Una propuesta populista y una personalidad mesiánica se combinan en el candidato presidencial de la izquierda radical, que tiene un discurso tan atractivo para la masa como irresponsable y peligroso para todo el país. Por fortuna, pierde respaldo.

Petro tiene 61 años y un pasado como guerrillero del M-19.

Gustavo Petro está cosechando lo que sembró. Mientras su imagen negativa crece, hoy son muchos menos quienes siguen viéndolo con buenos ojos. Una encuesta reciente de Datexco para W Radio inidica que su imagen favorable es del 38% contra una desfavorable del 57%. En agosto del año pasado, tenía cinco puntos porcentuales menos de percepción en contra.

El posicionamiento fuerte de principio del 2021 en las encuestas presidenciales parece haberse esfumado, no solo por la concreción de nuevas aspiraciones en las diferentes fuerzas políticas, sino por la forma de actuar del virtual candidato de la izquierda radical.

Después de su derrota en la segunda vuelta de las elecciones del 2018, Petro prometió cuatro años de oposición al gobierno de Iván Duque bajo el signo de la protesta en la calle. Y no ha sido pocos los episodios de movilizaciones que han instigado él y sus aliados.

Sin duda, ninguno tan claro como el del paro nacional que no solo tuvo a Colombia durante más de dos meses a media marcha sino que desató una inusitada oleada de violencia y de vandalismo.

EL EJEMPLO DEL PARO

El contexto de la crisis de la pandemia hizo que la protesta tomara grandes dimensiones. Petro, a través de las redes, se convirtió en azuzador de los desmanes con sus cuestionamientos a autoridades legítimas como el presidente Duque y la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, encargados del manejo del orden público y a la misma Policía, que tenía el deber de restaurar la tranquilidad y proteger a la ciudadanía.

Incluso uno de los senadores petristas, Gustavo Bolívar, financió a la llamada Primera Línea, responsable de la destrucción de bienes públicos y otros actos de vandalismo. La alcaldesa López hizo público su reclamo: “El petrismo no puede seguir radicalizando jóvenes para mandarlos de carne de cañón a desestabilizar la convivencia en ciudades como Bogotá». 

Cuando los bogotanos y los ciudadanos de otras ciudades empezaron a ver cómo los bloqueos y los desórdenes aumentaban y afectaban la vida diaria, comenzaron a tomar conciencia de lado negativo de lo que estaba ocurriendo.

Petro entonces empezó a pagar en las encuestas los costosde tanto desorden. Y cuando se dio cuenta de ello, quiso darle un giro al paro. Sin embargo, al país le quedó claro de nuevo la calidad de líder que es y que lo hacen un aspirante inconveniente a la Presidencia de la República.

SALTO A LA INESTABILIDAD

La gran mayoría de sus mensajes no corresponden a los de un político responsable sino a los de alguien que privilegia sus objetivos personales sobre la democracia, a la cual le quiere imponer la fuerza de la calle. Usa la masa como cualquier caudillo populista.

No sería extraño que desde el poder sucumba a la idea de hacer de cada manifestación pública un plebiscito a su favor. Ya lo intentó cuando la Procuraduría de Alejandro Ordóñez lo destituyó como Alcalde de Bogotá por su mal manejo de los temas del aseo en la capital. ¿Qué haría, entonces , estando en la Presidencia, si tiene un Congreso adverso -lo cual es posible- o una cortes que no se sometan a sus deseos o un Banco de la República que se mantega en la línea de la ortodoxia? Podríamos tener cuatro años en un continuo choque de trenes por cuenta de un gobernante intransigente.

El escenario -claro está- puede ser peor, porque no hay que descartar que en una situación de debilidad política y parálisis de sus proyectos acuda a la fórmula de imponer referendos, consultas, plebiscitos e incluso una constituyente, respaldando su desafío en los votos obtenidos.

Con Petro podrían estar en juego no solo las instituciones republicanas como las conocemos sino la misma democracia. El vecinadario latinoamericano tiene varios ejemplos de gobernantes de izquierda radical, con ínfulas revolucionarias, que utilizaron la democracia para llegar al poder, pero una vez lo conquistaron se dedicaron a cambiarla a su acomodo, no para estar un periodo sino para prolongar el dominio político durante décadas.

POPULISMO PELIGROSO

Con la bandera de crear una nueva Colombia, la izquierda Petro recurre a una estrategia populista que no duda en llamar a la desobediencia civil, a pedirles a los colombianos que no paguen los servicios públicos o  que no envíen a sus hijos al colegio. Mañana podría armar un boicot a los bancos o amenazar con su nacionalización si no adoptan sus políticas populistas. Es un riesgo que no debe correr el país, como tampoco lo es la posibilidad de ver marchitada la industria petrolera, que financia uan gran cantidad de programas sociales y es pilar de las exportaciones.

Petro basa su propuesta ecológica en renunciar a la búsqueda de crudo, lo cual generaría un grave problema económico, como también lo causaría su idea de emitir dinero para paliar la crisis social producida por la pandemia. Solo el efecto inflacionario de una medida de ese tipo sería suficiente argumento para evitarlo.

Sin embargo, en medio de la situación de debilidad de la economía -con un desempleo muy alto, especialmente entre las mujeres y los jóvenes- puede haber muchos colombianos que compren esa idea.

El populismo demagógico da réditos políticos y la contienda electoral que se avecina, con un país que apenas se está recuperando, puede ser tierra fértil para alguien que lo represente, como Petro, que tiene un discurso tan atractivo como irresponsable. Por fortuna, el país parece estar dándose cuenta de ello.





Esta es la ficha técnica de la encuesta de Datexco, publicada por W Radio:

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