El número 1087985

Por Paloma Valencia
Senadora de la República
@palomaValenciaL

1087985 podría ser un número cualquiera. Hoy es el número de un preso; Álvaro Uribe Vélez. Para llegar a esta injusticia hay un camino largo de irregularidades y atropellos. Un millón ochenta y siete mil novecientos ochenta y cinco actos de villanía que se concretan en la imagen del presidente Uribe reseñado como el preso. Con modestia se habrá quitado sus gafas. Mira al frente con la dignidad que jamás perderá. Es la foto de la entereza de someterse al castigo inmerecido y desproporcionado. Solo la tranquilidad de conciencia permite semejante ecuanimidad.

Esa foto es seguramente la primera de las humillaciones que le esperan en el camino de esta sinrazón. Me invade el desconsuelo.

El número 1087985

Para mí la política ha sido el ejercicio de dialogar con muchos colombianos, buscar soluciones a los problemas, escribir leyes, defender ideas, construir y soñar. Tendrá que ver con que junto al presidente Uribe sólo eso importa: el bien de Colombia. Jamás perdemos tiempo ni en estrategias ni en planes; en los que muchos –asustados de las amenazas inminentes que se venían configurando– le insistían al presidente. No, para Uribe todo lo pequeño es prescindible. Su camino es el de la batalla ideológica y sus armas, su capacidad de trabajo y su fuerza para lograr resultados. Ha sido invencible en la lucha democrática. La vida le parece demasiado corta para no avanzar en lo que se debe, construir una mejor Colombia.

El proceso del presidente Uribe me ha dejado ver la parte más oscura de la política, la aborrecible, donde la lucha por el poder parece ser lo único que importa. Las mezquindades de quienes hoy guardan silencio a pesar de saber el tamaño de la infamia, la celebración en los corazones en los que el odio ya dio frutos. Los cálculos de quienes se sienten sucesores; de quienes lo creían invencible y se unen a la componenda de la que creen saldrán favorecidos. Qué lejos hemos estado de las luchas por el poder (con p minúscula), de la confabulación y las conspiraciones. Hoy solo quiero expresar el asco que me produce todo ello. Asco y pena.

La lista de las 1.087.985 ilegalidades sería demasiado extensa para este escrito y sin embargo, tenemos que mencionar episodios que dan la dimensión del desafuero. La interceptación ilegal del teléfono del presidente y sus asesores, primero defendida bajo la farsa de un error; que un representante había dado un número falso. El mismo representante lo desmintió, y además los tiempos no coinciden. El representante fue vinculado un mes después de que la chuzada se iniciara. El testimonio del funcionario que escuchaba explicando que desde el principio supo que era Uribe –la voz y las conversaciones– y así se lo informó al magistrado auxiliar del despacho y sin embargo, estuvo chuzado casi un mes más. La legalización de todas estas ilegalidades. Las conversaciones con su abogado, protegidas por la propia Constitución, utilizadas como pruebas, aún siendo ilícito. Como no hay pruebas pese a haberlo escuchado por 22 mil horas, entonces irrespetan la presunción de inocencia y se burlan de la imparcialidad. En las palabras de Uribe no hay señas de delito; pero tuercen y retuercen los hechos para inventárselo. Hechos falsos, por ejemplo: hablan de que Uribe tuvo contacto con el Tuso Sierra, aunque jamás lo tuvo. Amenazan con investigaciones a todo aquel que declare a favor del presidente; pero a los falsos testigos los dejan ir… Tienen en mente vincular a Uribe con el paramilitarismo, para lo cual sólo sirve lo que así lo indique, así sea inverosímil, así lo diga quien no fue paramilitar, así sea un solo testimonio; frente a la pluralidad que dice lo contrario. Utilizar los testimonios de delincuentes para derribar lo grande. No dejo de pensar en la frase de Valencia refiriéndose a Bolívar “¿Tú, viejo domador de leones acosado de ratas?”.

El número 1087985

Conozco a Uribe, lo conozco muy bien: en su espíritu no hay tiempo para las conspiraciones ni el secreto. Romper la ley para hacer justicia, no es justicia. Las verdades del odio, no son verdades. Los méritos de Uribe no se desvanecen porque los nieguen, ni sus errores son delitos. Lo que estamos viendo ante nuestros ojos es el desvanecimiento del Estado de Derecho y el triunfo de todo lo sórdido: es una injusticia, con todas sus letras.

Ante la injusticia no se puede ser indiferente. Y sin embargo, sabernos presos de un sistema corrompido por el poder, los dineros y el odio, las componendas y estrategias causa impotencia. Se transforma en indignación que se parece a la lava aprisionada del volcán. Estos dolores que nos causa hoy la patria han de encontrar una salida que honre la escuela política a la que pertenecemos; primero Colombia.

El número 1087985

Una Constituyente para reformar la rama judicial es una propuesta constructiva. Sigue los canales institucionales, convoca a la ciudadanía a participar, no excluye a ninguna fuerza política. Es la manera, tal vez la única, de construir instituciones en las que podamos confiar todos los colombianos. Requerirá además del compromiso del Gobierno, la intensa acción de la ciudadanía. La búsqueda de la justicia, en este el país de las injusticias, es nuestra más urgente tarea, a eso los convocamos.

Lo que estamos viendo ante nuestros ojos es el desvanecimiento del Estado de Derecho y el triunfo de todo lo sórdido.

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