“Cual encantador de serpientes seduce al pueblo con discursos anticipándose a su predecible ausencia de resultados y de gestión”.

Enrique Gómez Martínez

…Y para el control de precios, y para romper la independencia del Banco de la República, y para sacar corriendo a las petroleras, reventar a Ecopetrol, frenar las inversiones del sector productivo, inducir la crisis financiera de las EPS, liberar, indultar y contratar a los jefes y sargentos de la primera línea y masificar la toma de tierras.

Ah, y claro, cien días para identificar al verdadero enemigo interno.

¿Seré yo maestro? 

¡No hombre! El enemigo interno es el Estado de derecho, esa tontería burguesa y opresora que llaman la ley y las instituciones. Eso que no deja a nuestro tiranosaurio rex, el “Petro rex”, salvar a todos, todas y todes de la injusticia y la desigualdad.

Y claro, cien días para identificar al enemigo externo. Aunque esa sí era fácil. No hay sorpresas. Estados Unidos y la Reserva Federal son los responsables de todo: la recesión, la guerra en Ucrania, la migración, el tráfico de drogas, la violencia, etc… El imperialismo yanqui de toda la vida.

Y cien días de cháchara. Ya vemos los discursos diarios, cada vez más largos, cada vez más alejados de la realidad, manipuladores, en la más típica y rancia tradición de las tiranías comunistas tropicales. Petro ha liberado ya sus talentos de hablador infinito. Cual encantador de serpientes seduce al pueblo con discursos anticipándose a su predecible ausencia de resultados y de gestión.

Mientras tanto Ocampo, posesionado como el Kerenski del régimen, se desgasta asumiendo el rol de bombero de las embarradas de todos los ministros y de “Petro rex”. A diario, frente a la prensa lucha por convencernos de que Petro y sus fieles no son lo que son y no harán lo que anuncian que harán.

Otros, que se acomodan en el establecimiento, las empresas y en la deslucida oposición, también posan de sanadores, tranquilizadores de oficio, manipuladores de desastres, reclaman compases de espera mientras sacan a flote y protegen sus intereses y buscan afanosamente las rutas de la intriga en los nuevos pasillos del poder. Cien días son pocos para leer y conocer a los nuevos Apparátchiks, los lobistas de siempre trabajan de manera incesante, los restaurantes de lujo no dan abasto para servir comisos a los nuevos dueños del poder.

La verdad es lo que se niega. Y todo tiene que ir mucho más rápido. La velocidad con la que Petro avanza hacia el desastre está impuesta por tres factores.

Primero, la inevitable recesión global que sin ser responsabilidad de Petro, se viene encima quitándole impulso a la breve recuperación, aumentará el desempleo y dañará la economía en general.

Segundo, la incompetencia y falta de capacidad de los equipos de gobierno. Desconocedores de las complejidades de la función pública y del rigor burocrático que embarga al enorme y disfuncional Estado colombiano, no tienen ni el conocimiento, ni la experiencia, ni la gente para controlar al Estado y mucho menos para ponerlo a producir resultados en cualquier sentido. Aterriza el petrismo en el marasmo que consumió a todos sus antecesores en un Estado parcelado a los intereses especiales, muchos de ellos ligados a sus propios sectores de apoyo como los sindicatos de la función pública y magisterio claro está.

Tercero, la incredulidad de los mercados y los inversionistas. Los mercados ya saben lo que el peronismo, el chavismo y el AMLO que inspiran a Petro hicieron con Argentina, Venezuela y México y no están dispuestos a creer de nuevo. Petro lo sabe y por ello la única salida como Napoleón al término de sus cien días es la “fuite en avant”, la fuga hacia adelante, hacia la dictadura.



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