Los jóvenes bonaverenses se unieron en un movimiento que busca reivindicar una serie de temas sociales, culturales y de seguridad, que les garantice un mejor futuro y se abran oportunidades de estudio y trabajo que hoy no tienen.

Leonard Rentería habla atropellado, sin descanso, con la misma prisa que lo hace cuando sube a un escenario y suelta sus letras de rap que hablan de la vida, de la esperanza, de un mejor futuro para miles de jóvenes de Buenaventura que temen por su existencia. La inseguridad se ha disparado a índices nunca vistos en el puerto. Solo en el mes de enero, 23 jóvenes fueron asesinados y 170 000 personas están catalogadas en alto riesgo. 

A comienzos de febrero, en las redes sociales comenzaron a aparecer mensajes con la etiqueta #SOSBUENAVENTURA, que muy pronto se volvieron virales y daban cuenta de la dramática situación de inseguridad que estaban enfrentando los jóvenes de los barrios más populares de Buenaventura. En esos mensajes virtuales se hablaba de los plantones que están haciendo los estudiantes de colegios y universidades para pedir acciones por parte de las autoridades y evitar más asesinatos. 

También hablaban de invitar al ministro del Interior, Daniel Palacios, a que se quedara a dormir en una de las zonas difíciles de la ciudad y sin escoltas. “Solo usted, en una de las casas de madera en uno de estos barrios, con la Policía distante, como suele suceder, a ver qué opina”, fue uno de los múltiples trinos que llamaron la atención del país y que, de paso, le dieron vida y fuerza al movimiento juvenil Buenaventura Resiste. 

“Los jóvenes vivimos llenos de temor y necesitamos construir para ocupar el tiempo en temas productivos y no seguir a merced de los grupos delincuenciales. Necesitamos que el Gobierno central escuche nuestras necesidades y que ponga en marcha los programas sociales que tanto necesitamos”, señala Rentería.

El movimiento Buenaventura Resiste está conformado por jóvenes que están cursando estudios superiores y otros que han finalizado sus carreras y no encuentran oportunidades de trabajo. Los plantones en diversos barrios de la ciudad empezaron con un pequeño grupo, pero con el paso de los días ha ido creciendo lentamente. “No es fácil pertenecer a estos movimientos por el tema de la inseguridad. En las manifestaciones que hemos realizado han estado observando gente que pertenece a las bandas que operan en los barrios en los que vivimos. Es una amenaza vedada y muchos temen que pueda pasar a mayores”, afirma Jonathan Díaz, quien se rebusca la vida como fotógrafo. 

Para Leonard Rentería, esta es la oportunidad de movilizar a la juventud en favor de lograr que la Alcaldía y el Gobierno nacional pongan en marcha proyectos de interacción social y se tomen medidas de fondo que garanticen la seguridad y la protección de los jóvenes. Son 23 homicidios sólo en enero, casi la misma cifra de todos los asesinatos de 2020. A eso se suman 170 000 familias en alto riesgo, en los barrios donde las bandas operan y resuelven cualquier problema a punta de bala. “Estamos pidiendo más inversión social, más atención a los niños y jóvenes. No queremos más guerra”. 

Uno de los temas que más preocupa a los jóvenes que integran este movimiento es el reclutamiento que están haciendo las bandas que manejan el mercado de drogas ilícitas. “Como no hay oportunidades, no hay trabajo, no hay espacios culturales para ocupar el tiempo, terminan de gatilleros al servicio de esas bandas que les ofrecen una paga mensual para hacer ajustes de cuentas”, narra Díaz. 

Buenaventura ha sido cuna de grandes artistas, cantantes, futbolistas y atletas que han logrado salir adelante por sus propios medios. Muchos de ellos se preguntan hoy cómo lo lograron, si las oportunidades eran prácticamente inexistentes. Uno de ellos es Willy García, que se convirtió en el cantante estrella del Grupo Niche en su época dorada. Canciones universales de la salsa como “Gotas de lluvia”, “La magia de tus besos” o “Eres” lo llevaron a la fama. 

No obstante, nunca olvidó sus raíces. Willy García cuenta que cada vez que va a Buenaventura se para en las viejas calles del barrio Lleras, uno de los más populares y convulsionados, para preguntarse: “cómo lo logré si aquí las posibilidades de sobrevivir eran casi nulas”. Hoy, a sus 49 años, treinta años después de haber partido para convertir su sueño de ser cantante de Niche y de consolidar una carrera que le ha dado todo, está dedicado, a tiempo completo, a abrir las puertas de su fundación. 

García, junto con sus hijos, decidió llamar a la fundación Tengo fe. Estará enfocada de lleno en las artes escénicas. La creó en la casa donde nació, cuyo interior fue remodelado para convertir el espacio en salones de canto y de ensayos para teatro y un estudio de grabación. Allí, los niños de 8 años en adelante tendrán la oportunidad de cumplir sus sueños como lo hizo Willy, con la diferencia de que tendrán una mano tendida para lograrlo. 

El movimiento Buenaventura Resiste se consolida, como el trabajo de Willy García. Los niños y jóvenes necesitan con urgencia ser arrebatados de la violencia, que haya oportunidades de soñar con un mejor mañana.