Fotografía: Ricardo Otero.

Alternativa: ¿Cómo ve el panorama económico que está viviendo el país, cuando se habla de turbulencia, de incertidumbre y se especula de un sismo que se refleja con muchos proyectos quietos al igual que la inversión extranjera?

Bruce Mac Master: se trata sin duda alguna, de una situación muy compleja, especialmente a nivel internacional porque el mundo está viviendo una situación muy difícil. La invasión de Rusia a Ucrania ha generado una enorme cantidad de consecuencias, especialmente cuando el mundo viene de estar tan golpeado por la pandemia. Tenemos un mundo muy convulsionado en lo económico, con una eventual recesión en Europa, otra en los Estados Unidos, además de un mundo inflacionario y en medio de ese escenario está Colombia tratando de medio moverse, con un gobierno nuevo que ha querido hacer unas cosas diferentes, que son distintas, que por supuesto nos genera una complejidad adicional para los colombianos. Tenemos una gran cantidad de retos por delante y creo que será el momento económico más complejo desde el punto de vista económico que hayan vivido muchas generaciones.

¿El golpe con el dólar, que está prácticamente en cinco mil pesos, es el reflejo de lo que usted señala que está ocurriendo a nivel mundial? 

No hay duda. El golpe del dólar proviene más o menos de la mitad de lo que está ocurriendo a nivel internacional. El dólar se ha venido fortaleciendo frente a todas las monedas. El Euro se ha debilitado, el Yen igual, la Libra Esterlina y mientras esto sucede Colombia tiene unas características especiales que se suman como son las expectativas de la gente, de los mercados alrededor de la moneda en particular.

Pero hay críticas que dicen que las declaraciones de un gobierno influyen mucho también en los mercados, en la confianza. ¿Usted cree que ahí hemos tenido alguna influencia en ese sentido?

Le he hecho un llamado directo al gobierno y los funcionarios del gobierno a que asuman como propia la responsabilidad de construir confianza en todos los sentidos. Y ahí hay una tarea por hacer. De alguna forma las ideas que trae este gobierno con las cuales fue elegido, son ideas que no han terminado de diseñar. Como, por ejemplo, quiero cambiar el sistema de salud, cambiar el mercado de hidrocarburos, la política energética. Eso por supuesto es válido, tiene que tratar de hacerlo. Pero tiene que mirar bien a la luz de lo que los mercados leen. Todo lo que dicen los funcionarios públicos es importante. Todo, absolutamente todo. Por eso las declaraciones son tan importantes. Cuando hay una declaración que genera incertidumbre, lógico se tiene efectos sobre la tasa de cambio.

¿Subir tasas de interés va a ayudar a bajar el dólar, va ayudar a bajar la inflación?

Desde hace por lo menos un año he venido diciendo que el incremento abrupto en las tasas de interés en Colombia tiene varias consecuencias. La primera, no va a bajar la inflación. La razón es porque estamos enfrentando una inflación internacional. Donde sí hay un beneficio es donde se logre atraer capitales extranjeros para que inviertan en Colombia, pero el gobierno ha dicho que no va emitir más TES durante este año. Es decir, no hay alternativas de inversión y por ende no tenemos cómo recibir esos capitales. El Banco de la República está en la disyuntiva de flujo de capitales hacia el país y crecimiento.

La tasa de interés es buena para controlar la inflación porque afecta la demanda y afecta la actividad económica. Le baja el acelerador a la economía. Por eso el Banco está en una disyuntiva muy compleja. En todo caso la solución no está en la velocidad de aumentar la tasa de interés. Tenemos que generar a nivel global condiciones de confianza.

¿Usted cree que eso sí está pasando? 

Hay ciertas declaraciones, y eso todo el mundo lo sabe, que ahuyenta los capitales. No basta con decir que vamos a continuar con los contratos de exploración y explotación. 

¿Cómo está viendo hoy el panorama de la reforma tributaria?

Todavía tenemos una reforma tributaria que aspira a ser grande, robusta, la más ambiciosa de la historia de Colombia. Y la pregunta es si en las condiciones en las que estamos a nivel internacional, Colombia puede asumir la reforma más grande de la historia. Y la respuesta nuestra es no. Los impuestos sobre los hidrocarburos y carbón, no se pueden hacer porque el país debe generar las condiciones más favorables para producir divisas en el futuro. Y esa es nuestra principal fuente de divisas. Tengo la ilusión que el gobierno piense nuevamente el tema, que el Congreso se dé cuenta de cuál es el riesgo que tenemos y que se modere la reforma tributaria.

El expresidente Gaviria realizó un estudio muy juicioso sobre los inconvenientes que presenta la reforma tributaria. ¿Usted ve que ese documento es la hoja de ruta que se debe seguir? 

Nosotros coincidimos mucho con ese informe. Claro que sí. Uno tiene que ser muy consciente sobre el efecto en la gente. Con una inflación como la que tenemos hoy en día no parece razonable tener impuestos que afecten la canasta familiar. Hay que ser muy responsables.

Frente al panorama que usted ha mostrado de lo que está pasando a nivel global y en Colombia, ¿hay alguna posibilidad de aplazar la reforma tributaria?

Nosotros hemos hecho algunos cálculos entre ellos cómo va el recaudo de impuestos y vemos que va disparado. Miramos la reforma del 2021 y pensamos cuándo entrará en vigencia y va a entrar ahora en el 2023. En este instante el gobierno va a tener una proyección inmensa de recursos adicionales. Y también hay que ver cómo va a ser esa ejecución del presupuesto.

Es muy difícil ejecutar por parte de un gobierno. Todavía no hay programas diseñados al cien por ciento para saber en qué se van a gastar esa recaudación tributaria. El gobierno podría decir de esta reforma algunas cosas, como que no entre en vigencia el año entrante sino en dos años. Sería razonable que lo hiciera. Dejemos libre el 2023 que va a ser el año duro de la recesión.

Ustedes le apuestan a una reforma tributaria que esté en la mitad de lo que quiere el gobierno. ¿Es decir unos 12 billones de pesos?

La reforma máxima que no haría daño, que no generaría recesión, debería ser de 8 billones de pesos. Y no es una reforma pequeña.

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