Por Fanny Kertzman

Se aproximan unas elecciones que se anuncian muy reñidas. Hay candidatos de todas las tintas. Por el partido de Gobierno, el Centro Democrático, se perfilan Paloma Valencia, Marta Lucía Ramírez, Paola Holguín, Rafael Nieto, María del Rosario Guerra y Tomás Uribe. Además, el expresidente Álvaro Uribe ha llegado a Miguel Uribe Turbay y a los exalcaldes de Medellín, Federico Gutiérrez, y de Barranquilla, Alex Char. Otros cercanos a este eje son Juan Carlos Pinzón, Luis Alberto Moreno y Enrique Peñalosa.

Por los lados del Partido Verde están el exgobernador de Nariño, Camilo Romero, y los senadores Antonio Sanguino, Jorge Londoño e Iván Marulanda. Próximos a este centro político están también los exnegociadores del Acuerdo de Paz, Humberto de la Calle y Juan Fernando Cristo, el excandidato Sergio Fajardo, Jorge Enrique Robledo del MOIR, Juan Manuel Galán y Ángela María Robledo.

Por la izquierda, Gustavo Petro ya anunció su candidatura y participaría en una consulta con Alexander López, Roy Barreras y Francia Márquez. Hay otros personajes con aspiraciones, como el exprocurador Fernando Carrillo y el exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández.

En el Partido Conservador, los precandidatos son los senadores David Barguil y Efraín Cepeda, y los exministros de Hacienda, Mauricio Cárdenas y Juan Carlos Echeverri.

Ante toda esta avalancha de candidatos nos preguntamos: ¿quién es bueno para nosotros, los ciudadanos de a pie? La respuesta es: cualquiera que no esté en los extremos, ya sea de izquierda o derecha. Un Gustavo Petro sería tan peligroso como un Alejandro Ordóñez (es solo un ejemplo; él no está en la contienda), un católico oscurantista que no respeta la libertad de cultos ni la separación entre la Iglesia y el Estado.

El candidato debe reconocer las reglas de economía de mercado, la propiedad privada y la independencia de la justicia, y no amparar el narcotráfico. Los precandidatos mencionados parecen cumplir con estas reglas, con excepción de Gustavo Petro y quienes están más hacia la izquierda, como Francia Márquez. Petro ya ha anunciado que su programa de Gobierno requiere por lo menos tres períodos, por lo que existe el riesgo de que no respete los límites de solo cuatro años. Por otro lado, como alcalde de Bogotá demostró que es un pésimo administrador, terco y pagado de sí mismo, y que nos llevaría al socialismo.

Afortunadamente, la sociedad colombiana ha avanzado lo suficiente como para que haya un consenso general en cuanto al respeto por la Constitución Política, la propiedad privada, las libertades individuales, la economía de mercado, la autonomía internacional y los principios que conforman una democracia moderna. Cualquiera de los candidatos que esté en el centro hacia la derecha sería bueno para los votantes de a pie. A mi modo de ver se destacan Federico Gutiérrez, Enrique Peñalosa, Juan Carlos Pinzón y Luis Alberto Moreno. Por el contrario, no confío en los exnegociadores de paz, muy blanditos con el narcotráfico y el terrorismo.

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