Los jóvenes tenemos preocupaciones que rondan los derechos humanos, los derechos de las minorías, entre ellos los afro, las mujeres y LGBT, la libertad de decisión sobre el propio cuerpo, el medio ambiente, la corrupción; temas que van más allá de una postura política definida entre la derecha y la izquierda

Por Daniela Abisambra Bernal, Comunicadora social e internacionalista, premio CPB, Podcast Curioseame sobre la vida de los jóvenes.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de hablar con uno de los potenciales candidatos a la Presidencia de Colombia para el periodo 2022-2026, de uno de los partidos más importantes del país, tanto en número de representantes en el actual Gobierno, como en la cantidad de polémicas y escándalos, el Centro Democrático. La discusión inicialmente tenía como propósito abordar las razones de la apatía de los jóvenes hacia el partido y hacia la política en general. Pero luego de dos horas de conversación si hubo algo que se pudo establecer como conclusión mutua es que los jóvenes colombianos no sufrimos de apatía política, pero sí de aversión frente a la forma de hacer política en Colombia.

Qué mejor ejemplo que los hechos ocurridos recientemente centrándonos en las masacres, que han ocurrido en varios municipios del país disparándose las tasas de homicidios y desapariciones forzadas y en los abusos de la fuerza policial hacia la población civil; y las respectivas respuestas por parte de los entes gubernamentales; las cuales han desembocado en protestas significativas a lo largo del territorio lideradas especialmente por jóvenes. Y aunque hablar de una postura homogénea de los jóvenes frente a la política colombiana sería caer en un error, si hay algo en lo que se puede generalizar es el rechazo por las instituciones tradicionales y las organizaciones de la fuerza pública que abusan de su poder, o por el contrario no hacen uso de este para hacer las transformaciones sociales necesarias. Y el caso del asesinato de Javier Ordoñez es sin duda la convulsión y reflejo de esto.

El caso Ordoñez fue solo la gota que rebasó la copa por múltiples razones, pero principalmente dos. La primera, el ya existente pero ahora evidente y viralizado abuso por parte de facciones de las fuerzas policiales en contra de los civiles (que desató una ola de denuncias de abusos, tanto sexuales como físicos) y la segunda, la falta de acciones por parte del Gobierno Nacional para hacer un cambio a esta situación. Bastaba con entrar a Twitter, la plataforma por excelencia que gira entorno a la política, para ver el descontento y la indignación juvenil a nivel nacional, exigiendo un cambio estructural de esta institución, llamado que ha sido y continuará siendo ignorado por el presidente Iván Duque, quien se limitó a pedir la aplicación de las sanciones necesarias a los policías implicados.

¿Pero, qué es eso que realmente tiene tan indignados a los jóvenes de este país? ¿Por qué las sanciones de los policías implicados no sacian la sed de justicia de esta generación como si lo hacen con las generaciones mayores? Para responder estas preguntas es necesario entender que nosotros no fuimos hijos de la guerra, al menos no de la manera en la que las generaciones pasadas lo fueron, y esto marca toda la diferencia. Para ellos, los hijos de la guerra, las instituciones y fuerzas públicas representaban protección, bienestar y esperanza; tres palabras que me atrevería a decir que están totalmente ausentes en la descripción de estos entes para estas nuevas generaciones. Para esta generación, que fuimos y seremos hijos de la paz, las preocupaciones cambiaron y con ellas los agentes encargados de fomentarlas. Con esto no quiero decir que lo que antes preocupaba hoy ya no exista, como la noción de la seguridad y la institucionalidad, pero ya no son las únicas prioridades dentro de la agenda política. Nosotros soñamos y creemos en la justicia y en instituciones que la hagan posible.

Es por esto que los jóvenes como generación tenemos preocupaciones que rondan los derechos humanos, los derechos de las minorías, entre ellos los afro, las mujeres y LGBT, la libertad de decisión sobre el propio cuerpo, el medio ambiente, la corrupción; en fin, temas que van mas allá de una postura política definida entre la derecha y la izquierda y temas en los que muchas veces las instituciones y las organizaciones encargadas del orden público son las que impiden el alcance de estos derechos e incluso los agreden, como en el asesinato de Javier Ordóñez, el caso de Dylan Cruz, y cientos más que han generado esta profunda indignación y movilización.

Ahora, todo esto deja la puerta abierta para una serie de preguntas donde la única respuesta clara es el vacío de poder que aún no se ha podido llenar para esta generación y una serie de interrogantes que estarán en juego no solo en los dos años de periodo presidencial que le quedan a Iván Duque pero para las elecciones del 2022 que se acercan cada vez más rápido sin un escenario claro de quien podrá ser el candidato que supla las demandas y llamados de cambio de los jóvenes por encontrar una política disruptiva y diferente dentro de las instituciones tradicionales.

Los jóvenes colombianos no sufrimos de apatía política, pero sí de aversión frente a la forma de hacer política en Colombia.

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