Por Juan David Escobar Valencia

Unos años antes de su muerte, Stephen Hawking, el físico teórico que terminó sus días como un ejemplo virtuoso de las posibilidades de la integración hombre-máquina, advirtió sus temores sobre la “inteligencia artificial (IA)” porque según él, esta “podría significar el fin de la raza humana”, ya que «los humanos, quienes están limitados por la lenta evolución biológica, no podrían competir y serían reemplazados».

No diré que uno de los más brillantes científicos de la historia estuviera completamente equivocado, pero si apelamos a la larga ‘evolución biológica’ de la humanidad, a mí no me asustan tanto los riesgos potenciales de la inteligencia artificial de las máquinas porque creo que son menos graves que los que durante milenios hemos logrado sobrellevar y están asociados con la estupidez natural y silvestre de los humanos, especialmente la de algunos que, por el azar en el que navega nuestra existencia, terminaron siendo sus líderes.

Me da más miedo la “idiotez auténtica” de algunos humanos, especialmente la de algunos políticos, que la posible superioridad de la inteligencia artificial de las máquinas.

Quiero creer que si la IA se diseña de manera que no incumpla las tres leyes de la robótica propuestas por Isaac Asimov (1. Un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño. 2. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley. 3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley), entonces sería menos peligrosa que tener como presidente de Colombia a Fajardo, o a Petro, que es más inflamable, tóxico e inestable que el hidroperóxido terbutílico sin diluir.

Por avanzada que sea la IA, que finalmente es una forma más capaz y veloz de la manera como piensan los humanos, no creo que ningún algoritmo, ni siquiera el que animaba a la terca computadora HAL 9000 de la película 2001: odisea en el espacio, de Stanley Kubrick, sea diseñado para satisfacer el ego desbordado de esos que posan de inteligentes, pero en realidad son manifestaciones bípedas de la estupidez químicamente pura, como todos los correligionarios del Socialismo del Siglo XXI. ¿O ya olvidaron la brillantez de Evo Morales, que enardecido recordaba la valerosa lucha de los indígenas de Bolivia contra los soldados del imperio romano? ¿O la esclarecedora hipótesis de Hugo Chávez, héroe de Petro, según la cual la vida en Marte habría desaparecido por la llegada del capitalismo al cuarto planeta?

“No creo que vaya a ser más peligrosa la inteligencia artificial que la ‘avezada lógica’ de ocho millones de colombianos que, por idiotez o complicidad, votaron en 2018 por quien dijo hace poco que la solución al problema fiscal colombiano era una emisión de moneda”.

Pero no se queda atrás el representante en Colombia del ‘socialismo del siglo XXI’, propuesta que solo por seguir viva demuestra la peligrosidad de la idiotez auténtica de los humanos a quienes de nada les ha servido ver cómo ese modelo atroz ha fracasado donde se ha implantado. ¿Habrá algoritmo más peligroso que la revolucionaria y ‘disruptiva’ propuesta de Petro de cambiar los ingresos petroleros de Colombia por la siembra de aguacates? Sin saber que para reemplazar dichos ingresos habría que sembrar millones de hectáreas, y un aumento de tal magnitud en la oferta derrumbaría el precio, lo que obligaría a sembrar a toda Colombia con aguacates para compensar la pérdida, y luego habría que sembrar la selva amazónica y hasta el infinito y más allá. ¡Y hay jóvenes que creen que este ‘genio’ es un ambientalista!

Parece que graduarse de economista no le sirvió para entender de economía básica. Comprender la elasticidad de precios de oferta y demanda requiere que el cerebro también sea elástico y no esté esclerotizado. Petro debe ser colega de Ogbonnaya Onu, ministro de Ciencia y Tecnología de Nigeria, país dependiente del petróleo como Colombia, quien para subsanar los problemas que la baja del precio del petróleo le provocó a las finanzas gubernamentales hace unos años, propuso que Nigeria se convirtiera en el “primer productor mundial de lápices”, lo que supuestamente crearía unos 400.000 empleos. ¿Quién será el asesor de quién?

Isaac Newton decía que él “podía calcular los movimientos de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente”. Por eso no creo que vaya a ser más peligrosa la inteligencia artificial que la ‘avezada lógica’ de ocho millones de colombianos que, por idiotez o complicidad, votaron en 2018 por quien dijo hace poco que la solución al problema fiscal colombiano era una emisión de moneda. ¿Y por qué mejor no les regalan a todos los colombianos una fotocopiadora para que cada uno imprima lo que necesite y nos ahorramos la intermediación del Banco de la República? Inteligente.

Si Stephen Hawking hubiera vivido lo suficiente para ver a quienes aspiraban, ‘nuevamente’, en 2022 a ser presidente de Colombia, se hubiera muerto al presenciar una posible singularidad mayor que el Big Bang: ver cómo un país podría volverse instantáneamente en un agujero negro, y tener que aceptar que todas sus teorías al respecto eran tan vanas como el éter.