Por Fanny Kertzman

Después de varios idas y vueltas, el Congreso de Perú aprobó la candidatura de Francisco Sagasti, quien se convirtió en el tercer presidente del país en una semana tras la destitución de Martín Vizcarra, y la renuncia de Manuel Merino.

Sagasti es industrial, investigador y escritor, de 76 años. Era congresista desde marzo de este año para el período 2020-2021 por el Partido Morado, fundado por él y sus amigos políticos más cercanos.

Su carrera política y profesional se remonta a 1968, cuando tuvo varios cargos en el gobierno militar de Velasco Alvarado tras el golpe de Estado. Fue asesor del ministro de Industria, el contralmirante Alberto Jiménez de Lucio. Asimismo, colaboró en asuntos de industrialización y tecnología, y asesoró al Consejo de Investigación Nacional.

De 1985 a 1987 fue asesor del entonces ministro de Relaciones Exteriores, Allan Wagner Tizón, durante el Gobierno de Alan García. Luego, entre 1988 y 1989, se desempeñó como presidente del Comité Consultor de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de las Naciones Unidas.

En su larga trayectoria también fue alto ejecutivo del Banco Mundial, donde ejerció como jefe de la División de Planeamiento Estratégico entre 1987 y 1990. Luego, de 1990 a 1992, pasó a desempeñarse como asesor principal de los departamentos de Evaluación de Políticas y de Relaciones Externas del organismo internacional. Sagasti también ejerció como profesor en la Universidad del Pacífico y en la Pontificia Universidad Católica del Perú, entre otras.

En 1996 fue secuestrado por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, en el marco de la toma de la residencia del embajador de Japón en Lima. Después de un par de días en cautiverio fue liberado. Ha escrito más de diez libros sobre política, economía, desarrollo y tecnología, entre otros temas.

Sagasti asume el cargo de presidente en una de las peores crisis políticas en la historia de Perú. Tiene cinco meses, hasta las elecciones de abril de 2021, para enderezar el rumbo en medio de la pandemia y una ciudadanía descontenta con los enfrentamientos y corrupción de la clase política.

La crisis de ahora es la culminación de cuatro años de luchas internas entre los presidentes elegidos y un Congreso manejado por la oposición. Los congresistas estaban dedicados a poner toda clase de mociones en contra del ejecutivo, diseñadas para evitar que el Gobierno actúe. Keiko Fujimori, líder del Partido Fuerza Popular, perdió las elecciones presidenciales de 2016 en una apretada competencia, pero su partido mantuvo la mayoría de las sillas en el Congreso, oponiéndose a todas las iniciativas del Ejecutivo. La lucha por el poder fue particularmente fragorosa en el ramo de educación.

El 9 de noviembre el Congreso votó para destituir al entonces presidente Martín Vizcarra, con acusaciones por corrupción de cuando fue gobernador de Moquegua de 2011 a 2014. Vizcarra fue reemplazado por el presidente del Congreso, Manuel Merino, lo que generó enormes protestas que dejaron dos muertos. Merino, quien no goza de buena imagen, aguantó solo cinco días. 

El nombramiento de Francisco Sagasti ha sido bien recibido, puesto que su partido se opuso al derrocamiento de Vizcarra. Pero la situación está lejos de ser estable. Hay un gran descontento contra la clase política que puede resultar en nuevas protestas.

“El nombramiento de Francisco Sagasti ha sido bien recibido, puesto que su partido se opuso al derrocamiento de Vizcarra”.

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