“Es impresionante comprobar que tres países que tuvieron admirables indicadores de bienestar con respecto a los demás de la región sean hoy ejemplo de pobreza o crisis económica”.

Fernando Cepeda Ulloa

No veo cómo sería posible hablar de gobiernos de izquierda en América Latina. Estamos en presencia de diferentes gobiernos con aproximaciones de izquierda bien diferentes y por eso titulo esta nota en plural porque creo que eso es lo que estamos observando.

El gobierno de Cuba ni en sus comienzos ni ahora se parece a los que hoy clasificamos de izquierda. Ninguno se ha inaugurado con estrategias de tratamiento a la oposición como las que caracterizaron a la revolución cubana. Las alternativas eran tres: el paredón, la cárcel o el exilio. El gobierno más parecido al cubano sería el de Nicaragua y que sepamos no hay, ni hubo, ni habrá paredón. Cárcel sí y mucha para los opositores políticos, particularmente, en las últimas elecciones. Seguiría el gobierno de Venezuela donde la cárcel ha sido herramienta pública y notoria de intimidación y castigo. Pero tal vez el recurso más alarmante ha sido el del éxodo masivo de ciudadanos con todo lo que implica.

Se dice que más de 5 millones de venezolanos han caminado cientos de kilómetros para encontrar un sitio donde vivir, si es que esa es la palabra que puede describir la miserable situación a la que han sido sometidos.

Nada semejante ha ocurrido en Chile. Algunos abandonaron el país cuando Allende llegó a la presidencia y cuando el general Pinochet lo derrocó. Pero jamás en los volúmenes que conocemos para el caso venezolano o el cubano. Como que en ambos, Cuba y Venezuela, se prefería que los descontentos, disidentes o críticos se fueran del país; descomunal pérdida de talento humano, de mano de obra. 

Hay otros ejemplos de gobiernos que se calificaron como de izquierda pero que jamás dieron lugar a este tipo de situaciones. Inimaginable en el caso de un intelectual de tan altas calidades como Fernando Henrique Cardoso, cuyo gobierno fue admirado y respetado por muchos en su país y en el exterior. El caso de Lula es muy diferente tanto en su primera elección como ahora. Nadie compararía estos gobiernos brasileños con Castro, Chávez u Ortega. 

Es impresionante comprobar que tres países que tuvieron admirables indicadores de bienestar con respecto a los demás de la región sean hoy ejemplo de pobreza o crisis económica.

El caso de Petro es también muy diferente. Tiene elementos característicos de la tradición política colombiana por lo menos desde el Frente Nacional, con excepción del paréntesis que introdujo Virgilio Barco con el esquema gobierno-partidos de oposición. En sus relaciones con Estados Unidos y Europa ha sido bastante cuidadoso y equilibrado. Aunque maneja una retórica que muchos califican como de campaña, hasta el momento no se ha visto que propicie el exilio masivo de colombianos; pueden existir casos individuales de personas que prefieren irse a vivir a otra parte, anticipando males mayores, pero no se sabe que nadie en su gobierno haya siquiera imaginado en sus peores pesadillas crear un paredón o llevar gente a la cárcel porque asumen una posición crítica o disidente. La idea de un exilio masivo no se ve. 

Una razón adicional para no hablar de izquierda en singular. Es mucho más realista señalar que no estamos viviendo un libreto de izquierda en todos los países sino formas diversas de aplicar lo que se ha dado en llamar políticas progresistas o rupturas con el manejo tradicional de los gobiernos en nuestra región. 

Las dos últimas elecciones en los Estados Unidos han mostrado las fallas del sistema electoral y por el comportamiento inusitado del presidente Trump. Ahora en las elecciones intermedias también fue sorprendente la lentitud en proporcionar los resultados finales, también, por lo que los diversos estados tienen legislaciones diferentes sobre la contabilidad y transmisión de los datos. Algunos analistas han hecho una comparación con lo que ocurrió ahora en Brasil.

Hacen un elogio de la eficacia del Tribunal Electoral por lo menos en dos temas: 1. La distribución de informaciones falsas o calumniosas, algunas  de ellas muy ridículas; 2. La información del resultado final tanto de la votación presidencial como de las del Congreso evitó un desconocimiento, anunciado por el presidente Bolsonaro, en caso de que fuera derrotado. Un buen ejemplo cuando se da una confrontación tan dura entre la izquierda y la derecha.



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