“Me cuesta trabajo entender las interpretaciones que se hacen en voz baja y alta sobre la alianza que el presidente Petro construyó en un abrir y cerrar de ojos”.

Fernando Cepeda Ulloa

Alguna vez leí un texto de Alfonso López Michelsen que decía así: “Hay tres formas de adelantar un gobierno, sin la oposición, contra la oposición o con la oposición.” Me pareció un esquema que ayudaba a entender el tema tan complejo de la relación entre la oposición y el gobierno.

En regímenes parlamentarios el asunto se resuelve desde el primer momento. Desempeña el gobierno quien cuenta con una mayoría en el parlamento. Y hace la oposición la minoría. No ocurre así en el régimen presidencial. El presidente una vez elegido, así no cuente con mayoría en el Congreso, tiene que asumir y pienso que la afirmación de López aplica como opción mucho más para el presidente, él tiene que construir su gobernabilidad. En el régimen parlamentario esa tarea debe realizarse y mientras tanto no puede funcionar como tal. Primero debe construir una mayoría parlamentaria. Y si no lo logra es necesario convocar elecciones parlamentarias. Existen otras fórmulas, pero lo descrito es lo esencial.

¿Qué hizo el presidente Petro? Como estaba en evidente minoría en el Congreso prefirió gobernar con la oposición, en este caso los partidos y fuerzas políticas que no constituían el Pacto Histórico. Y al escoger este camino, hizo lo que presidentes anteriores se vieron también forzados a hacer para asegurar gobernabilidad.

Andrés Pastrana, inclusive logró que el presidente del Congreso fuera uno de los suyos, Fabio Valencia Cossio, quien le dio posesión, como correspondía, y pronunció la memorable frase «O cambiamos o nos cambian». En 1998. El presidente Uribe debió obrar similarmente, o sea, construir una mayoría en el Congreso, tan sólida que autorizó dos reelecciones. La segunda inviable, por decisión de la Corte Constitucional, determinación que el presidente Uribe aceptó inmediatamente.

El presidente Santos contó desde el comienzo con amplísima mayoría que le permitió a su ministro de gobierno, Germán Vargas Lleras, obtener aprobación de importante paquete legislativo. Se constituyó la Mesa de Unidad Nacional que sirvió como instrumento de construcción de acuerdos.

El presidente Iván Duque no lo hizo así desde el comienzo. Solamente la inusitada pandemia le permitió amplia gobernabilidad tanto en el Congreso como por vía de decretos leyes resultado inevitable de la declaración del estado de emergencia.

Me cuesta trabajo entender las interpretaciones que se hacen en voz baja y alta sobre la alianza que el presidente Petro construyó en un abrir y cerrar de ojos y lanzó horas antes de la elección presidencial desde un almuerzo en el Hotel Marriot de la 73.

Es el partido presidencial al cual me he referido en varios escritos. Un paréntesis fue el introducido en 1986, cuando el conservatismo dejó en libertad al presidente liberal Virgilio Barco para gobernar con el esquema gobierno-partidos de oposición. El conservatismo y la Unión Patriótica constituida por las Farc como uno de los desarrollos del Acuerdo de Paz suscrito por Belisario Betancur jugaron papel de oposición. Este paréntesis duró cuatro años. La convocatoria y funcionamiento de la Asamblea Constituyente de 1991 y el multipartidismo resultante abrieron el camino a gobiernos de coalición y así al partido presidencial integrado de otra manera.

Que el presidente Petro está imitando a Fidel Castro, a Chávez o a Ortega…no creo. Encuentro críticas suyas muy fuertes a esos gobiernos en sus escritos y declaraciones. Creo que tiene claridad que ellos no construyeron sino destruyeron esas economías, las de Cuba y Venezuela ejemplos de prosperidad. Pienso que está interesado en hacer buen gobierno, para demostrar que la izquierda puede lograrlo así sea con colaboración de sus potenciales opositores. Gobernar sin la oposición, sería muy costoso, difícil, y casi imposible. Gobernar contra la oposición sería una batalla campal que llevaría al desastre.

¿Tanto ambicionar llegar al poder para generar un desastre? No creo que José Antonio Ocampo se preste para eso y así también podría decirse de muchos funcionarios, congresistas, diplomáticos, expresidentes, dirigentes de gremios, directores del sector financiero, líderes sindicales…

Compartir

Relacionados

¿Política de austeridad?
Cien días para el corralito