Por Miguel de Zubiría

Psicólogo y director del Instituto de la Soledad

¿Más que a ti mismo? Puede ser. La mayoría de nosotros llevamos nuestro carro cada 10.000 kilómetros a revisión, esto es cada seis meses, dos veces al año. Costumbre magnífica porque si algún dispositivo falla se detecta a tiempo sin que ese mal, que puede ser menor, escale y nos deje varados en un lugar apartado. 

¿Procedes igual con tu revisión psicológica? ¿Hace cuánto tiempo no revisas tu mente? Conozco adultos que jamás han pisado las puertas de un taller psicológico. Por supuesto, cuando su mente falla ya el daño es enorme y demasiadas veces no reversible. 

Cuánto ganarían los papás y los colegios si al menos una vez al año llevasen a sus hijos y estudiantes a revisión psicológica. A todos sin excepción. Una gran parte saldrían contentos sabiendo que todo marcha bien y pueden esperar tranquilos hasta el próximo año, solo les tomaría una hora. 

Otros sabrían que sus hijos o estudiantes presentan algún desajuste leve, por ejemplo en sus motivaciones, o en su autovaloración, o en sus vínculos… En alguno de los diversos sistemas que arman la mente de un niño o de un joven. Y este es un grupo bien grande. Recibirían además una recomendación para aplicar durante los siguientes meses. 

Los terceros sabrían que efectivamente hay algún daño que requiere atención especializada durante un tiempo más prolongado, a fin de que no escale a un trastorno que le dificulte ser feliz, el mayor anhelo de los psicólogos actuales. 

Lograr estas metas loables solo requiere que los papás y colegios destinen una hora por año a revisar las mentes de sus hijos y estudiantes. Hasta ahora ha sido imposible lograrlo. 

¿Y en el caso de los adultos se requiere esta revisión anual?, mucho más aún, al fin y al cabo los adultos somos carros con miles de kilómetros a cuestas y lo más seguro es que varios sistemas lleven desajustados mucho tiempo. 

Los beneficios serán enormes. Pues mientras en los carros los desajustes producen golpes, sonidos, chirridos, los desajustes psicológicos son peores por cuanto crean infelicidades o sufrimientos. La persona con un desajuste se pierde de una o varias gratas fuentes de bienestar o, en el peor caso, esas fuentes se transforman en fuentes de tensiones, conflictos, disputas, agresiones, sufrimientos. 

Ocurre por ejemplo con la felicidad amorosa o laboral, o con cualquiera de ellas. Si la persona carece de algunas cualidades amorosas o su pareja o ambos, el amor que debería ser una fuente por excelencia de bienestar psicológico se trastoca en escenas de tensiones, soledades, indirectas, celos… A cambio de ganar para ambos sus muchos beneficios, carecer de dichas cualidades, que son parte de un amplio paquete, hace que esa tuerca afecte el buen y fluido funcionamiento amoroso de la pareja. 

Ambas personas pierden mucho. Lo peor es que demasiadas parejas desconocen la fuente de sus tensiones, solo las sufren, hasta que más temprano que tarde dichos sufrimientos destruyen la relación. Muy triste pues años atrás se habría podido prevenir con solo ir en pareja a la revisión psicológica anual. ¿Lo has hecho alguna vez?

¡Puede ser que cuidemos más a nuestro carro que a nosotros mismos!

“Mientras en los carros los desajustes producen golpes, sonidos, chirridos, los desajustes psicológicos son peores por cuanto crean infelicidades o sufrimientos”.

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