Por Fanny Kertzman

Meghan Markle no sabía lo poco glamoroso que era el puesto que el destino le puso por delante. Iba a pertenecer a la casa Real, pero con el caveat de que sería una empleada pública con corona, pero empleada pública al fin y al cabo. 

Ahora ya no. Al divorciarse de la Casa Real, Harry y Meghan no podrán usar los títulos de Su Alteza Real, que es parte del glamour, pero eso es lo de menos cuando se tienen más de 10 millones de seguidores en su cuenta conjunta en Instagram @SussexRoyal. Esto es un enorme potencial de mercadeo, aunque como parte del acuerdo con la Reina no puedan seguir usando la marca, porque contiene la palabra Royal, Real.

¿De dónde vendrán sus ingresos ahora que se han separado de la Casa Real? Hasta ahora habían tenido dos fuentes. La primera, que cubría el 5 % de sus ingresos, era su participación en el Sovereign Grant, que es el fondo que paga a la realeza los gastos relativos a sus funciones, incluyendo residencia y oficinas. Este fondo se nutre con los ingresos que generan las propiedades reales y con dinero de los contribuyentes. Sin embargo, con la separación dejarán de recibir este dinero lo que los libera para hacer sus propios negocios. De otra manera sería incompatible.

Seguirán recibiendo ingresos de su otra fuente, el Ducado de Cornwall, que les provee el 95 % de sus necesidades. Este ingreso pertenece al Príncipe Carlos que lo comparte con sus hijos Harry y William. Es un enorme portafolio de propiedades e inversiones financieras que produjo casi 22 millones de dólares el año pasado. 

Dos razones explican la decisión de divorciarse de la Casa Real, además de lo aburrido que es asistir a banquetes, cortadas de cinta e inauguraciones sin percibir nada adicional por ello. La primera es que los representantes de la Corona no pueden tener posiciones políticas pero Meghan y Harry son progresistas, lo que es en sí mismo una decisión política. Las ideas que apoyan como el cambio climático, los derechos de las mujeres, la salud mental y el bienestar de los veteranos implican tomar una posición, lo que no pueden hacer si son parte de la realeza.

Pero la razón más importante es el negocio. Con ese enorme número de seguidores en redes sociales Harry y Meghan tienen una mina de oro como influenciadores. Quieren hacer su propia fundación al estilo de Bill y Melinda Gates, los Obama y los Clinton. Harry ya está en conversaciones con Oprah Winfrey para hacer una serie de TV sobre la salud mental para Apple TV y Meghan tiene un trato con Disney donde será la narradora de un documental sobre la crisis de los elefantes en Botswana.

Obviamente habrá libros, calendarios, prendas de vestir, funciones de caridad y campañas pro “cambio progresivo” y “acciones locales y globales”. Meghan promueve una fundación dirigida a mujeres desempleadas y tiene una línea de ropa para entrevistas que se dona a las beneficiarias. Otra línea de negocios son las conferencias que tanto los Obama, como los Clinton han aprovechado muy bien. Ya Harry hizo una presentación para JP Morgan en Miami y ha tenido conversaciones con Goldman Sachs. Legalmente podrían recibir ingresos de su fundación, no como antes cuando eran parte del Sovereign Fund. 

Sus ingresos potenciales son enormes, lo que justifica una separación de la Corona incomprensible para muchos.

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