Hace 22 años —el 6 de diciembre de 1998 para ser más exactos— un exoficial golpista, para llamar las cosas por su nombre, llegaba al poder en el vecino país de Venezuela, con la promesa de una república refundada para alcanzar la justicia social, erradicar la corrupción y acabar con la pobreza.

Ese fue el plan de gobierno populista que le vendió Hugo Chávez Frías a los venezolanos. Los que por aquella época marchaban en las calles y escuchaban las promesas populistas de un exmilitar que había saltado a la fama como líder de un golpe de Estado fallido en 1992. Un golpe de Estado con el cual intentó derrotar al presidente de ese entonces Carlos Andrés Pérez y que posteriormente Rafael Caldera, le concedió el indulto.

Después de 22 años, su movimiento bolivariano es apenas un remedo de promesas incumplidas, un país devastado por la corrupción del chavismo —que posteriormente encarnó Nicolás Maduro—, con una economía que colapsó hace rato, sin ninguna justicia social y un pueblo cada vez con más hambre, sin salud, sin educación, sin acceso a servicios básicos como el agua o la electricidad.

Será que los colombianos no vamos a aprender de la lección de un país que hace 22 años tenía problemas de corrupción, de desigualdad social, que pedía cambios en sus dirigentes políticos, pero que económica y socialmente era totalmente viable, donde se respetaban los derechos humanos, donde había democracia y no una dictadura que ha llevado a cientos de miles de venezolanos a huir de su país y otro tanto está hoy preso en las condiciones más infrahumanas.

Aquí en nuestro país estábamos viviendo las marchas de la protesta social, legítima como lo dice la Constitución, pero ilegal en su vandalismo puro donde se esconden las intenciones de grupos al margen de la ley y donde políticos populistas como Gustavo Petro, alimentan la llama del caos de ese populismo barato, de promesas falsas por medio de mensajes en Twitter que utiliza como su púlpito sagrado.

Gustavo Petro es un populista incendiario, un senador irresponsable que no ha hecho cosa distinta que echarle gasolina a las protestas por medio de las redes sociales. Las protestas de la primera semana de septiembre, donde los vándalos destrozaron los bienes públicos de la ciudad, tuvieron eco de aprobación en Petro. Ese político amigo íntimo del chavismo y que aspira a llegar a la Casa de Nariño.

El líder de la Colombia Humana ha estado detrás de estas manifestaciones sociales como esa mano invencible que lo mueve todo y después lo niega. Basta con revisar sus mensajes en Twitter para comprender su tono populista y beligerante que no corresponden a un hombre que aspira a llegar a la Presidencia de Colombia.

Cuando el país necesita de una gran serenidad para manejar temas tan delicados como el de la Policía, las masacres en el Cauca, la reactivación económica del país, el señor Petro en lugar de aportar con ideas de soluciones, se ha dedicado a echarle más gasolina al fuego. Desde las redes sociales lo único que ha hecho es reproducir los videos del vandalismo que se disparó no solo en Bogotá, sino en otras ciudades del país. En lugar de condenar estos actos lo que hizo fue exaltarlos. Eso se llama apología del delito. Eso tiene nombre propio: instigación a hechos violentos.

Sus frases para referirse a los ataques de los vándalos a miembros de la Policía no son propiamente las de un estadista: “les traigo poesía”, para ver desfilar las imágenes de una violencia irracional.

Cuando las autoridades actuaron para restablecer el orden, para reconocer el error tan grave que cometieron en el procedimiento contra Javier Ordóñez que le costó la vida, el senador siguió alimentando las redes, llamando al Gobierno de Duque de dictadura.

¿Será que el señor Petro no ve lo que es una dictadura a través de sus amigos íntimos del régimen venezolano? ¿Esa es la Colombia que quiere para el futuro? Porque su estrategia en estos tiempos difíciles no es constructiva sino anárquica.

Los colombianos tenemos que aprender de memoria la lección de lo que pasó con Chávez y Maduro. No podemos seguir siendo condescendientes con ese populismo que solo lleva al caos, a la pobreza, al atraso, a la corrupción y a la dictadura que quiere imponer el líder de la Colombia Humana. Los colombianos debemos exigir de nuestros gobernantes soluciones a los problemas sociales, entereza para solucionar la situación económica agravada por la pandemia. Pero ante todo, debemos rodear la democracia.

ÁLVARO RODRÍGUEZ ACOSTA

Presidente / Revista Alternativa

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