Medio país quisiera tener una opción distinta a la izquierda radical y a la centroderecha, pero hasta ahora no se vislumbra un candidato único de centro para competirle a los extremos. La pelea entre la política tradicional y quienes la rechazan es el trasfondo.

Los aspirantes de la Colación de la Esperanza están recorriendo juntos el país.

El pasado 27 de agosto, el exministro Alejandro Gaviria anunció que dejaba de nuevo el cómodo mundo académico, en la rectoría de la Universidad de los Andes, para presentar su nombre a la Presidencia de la República. Se autodefinió como un líder “de centro unificador”, se declaró sin dueño político y notificó que presentaría su aspiración por firmas.

Trayendo a la memoria la frase que hizo célebre el expresidente Carlos Lleras Restrepo, se puede decir que Gaviria era el último gran ‘pato’ que faltaba en las aguas electorales de la amplia franja de centro del espectro político criollo. 

De centro se declaran Juan Carlos Echeverry, Enrique Peñalosa y Federico Gutiérrez, aunque a este último muchos lo ponen un tanto a la derecha. Y de centro se dicen Gaviria y los cinco posibles aspirantes de la llamada Coalición de la Esperanza, que con sus matices se podrían catalogar mejor como la centroizquierda: Sergio Fajardo, Juan Manuel Galán, Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo y Jorge Robledo. 

Faltaría en la lista el representante del Partido Verde, que no está definido y que puede ser irrelevante si la mayoría de esa colectividad se va con el proyecto radical de Gustavo Petro, como parece que sucederá. Así mismo, podría lanzarse una ‘pata’, Dilian Francisca Toro, quien se dice de “centro-centro”, pero que claramente tiene, con sus amigos congresistas de la U, más afinidad y tradición con la centroderecha.

SIN PARTIDOS Y SIN FIRMAS

De los nueve considerados aquí, cuatro optaron por presentarse por firmas, a pesar de que todos tienen pasado en al menos un partido. Uno, Echeverry reconoce ser conservador, pero dice que el mecanismo de las firmas es el mejor para hacerse conocer. Peñalosa lo escogió porque está acostumbrado a hacer campaña y gobernar con varios partidos sin amarrarse a ninguno. Y Gutiérrez y Gaviria, porque aparentemente piensan que las etiquetas partidistas, sobre todo las más tradicionales, son –como se dice popularmente– ‘el abrazo del oso’ y quitan más votos de los que dan a figuras con cierta imagen favorable, especialmente entre los jóvenes.

Alejandro Gaviria Uribe. Foto: Claudia Rubio-El Tiempo.

«A Galán, antes que una alianza con Alejandro Gaviria y César Gaviria, le interesaría hacer llave con Fajardo si este resuelve sus líos».

Sin embargo, recoger 1.200.000 firmas, lo que se necesita para ir seguros a la revisión de esos respaldos, es una tarea difícil y costosa. Y no es de descartar que en el camino algunos de ellos renuncien y se unan a algún partido para no renunciar del todo a sus aspiraciones.

Esto de parapetarse en las firmas y la independencia es el efecto del desgaste de los partidos, pero también de una normatividad política complaciente con los personalismos y los vedetismos, a costa de la desinstitucionalización de la política. 

No es lo que le convendría a una democracia seria, donde los candidatos deberían hacer carrera, también democrática, dentro de las organizaciones políticas. Entre otras cosas, porque no es conveniente dejarles el campo despejado a los paracaidistas con dinero o con popularidad. Esta vez, por fortuna, no parece haber alguien de esas características en el partidor y el tema no alcanza tanta relevancia. 

Sergio Fajardo. Foto: Archivo

Juan Manuel Galán. Foto: Campaña Galán

LOS QUE SON

Si la tienen, en cambio, los efectos hasta ahora notados con el lanzamiento de Gaviria y la incertidumbre creciente sobre la posibilidad de que el exgobernador y excandidato presidencial Sergio Fajardo pueda aspirar con tranquilidad a gobernar desde la Casa de Nariño, dadas las investigaciones judiciales y disciplinarias que cursan en su contra. 

A estas alturas, ellos y Juan Manuel Galán, dueño, hoy por hoy, de las llaves del Nuevo Liberalismo, surgen como los verdaderos contendientes entre los ‘patos’ que nadan en las aguas del centro buscando una candidatura para romper la polarización que rechazan millones de colombianos.

Peñalosa y Echeverry están definitivamente más cerca de la orilla derecha y tienen poca o ninguna química con el resto. Gutiérrez sigue siendo una incógnita: a veces suena muy cercano a Uribe, pero tiene amigos en común con Alejandro Gaviria que los quieren ver juntos.

De la Calle, Cristo y Robledo, con sus tímidas candidaturas, parecen ejercer más el papel de acompañantes a la espera de que les ofrezcan la vicepresidencia o la cabeza de lista para el Senado.

De la Calle, Robledo y Cristo suenan poco según las encuestas. Fotos: El Tiempo

LA LÍNEA ROJA

“El punto clave para que el centro aproveche esta oportunidad única de poner presidente es tener un candidato único”, asegura el politólogo y futuro aspirante a la Cámara Fernando Posada. 

Se refiere a que si dos de ellos –entre Fajardo, Gaviria y Galán– llegan a aparecer en el tarjetón de la primera vuelta, probablemente se dividirán el voto de la franja y eso les abrirá el paso a los extremos a la segunda vuelta, como en 2018.

La pregunta del millón es si es posible acordar un mecanismo para evitar ese escenario. Al día siguiente del ‘destape’ de Gaviria, los líderes de la Coalición de la Esperanza lo invitaron a dialogar para explorar la posibilidad de que se les uniera, pero en el mismo mensaje le trazaron una línea muy roja y gigante: “Aquí entra usted, pero no el liberalismo de César Gaviria”.

Lo primero que los asustó fue ver tanto liberal gavirista en la campaña del exministro. Fajardo, Cristo (antiguo samperista) y Galán tienen desde hace rato diferencias irreconciliables con el expresidente, y Robledo, desde la izquierda del Moir, nunca ha comulgado con los partidos tradicionales. 

De la Calle, en cambio, no es enemigo, pero desde el punto de vista político, el manejo de la fracasada candidatura del exnegociador de paz en 2018 dejó distancias. Pero más allá de los temas personales, todos saben que si entra el liberalismo a la Coalición, se la engulle con su maquinaria electoral. 

Según analistas políticos, aceptar esta condición de no llegar con el Partido Liberal de aliado significaría para Alejandro Gaviria renunciar a más de dos millones de votos, que podrían marcar la diferencia frente a Fajardo o a Galán. Y el exministro es consciente de que necesita voto de maquinaria para equilibrar el alto nivel de desconocimiento que hay de su nombre, especialmente fuera de las ciudades grandes. 

«De entrada, la Coalición de la Esperanza le dijo a Alejandro Gaviria: “Aquí entra usted, pero no el liberalismo de César Gaviria”.

“Sabe que necesita esos votos y en un acto de pragmatismo los aceptaría, aunque tampoco quiere darles, por ahora, la foto a los políticos liberales de cuatro en conducta, quienes ya han mostrado su inconformidad con esa actitud”, dice un analista de la Coalición de la Esperanza.

El mismo líder de opinión dice que Gaviria no genera confianza dentro de la coalición porque no siempre hay coherencia entre lo que dice y lo que hace, y parece estar dilatando las definiciones hasta sentirse en un terreno más seguro en las encuestas.

Estas, por cierto, no han registrado el boom mediático y en redes que generó su lanzamiento. En los estudios de opinión que se han conocido semana tras semana, no pasa del 3 por ciento en intención de voto, y Sergio Fajardo y Galán siguen por encima de él. 

En la campaña de Gaviria opinan que es muy pronto para ver reflejado en los sondeos el trabajo hecho en las regiones y que habría que esperar. Sin embargo, antes de diciembre debería verse el efecto de su discurso y de sus giras porque si no se volverá irrelevante en el debate. 

Hace pocos días, Petro dijo en una entrevista a El País de Madrid que “no” veía al exministro como un candidato “formidable” y esa misma es la sensación que hay en el ambiente que se respira en las campañas.

Tres de los que se fueron por firmas: Juan Carlos Echeverry, Enrique Peñalosa y Federico Gutiérrez.

EL NUEVO BUQUE

De hecho, en el equipo de Juan Manuel Galán sienten que Gaviria “se está desinflando” mientras que su candidato, particularmente, se ha afianzado como alternativa dentro de la Coalición de la Esperanza porque se mantiene en las encuestas, tiene apellido, su nivel de reconocimiento no es bajo y su imagen positiva dobla la negativa. 

También le ha ayudado no tener líos como Fajardo y contar con partido propio, aunque sea recién reconstruido. Y dado que el Partido Verde parece tomar camino hacia Gustavo Petro, es posible que el Nuevo Liberalismo sea el buque insignia de la Coalición. 

Curiosamente, se sabe que Fajardo quiere meter a varios de sus amigos en ese toldo, el cual eventualmente puede ser también el suyo si su candidatura no pierde viabilidad por los asuntos judiciales que se pueden demorar en definirse. Pero también a Alejandro Gaviria le gustaría aterrizar en esa plataforma.

Públicamente, Gaviria ha dicho que, más que la consulta en la Coalición de la Esperanza, le gustaría la del Nuevo Liberalismo, en la cual podría medirse con Galán y Federico Gutiérrez. 

“Trabajé con Gutiérrez cuando yo era ministro y él alcalde de Medellín. Yo creo que sería una persona que puede estar en ese centro unificador, él podría hacer parte de esto”, le dijo a RCN Radio al momento de presentar su nombre como candidato. En las huestes galanistas el nombre de Gutiérrez tampoco genera controversia y lo han considerado como un posible aliado para consolidar el partido en Antioquia.

Sin embargo, no es claro que a Galán le guste esa consulta. “¿Le interesaría sabiendo que Gaviria está por debajo en las encuestas, pero podría ser una especie de Caballo de Troya de Gaviria (César) para tomarse el Nuevo Liberalismo? ¿No sería renunciar prácticamente a ser el partido de renovación que quiere ser, precisamente en oposición a la política tradicional?”, dice el analista de la Coalición de la Esperanza.

“Probablemente no” sería la respuesta, porque el distanciamiento con César Gaviria es muy profundo y el interés de él y de su hermano (Carlos Fernando) es realmente reconstruir al Nuevo Liberalismo como una fuerza política propia y distinta. “Antes que una alianza con Alejandro Gaviria y César Gaviria, le interesaría hacer llave con Fajardo”, vaticina alguien cercano a su campaña.

En ese caso habría que esperar a que el exgobernador paisa solucione sus líos judiciales para lanzar la fórmula, pero no hay nada que asegure que eso sucederá pronto. Y, por otro lado, es claro que la llave suena interesante, pero no arrolladora, y podría llevar a entregar del todo a Alejandro Gaviria en los brazos de César Gaviria y del Partido liberal, y esa división, como se dijo al principio, le dejaría el campo de la contienda en segunda vuelta a la derecha y a la izquierda radical.

Menudo lío el del centro, donde los ‘patos’ con fuerza para nadar pueden terminar ahogados por cuenta de una línea muy roja.