Por PATRICIA RODRÍGUEZ ACOSTA

Directora Fundación ÉtikaVerde

La Fundación Étikaverde trabaja en dos grandes frentes: la conservación de fuentes de agua en los páramos de Zipacón y en soluciones sociales en Buenaventura

En Cundinamarca, a 50 minutos, al occidente de Bogotá, vía Facatativá, se encuentra el municipio de Zipacón, que desde el pasado ha sido la puerta de entrada, desde las zonas altas de la sabana a las cálidas de la provincia del Tequendama. Esta zona está demarcada por un gran corredor de montes escarpados y bosques nublados, ricos en fauna y de vital importancia por su capacidad de captar, retener, y distribuir agua para la viabilidad de los territorios. 

A pesar de haber sido declarado Distrito de Manejo Integrado por la CAR, la actividad humana, ha venido devastando y fragmentado este ecosistema, que en realidad debería ser declarado Patrimonio Natural de Cundinamarca y de Colombia, por su belleza paisajística y los servicios ecosistémicos que nos proporciona.

Allí en el Ocaso en la parte cálida de Zipacón, en la falda de unos de estos bosques escarpados, nace en el año 2009, la Fundación Étikaverde, con el objetivo de contribuir a la conservación de estos ecosistemas y también por la necesidad de que la comunidades que allí habitan, comprendieran la importancia de cuidar su entorno natural y especialmente el agua.

AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

La agricultura es una de las actividades que mayormente impacta el ambiente en este territorio, por eso la Fundación Étikaverde, inicia su labor educativa en respuesta a la pregunta ¿cómo vivir de la tierra cuidándola? Así, ha venido desarrollando un paquete tecnológico, basado en los microorganismos benéficos del bosque, para una agricultura ecológica y sostenible y entrega ese conocimiento a quienes quieren intentar una forma respetuosa de trabajar con la naturaleza.

En alianza con otras instituciones ha ampliado la transmisión de la tecnología a otras regiones del país y espera que más productores puedan hacerla suya y con ello contribuyan al desarrollo sostenible de sus regiones. Además de aportar a la restauración de ecosistemas y cuencas hídricas involucrando las comunidades.

En Buenaventura, Valle, en el litoral Pacífico, destacan los hermosos parajes biodiversos y ecoturísticos, así como la impactante selva pluvial tropical, con el potencial cultural y la alegría de los habitantes de esta ciudad portuaria.

Sin embargo, tanto en la zona rural como la urbana, existen grandes problemáticas sociales, también ambientales, y por ende grandes necesidades en términos de salud, servicios, seguridad alimentaria, educación, vivienda, etc. En una zona tan importante del país se requiere no solo del apoyo y la voluntad de todos los sectores, sino también de la solidaridad, de organización social de las personas que forman parte del entorno.

Aunque la Fundación inició en la región Andina, es ahora parte de la responsabilidad social empresarial de Ventura Group, y empezó su intervención en el año 2010 al realizar un primer diagnóstico para conocer las necesidades de la ciudad portuaria. En respuesta a lo encontrado y a los a requerimientos de la misma comunidad, creó el Centro GES (Centro de Gestión de Entornos Saludables). GES, apuesta por encontrar soluciones concretas y propone formas de vida saludables para lograr grandes cambios, tangibles y permanentes. El propósito de su gestión, es articular las instituciones privadas, estatales, las empresas y la comunidad para lograr los objetivos trazados. 

AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Cuando hablamos del ambiente nos referimos a la buena relación del ser humano con su entorno natural y urbano. La preocupación constante de la fundación es encontrar herramientas educativas y realizar acciones concretas, que permitan el buen desarrollo de las comunidades en donde podemos intervenir con nuestra labor. Regional Andina y Regional Pacífica comparten dos realidades distintas enmarcadas en un mismo objetivo: Étikaverde contribuye a la conservación de la naturaleza y a la buena relación del ser humano en su entorno.