Detrás del éxito deportivo de Anthony Zambrano, medallista de plata olímpico, está una Miladys, quien lo crio sola y se convirtió en su primera entrenadora correteándolo por sus travesuras. Ella es su gran estímulo para triunfar.

Anthony Zambrano es el primer medallista olímpico colombiano en atletismo.

Por ANAMARÍA VÁSQUEZ CARO

Periodista

Fotos: Carlos Capella

Se siente que Miladys y Anthony Zambrano son un solo ser. La madre no se cansa de mirarlo con amor y orgullo. Anthony, el atleta prodigioso, medallista de plata de los 400 metros en la reciente olimpiada de Tokio, es producto de su fe inquebrantable en Dios. Siempre ha pensado que su hijo tendría grandes oportunidades en la vida y era una gran bendición que el Señor le enviaba. “Dios tenía para él muchos propósitos en la vida y yo lo supe desde que estaba en mi vientre.”

Miladys es madre soltera. En Maicao (La Guajira) de donde es, se enamoró del padre de Anthony y se fueron a vivir juntos. Cuando él supo que estaba embarazada, la dejó, pero ella siguió adelante sola. Anthony nació el 17 de enero de 1998 allí también, en la ciudad de los árabes y de las mercancías provenientes de todas partes del mundo.

Al mes de nacido se trasladó con él a Barranquilla para iniciar una nueva vida y descubrir el futuro. “Yo fui su primera entrenadora -dice Miladys (Anthony la voltea a ver con un gesto leve de sorpresa)-. Cuando lo correteaba para disciplinarlo, era imposible alcanzarlo”. ¿Por qué, Anthony?  “En el barrio de dónde venimos no había luz, ni agua, ni gas. Estaba localizado en una montaña muy empinada y yo me la pasaba subiendo y bajando la pendiente a pie, descalzo; jugando a la lleva, al escondite; corriendo todo el tiempo, y nadie me alcanzaba”. 

– Su madre interviene: “Esto era serio. Lo enviaba a comprar media libra de azúcar a la tienda y cuando regresaba, como venía corriendo, la bolsa se le explotaba y se me escondía para que no lo regañara”. 

– Fueron tiempos difíciles, de escasez económica y “con un pelao muy travieso. Tiempos para agarrarse de la fe y los sueños”, expresa Miladys.

La infancia de Anthony está plagada de metidas de pata y anécdotas típicas de un niño de barrio. “Me le perdía a mi mamá, pero regresaba, contrito, aunque sabía que tendría una gran reprimenda”. 

Su madre vuelve a mirarlo con amor y rememora aquellos tiempos de la pelota y las cometas, los juegos, las correteadas y los castigos. “Cuando no se portaba bien, le quitaba las cosas que más le gustaban: la calle, la televisión”. Y el fútbol, su otra pasión. “Si no hubiera sido atleta, sería futbolista. Sería un gran arquero. No me dejaba meter goles. Era buenísimo atrapando pelotas. Nadaba en los jagüeyes que había en los alrededores y allí jugaba con mis amigos”.

Sin embargo, la vida no dejó que el deportista pudiera ser más niño, más adolescente. Le tocó madurar de la noche a la mañana, pero él cree que ha sido beneficioso porque todo este quehacer temprano lo ha llevado al éxito y a conseguir lo que se ha propuesto en la vida.

El colegio María Cano, donde estudiaba Anthony, fue su primer apoyo económico. “El profesor Ezequiel Suárez se dio cuenta de mis capacidades y organizaba bingos, colectas, para que yo pudiera viajar a los lugares de competencia”. Así viajó a Bogotá a varios torneos, al Mundial de Atletismo en Cali, en 2015, en donde se coronó campeón en los 400 metros. 

“Coldeportes comenzó a apoyarme con 600 mil pesos, y con ese dinero ayudaba a mi madre. Superé récords y así comenzó el surgimiento de Zambrano, que hasta para mí fue una revelación. Desde ese momento comenzó mi preparación para los olímpicos de Tokio”.

Miladys tuvo a Anthony Zambrano hace 23 años en Maicao.

«Sería interesante que el presidente del país por el cual uno lucha los triunfos te dijera: ‘Mira, Zambrano, aquí tienes mil millones de pesos para que le compres la casa a tu mamá’».

CUANDO NECESITÓ VOLAR

Para Miladys desprenderse de Anthony cuando llegó a los 15 años y debía emigrar hacia Bogotá fue muy difícil. “Pero yo me di cuenta de que, si él necesitaba volar, era yo quien debía ayudarlo para que sus alas crecieran. Y él sabía que tenía que hacerlo, por su futuro, por amor al deporte, por sus metas”. 

El tema era parte de sus conversaciones cuando ambos se sentaban a planificar la vida. Ella estaba convencida de que para que Anthony llegara hasta donde hoy ha llegado se necesitaba una gran dosis de sacrificio. Nada más ni nada menos que separarse.

En 2014 Anthony viajó a Bogotá a prepararse con tutores y entrenadores colombianos, y de allí dio el salto a otros lugares. Hoy vive entre Orlando ( Florida), en donde se entrena y estudia, y Barranquilla, adonde vuelve cada vez que tiene vacaciones y extraña el olor de la iguana guisada con coco, las zaragozas con arroz, el jugo de guayaba y corozo, y las sopas de mamá. 

“También, los perros calientes, hamburguesas y pizza, las comidas que no puedo comer como deportista y cuando estoy en entrenamientos, pero que las tomo como mis pequeños pecados”.

“Nunca ha usado drogas, ni bebe alcohol –dice Miladys–. Como usted ve, sus drogas son la comida y… las mujeres”. Anthony carraspea y ríe. “No es que sea mujeriego, pero adoro a las mujeres, rubias, morenas, blanquitas”. 

¿Tienes novia? “No, estoy conociendo a alguien que me gusta mucho, pero me reservo su nombre. Quiero que sea privado, para que no se dañe el asunto”. Miladys sonríe y asiente. Ella sabe que él no va a enredarse con alguien que no tenga las virtudes y valores que ella le enseñó de niño y que son tan escasos hoy día. Por eso, ella no se unió a ningún otro hombre ni tuvo más hijos. Cree que los hijos deben de ser de un solo padre y decidió dedicarse toda su vida a Anthony.

LA ESCUELA, LOS AMIGOS

El campeón es también de pocos amigos. “Puedo contarlos con los dedos. No son más de cuatro, porque tengo la filosofía de que los verdaderos amigos están en las buenas y en las malas. Cuando estás en un hospital, en la cárcel o sin un peso en el bolsillo, tú sabes quiénes son tus verdaderos amigos. Hoy todos quieren ser mis amigos, mis novias, pero yo en eso soy muy selectivo. Lo aprendí de mi mamá”.

«Hay empresas que me han llamado, pero ofrecen miserablezas. Yo valgo mucho, soy un campeón olímpico, estoy en otras ligas. Si no me pagan lo que valgo, no hay contrato».

LA FIGURA PATERNA

Anthony dice que la fama no le quita el sueño porque está preparado para enfrentarla y defenderse de ella. “Siempre voy con Dios y con el espíritu de mi abuela”.

Rodea los hombros de su madre en un abrazo y le lanza otra flor diciendo que nunca le hizo falta un padre porque ella se encargó de cumplir los dos roles perfectamente. “Me enseñó a valorar, para que me valorarán, y a respetar, para que me respetaran “. 

¿Quién es el papá de Anthony? Silencio sepulcral. Se miran. “Era mi pareja, nos íbamos a casar, pero no sucedió. Nos separamos y yo decidí dar a luz a mi hijo como madre soltera”, dice Miladys, quien también recuerda que enviaba a Anthony a pasar vacaciones a Maicao, pero un suceso traumático con su papá, cuando era aún muy niño, hizo que no regresara más a visitar su ciudad natal.

EL CAMPEÓN EXPLOTA

Anthony se sale del plano del hijo para que hable el deportista. “Mi medalla de plata olímpica no va a cambiar en nada el atletismo en Colombia”, dice Anthony. “Sin embargo, con ella estoy aportando, además del triunfo obtenido y de haber puesto el nombre de mi país en el escenario deportivo internacional, enriquecimiento a este deporte, que realmente no está valorado como sucede en otros países.” 

Pero no se queda ahí. “Yo les digo a los que manejan el deporte en este país que hay que salir a buscar los talentos, ayudar a los entrenadores para que estudien y se nutran de las potencias mundiales que son los americanos, los jamaiquinos, dos de los países que permanentemente están dando triunfos internacionales en estas lides. Que no quemen a los competidores más pronto de lo que debe ser. Aquí en Colombia competimos entre nosotros mismos y luego envían a un atleta de 15 años a competir con uno de 28 que ya es élite. Así le estás cortando la vida, el talento, los sueños de triunfo”.

Y el remate de la queja es tan fuerte como sus piernas en la recta final de los 400 metros. “Lastimosamente, el deportista no es valorado. A pesar de que Coldeportes me proporciona un sueldo de seis millones de pesos mensuales, no es suficiente para vivir cómodamente y mantener una familia. Yo tengo otros ingresos y por eso mi madre y yo hemos podido salir adelante. Tengo el patrocinio de Adidas y Oster, y recibo un buen pago de ellos. Hay otras empresas que me han llamado, pero ofrecen miserablezas. Yo valgo mucho, soy un campeón olímpico, estoy en otras ligas. Si no me pagan lo que valgo, no hay contrato”.

“Hoy todos quieren ser mis amigos, mis novias, pero yo en eso soy muy selectivo. Lo aprendí de mi mamá”, dice Anthony.

‘YO NO VIVO DE FOTOS’

Hace poco Anthony estuvo con el presidente Iván Duque en la Casa de Nariño con otros medallistas olímpicos. “Nos tomaron muchas fotos, pero no concretó nada. Sería interesante que el primer mandatario del país por el cual uno lucha los triunfos y da glorias, te dijera: ‘mira, Zambrano, aquí tienes mil millones de pesos para que le compres la casa a tu mamá’. Yo no vivo de fotos, así sea con el presidente de la República.”

Miladys ya tiene vista la casa que quiere. Está en el barrio El Campito, grande. Tiene muchas habitaciones, una cocina equipada con todos los elementos, un gran patio con palos de guayaba y mango, y un jardín para sembrar sus flores favoritas. Cuesta aproximadamente 600 millones de pesos. Hasta el momento, les han dado 70 millones, entre Tecnoglass y el Restaurante Portos.

Por primera vez en la entrevista Anthony se quita su gorra negra y deja ver mejor al guapo joven de 23 años, de dentadura y facciones perfectas. Miladys también es bellísima, parece de porcelana con su piel suave pigmentada de pecas diminutas y con un cabello largo, negro y lustroso, digno de un comercial de televisión.

“Mi mamá es mi gran estímulo para seguir triunfando en la vida”, dice Anthony. Ella asiente orgullosa y recuerda lo que él dijo en el momento de recibir la medalla de plata: “Por mi madre y por Colombia, mi país”.