Por Víctor G Ricardo

Analista político, excomisionado de paz

Estamos viviendo en Bogotá y las demás ciudades del país, una gran crisis en la seguridad ciudadana. Los robos de carros han vuelto a ser una preocupación diaria de sus propietarios al conocer todos los días un caso muy cercano. Viendo y escuchando que las estadísticas han subido de una forma impresionante, al igual que el robo de bicicletas, celulares, atracos en las calles, robos en las residencias y oficinas, secuestros exprés y en general actos de delincuencia tanto en sectores urbanos como rurales. ¿Y qué decir de los asesinatos como consecuencia de los atracos y aquellos a líderes sociales o exguerrilleros? 

Las autoridades deberían poner en sus agendas el tema de la seguridad en la primera prioridad, pues esta situación además de crear mucha incertidumbre y malestar, está generando muy mal ambiente, que se ve también reflejado en el desmejoramiento en los avances de proyectos económicos e incluso de la inversión extranjera por no decir que en su estancamiento. 

En el caso de Bogotá, cada hora se presentan nueve nuevos atracos. Es decir, que al día son 216 y al mes 6.480. Una cifra nunca vista ni imaginada por nadie. Las bandas de delincuentes están creciendo y un número importante de inmigrantes venezolanos están involucrados en estas organizaciones delictivas. 

Lo más preocupante de todo es que también hay una crisis en la cúpula de la Policía Nacional donde el director general está siendo investigado por la Procuraduría General de la Nación, por presuntos delitos de corrupción, denunciados por el inspector general de esa institución. Cuando los altos mandos de las instituciones armadas se encuentran enfrentados, es urgente que el Gobierno actúe con rapidez cortando por lo sano, es decir tomando decisiones que no perjudiquen a la institución y que es claro deben remover a los implicados para que esta clase de eventos no se vean reflejados en el personal de la institución o lleve a la anarquía en su comportamiento operacional, pues la conducta de los directivos puede llegar a ser ejemplo en sus subalternos y es ahí cuando se llega a una grave situación en el cumplimiento de sus objetivos. Para quienes residimos en la capital, como en varias de las municipalidades de Colombia, es muy preocupante que todos los días se sienta más inseguridad 

en las calles sin ver los ciudadanos acciones positivas que busquen controlar los distintos hechos de la inseguridad. 

Pero lo que es aún peor es que los delincuentes cada vez son menos pasivos y acuden más a la agresión y la violencia para lograr su cometido. Muchas víctimas han sido asesinadas o heridas en el proceso. Cada vez más, amenazan por medio de armas de fuego y armas blancas.

Pero resulta que en la mayoría de los casos las estrategias no son las mismas por coincidencia; se repiten porque se trata de las mismas bandas criminales que, aunque generan un patrón más que obvio y evidente, por algún motivo no son capturados y, de serlo, son liberados para que continúen haciendo de las suyas. ¿Dónde está la inteligencia y prevención de la Policía Nacional y las instituciones que tienen como responsabilidad la seguridad ciudadana? ¿Por qué ya no se teme a la fuerza pública?

A propósito del nuevo Código de Policía, es importante que primero eduquen e inculquen sus principios y valores en debida forma a los agentes a quienes corresponde velar por su cumplimento. De lo contrario, aumentará el abuso de poder y se continuará perdiendo la esencia y razón de ser de dicho organismo. 

Abusan de su poder para no verse despojado de él, incluso haciendo uso del arma, cuya finalidad es la protección de los ciudadanos y terminan es amenazando a los mismos. Lo presencié también, ante la mala decisión de un administrador del parqueadero del Aeropuerto el Dorado que resolvió detener el ingreso de vehículos hasta que se liberaran más de 150 cupos, creando un trancón impresionante, una agente de la Policía de Tránsito, en lugar de defender a los ciudadanos y solucionar el problema, mostrando a los administradores las terribles consecuencias que estaba generando, decidió amedrentar a los conductores que esperaban fuera, filmándoles y emitiendo comparendos. 

Definitivamente se va perdiendo la esencia y la finalidad del cuerpo policial. La autoridad está es para velar por el cumplimiento de las normas y cumplir las mismas, para proteger a los ciudadanos y no para solidarizarse con las malas determinaciones de quienes tienen delegado una concesión del Estado y abandonar a los ciudadanos.

“En el caso de Bogotá, cada hora se presentan nueve nuevos atracos. Es decir, que al día son 216 y al mes 6.480. Una cifra nunca vista ni imaginada por nadie”.

Compartir

Relacionados

"Mi calvario empezó el 15 de agosto de 2015""Mi calvario empezó el 15 de agosto de 2015""Mi calvario empezó el 15 de agosto de 2015"
Plura, el primer Coliving en el paísPlura, el primer Coliving en el país que busca revolucionar la forma de vivir, trabajar y divertirse