Las reacciones y los problemas mentales de los niños y adolescentes varían dependiendo de la fase de la pandemia. Algunos pueden aparecer inmediatamente, pero muchos aparecen meses o incluso años después. El alivio de la ansiedad y el miedo se logran restableciendo la sensación de seguridad

Por José A. Posada Villa
Médico psiquiatra, semillero de investigación Nuevas Perspectivas en Salud Mental UCMC

Cada etapa de la vida está acompañada por cambios en la capacidad de afrontar las consecuencias de una situación tan compleja como esta pandemia y hay vulnerabilidades relacionadas con cada momento del ciclo vital. Las investigaciones han demostrado que las reacciones de los niños están vinculadas con la manera cómo sus familiares y cuidadores están afrontando la situación de pandemia que con las características objetivas de esta.

Para los niños, la edad y desarrollo determinan su capacidad cognitiva para entender qué está ocurriendo a su alrededor y regular sus reacciones emocionales. Además, son más vulnerables cuando han experimentado otras formas de estrés tales como conflictos familiares, enfermedad o muerte de un miembro de la familia o violencia en cualquiera de sus formas.

Las reacciones y los problemas mentales varían dependiendo de la fase de la pandemia. Algunos pueden aparecer inmediatamente, pero muchos aparecen meses o incluso años después.

Los niños más pequeños ven el mundo desde la perspectiva de la predictibilidad, la estabilidad y la disponibilidad de sus cuidadores. La desorganización en cualquiera de estos aspectos causa estrés. En lo posible deben permanecer con personas con las que ellos se sientan como en familia.

Como proceso natural, los niños pequeños tratarán de aliviar las experiencias traumáticas mediante sus actividades lúdicas y deben ser animados para que verbalicen sus inquietudes, sentimientos y malentendidos acerca de la situación, de tal manera que los adultos puedan escuchar y explicar.

Los que están en edad preescolar con frecuencia sienten impotencia y miedo frente a situaciones como la pandemia, especialmente si son separados de sus padres. Por su nivel de desarrollo, son incapaces de protegerse a sí mismos o proteger a otros. Como resultado, pueden sentir considerable ansiedad e inseguridad. La ausencia o pérdida de familiares, amigos o compañeros muy queridos son también eventos que producen problemas emocionales y necesitan oportunidades para expresar su duelo. Uno de los mayores miedos de los niños es el abandono, de tal manera que necesitan reaseguramiento frecuente de que serán cuidados.

En la edad preescolar generalmente carecen de las habilidades verbales y conceptuales necesarias para entender y manejar efectivamente el estrés repentino e inesperado y generalmente miran en sus padres y hermanos mayores los modelos de conducta a seguir y esperan que se les brinde comodidad y estabilidad.

Los preescolares expresan su perturbación a través de comportamientos regresivos tales como chupar dedo, orinarse en la cama, vivir pegados al papá y a la mamá o volver a sentir miedo a la oscuridad y no querer ir a dormir solos. Con frecuencia, tienen problemas para dormir y pesadillas. Estas dificultades deben entenderse como expresiones normales de ansiedad causadas por la desorganización de sus rutinas personales y familiares y de un mundo que percibían previamente como seguro.

El alivio de la ansiedad y el miedo se logran restableciendo la sensación de seguridad del niño. El reaseguramiento verbal, la comodidad física, la mayor atención, los rituales agradables al ir a acostarse y las rutinas en el momento de tomar los alimentos son de gran utilidad.

Los niños en edad escolar ya tienen más desarrollo en su capacidad cognitiva y esto permite entender los peligros que implican para la familia y su entorno la pandemia y, por tanto, es más probable que entiendan los eventos que están ocurriendo y que tenga mayor efecto el papel mitigador de la preparación para estas situaciones.

Pero, por otro lado, este nivel de conciencia también puede contribuir a una mayor preocupación y temor por los miembros de la familia que están en riesgo de enfermedad y muerte. Los niños a esta edad tienen una gran necesidad de entender qué está sucediendo y los pasos concretos que deben dar para protegerse y prepararse para la situación.

Estos niños generalmente tienen relaciones especiales con amigos, compañeros y mascotas. Cuando la pandemia causa pérdidas de personas importantes para ellos, bien sea por aislamiento o muerte, pueden llegar a afligirse profundamente.

Es importante recordar que ellos experimentan todo el rango de las emociones humanas, pero pueden no tener las palabras o significados para expresar sus sentimientos. Los adultos pueden ayudarlos a expresar estas poderosas emociones por medio del diálogo, el juego, las actividades artísticas y culturales y otras actividades apropiadas para su edad. Los niños en edad escolar también manifiestan su ansiedad a través de conductas regresivas. A veces es difícil para los padres y cuidadores ver que estos vuelven a comportamientos que solo son apropiados en niños de menor edad, pero esto tiene un propósito funcional inicial que hay que entender.

Estas conductas incluyen irritabilidad, quejas, peleas con hermanos, competencia por la atención de los padres y adultos o rechazo para asumir las actividades escolares virtuales. Son comunes los problemas al momento de irse a dormir causados por las pesadillas y el miedo a dormir solos o en la oscuridad.

Algunas veces el comportamiento puede ser el de “niño bueno” porque están temerosos de ser una carga para sus padres y cuidadores o causar mayores dificultades a la familia. También pueden manifestar estrés en sus actividades escolares, en el hogar con problemas de concentración, disminución en el desempeño académico o evitación de actividades familiares. Algunos niños pueden tener reacciones somáticas y buscar atención por dolores de estómago, dolores de cabeza, náuseas u otras molestias físicas. Los preadolescentes y adolescentes, por lo general, tienen una gran necesidad de parecer competentes ante las personas que los rodean, especialmente con su familia y amigos, y por lo tanto se esfuerzan en el manejo de los conflictos relacionados con la independencia de sus padres, por un lado, y el deseo de mantener la dependencia de la niñez, por el otro.

Además, es muy importante para ellos tener la aprobación y aceptación de los compañeros y amigos y necesitan sentir que sus ansiedades y miedos son compartidos por sus pares. El estrés en las emergencias y los desastres puede ser internalizado y expresado a través de síntomas psicosomáticos tales como molestias gastrointestinales, dolores de cabeza, problemas de la piel, dolores y molestias vagas. Los problemas del sueño como insomnio, terrores nocturnos o sueño excesivo pueden señalar dificultades emocionales. Igualmente hay un mayor riesgo de consumo de alcohol y drogas en un intento de manejar la ansiedad y las pérdidas. También pueden presentar comportamientos como discusiones con los padres y personas mayores, escaparse del hogar o hacer pequeños robos.

Otros adolescentes pueden expresar su estrés sacándoles el cuerpo a los amigos o a la familia y abandonando actividades que disfrutaban previamente. Igualmente, se puede ver afectado el desempeño escolar y muchas veces, cuando hay una gran disfunción familiar a causa de la pandemia.

Métale amor al caos y verá cómo todo se ordena.

Es importante recordar que los niños experimentan todo el rango de las emociones humanas, pero pueden no tener las palabras o significados para expresar sus sentimientos.

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