la importación de materiales sucedáneos a precios subsidiados por nuestros patrones del imperio norteño, para terminar en el epílogo con una frase conocida “Ahora quien podrá salvarnos” ante una quiebra que al valor de hoy puede alcanzar los US$ 512 millones de dólares.

La liquidación en la que está entrando Bioenergy, solo se podría reversar ante la aparición de una fórmula financiera que sea viable para la empresa y aceptada por los acreedores, lo cual es difícil mientras las proyecciones de los bancos se basen en la accidentada historia de la empresa; por esa razón, es fundamental la participación del Gobierno con una operación de rescate financiero a una de sus empresas. Entre otras opciones, quizás sería viable que el Gobierno adquiriera parcial o totalmente la deuda para capitalizarla en el futuro. Es su responsabilidad agotar todas las posibilidades financieras para salvar un activo nacional de la mayor importancia, en el que no solo se han hecho grandes inversiones, sino que también representa una pieza estratégica para el desarrollo agroindustrial, con su consecuente aporte a la seguridad alimentaria y energética del país.

Las declaraciones dadas por el liquidador abrieron la esperanza de la región y de muchos empresarios del país, cuando dijo que hará todo lo posible por no liquidarla sino encontrar mecanismos de rescate. Si lo logra el país se lo agradecerá.

“Ahora quien podrá salvarnos” ante una quiebra que al valor de hoy puede alcanzar los US$ 512 millones de dólares.

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