Por Jaime Arrubla Paucar

Al fin se dio a conocer la primera decisión importante de la JEP, que se presentó como de fondo, pero que no lo es; se trata de un auto de imputación, es decir, del comienzo en forma del que se conoce como el macroproceso 001, que versa sobre “toma de rehenes” y “graves privaciones de la libertad”, cometidas por miembros de las FARC-EP firmantes del Acuerdo Final de Paz y que fueron integrantes del secretariado de la extinta guerrilla; proferido por la Sala de Reconocimiento de Verdad, de Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas de la Jurisdicción Especial para la Paz.

En esta providencia de más de trescientas páginas, en la cual se describe la dantesca situación vivida por muchas víctimas en este país durante el conflicto armado, con ocasión de secuestros, extorsiones y abusos de toda índole, se pone a disposición de los ocho imputados (uno fallecido), los hechos y conductas concluidas por la Sala, a fin de que dentro de los 30 días hábiles siguientes decidan si reconocen o no su responsabilidad en los términos del artículo 79 de la Ley 1922 de 2018. 

El escrito cumple con rigor el procedimiento para llegar a sus conclusiones, con fundamento en un caudal de información allegado al caso que le da un debido soporte como documento histórico, más que como pruebas de imputación jurídica y se adecua al lenguaje propio del derecho internacional humanitario, el Tratado de Roma, para señalar y denominar los delitos que le caben a los vinculados, a saber: del crimen de guerra de toma de rehenes y del crimen de lesa humanidad de otras privaciones graves de la libertad. Se abandona el léxico del derecho penal interno para dar espacio a las nomenclaturas del derecho internacional, en el lenguaje de los delitos de guerra, superando viejas discusiones sobre el “estatus” del grupo guerrillero.

Escalofriantes relatos se observan en ella, secuestro de niños, abusos sexuales, violación a intimidad de las secuestradas, revictimización al cambiar de secuestrados, pagos dobles por rescates, pagos por recuperar el cadáver; secuestrados amarrados con alambres de púas, etc. Nada nuevo bajo el sol, todos los colombianos sabíamos de estas atrocidades y por supuesto, las víctimas; absurdo que se deje entrever 

en la providencia que algunos de los máximos responsables no sabían de ciertos descalabros o que se trató de errores de algunos frentes no autorizados por el alto mando; ¡se peca de ingenuidad! Sin duda, la calificación de los hechos delictivos se queda corta con el ensañamiento en el actuar del grupo guerrillero, la falta de humanidad y la exposición de los más viles instintos presentados en forma desenfrenada contras sus víctimas.

Varios comentarios nos merece la actuación de la JEP después de tres años de entrada en funcionamiento. Lo primero, es que se ha querido presentar esta actuación como la primera y oportuna que se atreve a describir e imputar semejantes crímenes y que por fin señala el camino, al fin, para que se haga justicia, lo que no se había dado antes en el país. No tan cierta la presentación. Varios de los ocho imputados, ya tenían condenas por los mismos y otros delitos dictadas por la justicia ordinaria, las cuales quedaron borradas por los acuerdos y, ahora, apenas volvemos a comenzar. La Justicia Transicional que se aplicó a los grupos paramilitares también encontró las mismas atrocidades.

Lo segundo, la descripción tan bárbara de los hechos y sus circunstancias, desafortunadamente no tiene como beneficiario a las víctimas que se dice que al fin conocen la verdad y verán justicia en los hechos imputados. Resulta que los reales beneficiarios son los imputados miembros del secretariado de las FARC que con semejante relato demoníaco, la van a sacar barata; pues si aceptan los cargos, y lo van a hacer, no van a tener las sanciones proporcionales a sus delitos, sino unas penas menores que podrán ir desde la privación de la libertad entre cinco y ocho años máximo y que pueden ser conmutadas por trabajos comunales y sociales; es decir, como dijo alguna víctima al referirse a la noticia, advirtiendo que no le fueran a salir, conque ante semejantes hechos que encontró la JEP para imputar al secretariado y que semejante desparpajo de conductas, lo vayan a pagar sembrando lechugas y en el Congreso. Concluimos que, si bien el auto comentado ratifica una verdad que las víctimas ya sabían, jurídicamente, la dura providencia beneficia más a los victimarios que a las víctimas. Ni torpes que fueran para no aceptar las imputaciones y verse expuestos a un proceso con penas hasta por 20 años de prisión.

La gran paradoja para los antiguos guerrilleros, es que resultaron enredados en su propia trampa. Si bien la providencia de la JEP que analizamos, jurídicamente los beneficia y mientras más dura sea y más delitos abarque, más de 1.200 secuestros, los favorece pues salen de todos, con una pena que prácticamente es un “saludo a la bandera”; políticamente si los desgasta y en demasía, pues la sociedad no va a entender, la desproporción entre las aterradoras conductas enrostradas en la providencia y admitidas por ellos y las penas impuestas bajo el rótulo de la paz y mucho menos que continúen en el Congreso de la República percibiendo las jugosas dietas parlamentarias. El reciente cambio de nombre del grupo político, pasando del estigmatizado rótulo de las FARC, al sensual nombre de COMUNES, políticamente caería en vacío.

Pero el efecto más grave es para la sociedad colombiana. Esperemos que este tipo de decisiones no ahonde más la división que reina entre los colombianos que no ven el componente de justicia en lo que se viene haciendo como consecuencia de los Acuerdos de La Habana y en el Colón. 

Con la presente edición número doce de la revista Alternativa se cumple un año de su inauguración; en plena pandemia. Con el entorno más adverso ha podido arrancar y consolidarse, contra todos los desalentadores pronósticos de quienes se molestaron por la utilización de un dominio que estaba libre; con entendible nostalgia por un pasado glorioso; como si la res nullios tuviera que mantener su carácter frente al abandono de sus patrocinadores de otra época.

Un ferviente reconocimiento a todos aquellos que han hecho posible esta empresa y nuestro estímulo para continuarla, muy especialmente a los lectores; si fue posible salir y mantenerse en situaciones tan hostiles, el futuro está por conquistarse.

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