A sangre y fuego

El enfrentamiento entre organizaciones de narcotráfico y grupos disidentes de la guerrilla por control de territorios, ha cobrado víctimas inocentes que han quedado atrapadas en medio del fuego en 34 masacres que han ocurrido a lo largo del año. Mientras tanto, en esta época de confinamiento, la delincuencia común impone su ley en las principales ciudades del país. La extorsión virtual ha crecido en un 76 %

Llano Verde es uno de los barrios marginales más pobres de Cali. Es una de las zonas más convulsionadas de la ciudad y estratégica para las organizaciones criminales que manejan los cargamentos de droga y grupos disidentes de las FARC. El accionar de estos grupos, que han sembrado el terror en los barrios populares de la capital vallecaucana, facilita por su cercanía con el corregimiento de El Hormiguero que se ha convertido en un corredor de la guerrilla y del narcotráfico hacia el norte del Cauca.

En ese convulsionado barrio de la ciudad, cinco adolescentes entre los 14 y 15 años fueron asesinados brutalmente el pasado 11 de agosto. Sus cuerpos, arrojados a un cañaduzal, mostraban signos de tortura y tiros de gracia en la cabeza. Eran jóvenes con sueños de ser bailarines, futbolistas, emprendedores. Amigos que junto con sus familias habían huido de la violencia en la zona rural del Pacífico.
Durante esta cuarentena se escapaban al corregimiento de El Hormiguero a disfrutar de las aguas cristalinas de las lagunas que se forman en este lugar. Esa tarde de martes ninguno de ellos regresó a casa y había una enorme preocupación por los alarmantes índices de inseguridad y los enfrentamientos a bala de las bandas por el control del barrio.

Horas después sus cuerpos fueron hallados sin vida. Las estructuras poderosas, que imponen su ley a punta de las balas, acabaron con la esperanza de estos jóvenes que pertenecían a la academia de baile del barrio y practicaban fútbol para huir del vicio y del reclutamiento forzoso de la guerrilla.

200 millones de pesos se ofreció como recompensa para dar con el paradero de los autores de esta masacre. Las autoridades dijeron que tenían pistas. La comunidad protestó, marchó y lloró a unos “pelados sanos, que iban de tarde en tarde a nadar a una de las lagunas”. Hoy, todavía las autoridades no saben qué pasó ni quiénes cometieron este aterrador crimen.

A sangre y fuego

Cuatro días después, en la vereda Santa Catalina, municipio de Samaniego, Nariño, hombres encapuchados y armados ingresaron a una casa donde un grupo de 50 personas departían en una reunión social y sin mediar palabra asesinaron a ocho jóvenes.

Nadie sabe por qué razón los mataron. Lo único claro ha sido la preocupación del gobernador de Nariño, Jhon Rojas, quien ha señalado en reiteradas ocasiones que en su departamento se ha incrementado la presencia de organizaciones del narcotráfico que han tratado de imponer su ley a punta de fusil y la fuerte presencia de guerrilleros del ELN. “La población está en medio del fuego cruzado entre bandas de narcotráfico y guerrilla”.

A sangre y fuego

Investigadores de la Policía y la Fiscalía, llegaron a la vereda Santa Catalina, para establecer qué pasó. También se ofreció una fuerte recompensa por los autores de la masacre. Hasta la fecha solo se habla de hipótesis, de disputas entre la delincuencia por el control de territorios. Mientras tanto, los jóvenes asesinados eran en su mayoría estudiantes universitarios, que pasaban la cuarentena con sus familiares y soñaban con convertirse en médicos, contadores o ingenieros.

La muerte recorre las poblaciones del sur del país. En solo 24 horas hubo tres masacres que dejaron 17 jóvenes asesinados y que suman 34 en lo que va corrido del año. La presencia de bandas criminales del narcotráfico, los grupos disidentes de las FARC, la guerrilla del ELN, es una mezcla explosiva que ha sembrado el terror en estas zonas del país. A eso se suma el abandono del Estado por años.

En las capitales

Pero estos hechos de violencia e inseguridad, no solo ocurren en los barrios marginales de las ciudades, las veredas y municipios donde las autoridades solo llegan cuando hay masacres e indignación de la población. Las principales ciudades del país, también sufren la epidemia de la delincuencia.

Los casos de extorsión por redes sociales están disparados. Durante la cuarentena el Gaula de la Policía ha registrado más de 900 casos de extorsión virtual, que comparado en el mismo periodo del año pasado, se registra un preocupante crecimiento del 76 %.

De acuerdo con la Policía, la población más afectada son las niñas entre los 13 y 17 años, quienes son contactadas por Internet por supuestas agencias de modelos, para pedirles fotos en ropa interior y luego viene la extorsión. Estudiantes universitarias han sido contactadas por estos delincuentes quienes han exigido pagos de cinco millones de pesos, para no publicar sus fotos íntimas.

Los hurtos de celulares y bicicletas, se han incrementado durante el periodo de aislamiento. Una de las ciudades más afectadas ha sido Bogotá. En solo el mes de mayo fueron denunciados 4.392 robos, de ellos 1.100 fueron bicicletas. El 30 % de estos atracos se cometieron intimidando a las personas con armas blancas y el 46 % con agresiones físicas, entre ellas la muerte. ¿Y qué decir del robo de celulares? Las autoridades de la capital señalan que cada hora se roban 10 celulares.

A sangre y fuego

Otra de las modalidades que tiene con los pelos de punta a la ciudadanía son las bandas especializadas en robos de residencias. Estas organizaciones, que se movilizan en vehículos de alta gama, ingresan a los conjuntos residenciales y desocupan los apartamentos mientras sus víctimas son amordazadas y ultrajadas. Incluso, han realizado asaltos a joyerías en centros comerciales.  

Llamado de atención

Las masacres ocurridas en Cali y en la vereda de Santa Catalina, llamaron la atención de los organismos internacionales. Naciones Unidas, manifestó en un comunicado su “honda preocupación por la continuidad de homicidios de defensores de derechos humanos, líderes sociales y excombatientes de las FARC”.

Este organismo tiene documentadas 33 masacres ocurridas en el país en lo que va corrido del año y 97 asesinatos de líderes sociales. La Misión de Verificación de Naciones Unidas registra que a la fecha han sido asesinados 215 excombatientes que se acogieron al Proceso de Paz.

La combinación de todas las modalidades del crimen y delincuencia en el país, preocupa a las autoridades. Organizaciones tenebrosas del narcotráfico, han ido ganando espacio al igual que las organizaciones de delincuentes que operan con armamento sofisticado en las principales ciudades del país.

Los hurtos a celulares y bicicletas, se han incrementado durante el periodo de aislamiento. Una de las ciudades más afectadas ha sido Bogotá, solo en el mes de mayo fueron denunciados 4.392 robos, de ellos 1.100 fueron bicicletas.

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