“Resucitado Márquez, si se le quiere dar otra oportunidad, el Gobierno debe asumir las consecuencias políticas que ello implique”.

Jaime Alberto Arrubla Paucar

Presidente Revista Alternativa

Todo parece indicar que los “entrampados” éramos todos los colombianos que inocentemente creímos que el señor Iván Márquez se había acogido a los Acuerdos de Paz de La Habana, como negociador y miembro de las Farc y que las actividades de narcotráfico en las que participó dicho grupo guerrillero habían sido conexas y accesorias a los delitos de rebelión y demás que se le amnistiaban. Se le perdonaron sus faltas en virtud de los acuerdos; se le concedió una curul en el Congreso de la República y nos tragamos “el sapo” de que sus actividades de narcotráfico, eran conexas y accesorias a sus pretensiones de llegar al poder por las armas; todo en aras de lograr la paz.

Resultó sorprendido tiempo después de los acuerdos de paz en actividades de narcotráfico, al igual que su sobrino y el supuestamente fallecido Jesús Santrich. Fue el gobierno norteamericano quien lo requirió en extradición por narcotráfico, y la Fiscalía colombiana no hizo cosa distinta que obrar de acuerdo a sus competencias cuando se tramita una solicitud de extradición. El requerido, antes que le echaran mano, puso los “pies en polvorosa”, al parecer, hacia la vecina República de Venezuela.

Nuevamente caímos “entrampados” todos los colombianos cuando se nos dio la noticia de su fallecimiento en combate, al parecer en territorio venezolano y con él todos sus procesos antiguos o nuevos, que terminan por la muerte del reo. Resulta que era un simple ardid para que cesaran las persecuciones en su contra, policivas y judiciales.

Viene luego otro “entrampamiento” para los colombianos, cuando escuchamos del canciller, refiriéndose al asunto, señalando que todo el circo que presenciamos con Jesús Santrich, los videos participando en negocios turbios, su proceso en la Corte Suprema, la intervención de la JEP, la fuga mientras se discutía la competencia, la curul vacía, etc., no existió, deliramos, y que el entrampado era el exguerrillero, y por ello tomó las de “Villadiego”. Ese capítulo de la historia de Colombia, según el canciller, fue al revés de como lo vivimos los colombianos.

Ahora, llega la señora vicepresidente de la República, con otra historia, para señalar que el señor Márquez fue también “entrampado” y que nuestra Fiscalía que atendió un pedido de extradición de los Estados Unidos, por participar en narcotráfico con el cartel de los Soles de Venezuela en marzo de 2020, dando el trámite de rigor en estos casos, fue la autora de dicho entrampamiento. Quedamos en el peor de los escenarios.

Resucitado Márquez, si se le quiere dar otra oportunidad, el Gobierno debe asumir las consecuencias políticas que ello implique. El marco jurídico de los acuerdos de La Habana no le sirve, pues su reincidencia impide su aplicación. Requiere de una nueva estructura de paz, de acuerdos y de concesiones para los disidentes. Es de advertir que los narcotraficantes no quedan cubiertos en ella, pues la Constitución no permite amnistía ni indulto para estos delitos, solo para los delitos políticos. Tampoco puede acudir a la JEP pues como dijo su presidente, es asunto cerrado; no cosa juzgada, pues allí no dictan sentencias.

Ahora, los entrampados somos los colombianos, que vamos a tener que creer al gobierno del cambio, que Márquez es un pobre angelito, que se volvió disidente de los acuerdos, porque le tendieron una trampa cuando lo que sucedió fue, al parecer, que lo cogieron traficando con droga y que dicha actividad no tenía nada de conexa; era la principal y autónoma. 

Se ha presentado a los colombianos una política de paz total, es decir, para todo el mundo, incluyendo los disidentes de las Farc y narcotraficantes. Si se quiere hacer la paz total, !háganla…!, pero de conformidad con la Constitución y con la ley, y sin poner más trampas.

 

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