Ocho meses después de haber llegado al Ministerio de Defensa, Diego Molano pudo dar por cumplido uno de los grandes retos definidos por el presidente Duque: atrapar a alias Otoniel, capo del Cartel del Golfo y el narco más poderoso de los últimos 20 años.

Otoniel tiene varias condenas y más de un centenar de procesos en Colombia.

Cuando Carlos Holmes Trujillo murió, el presidente Iván Duque no demoró mucho en decidir que su reemplazo sería Diego Molano Aponte, entonces secretario general de la Presidencia.  Molano había demostrado gran solvencia en los asuntos claves de Palacio tras acumular 25 años de experiencia, la mitad de su vida, en distintos escenarios del Estado, y le gustaba el desafió como hijo de militar que es.

Cuando Duque lo posesionó, a principios de febrero pasado, le hizo la lista de desafíos que tendría y el primero que le mencionó fue el narcotráfico, la mayor amenaza contra el país desde hace 50 años. “Tenemos que seguir golpeando las estructuras, golpeando a la ‘Narcotalia’, golpeando al Clan del Golfo”, le dijo. Y eso significaba atacar toda sus cadenas, desde los narcocultivos hasta el lavado de activos; desde el tipo metido en el microtráfico hasta los grandes capos.

Especialmente uno estaba en la mira de Duque y Molano: Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, tan malvado como escurridizo. Desde hace casi siete años venía adelantándose una ofensiva para atrapar a ese hombre, que había hecho del Urabá su reino y su guarida, para eludir todo embate de la ley y seguir extendiendo su empresa delictiva. 

Al llegar Molano al Ministerio, definió con el Presidente Duque y los generales tres objetivos para trabajar en contra del Clan del Golfo: primero, trabajar con inteligencia unida por la captura de Otoniel; segundo, desarticular las estructuras que lo sostenían, lo cual llevó a capturar a hombres de confianza como alias Marihuano, a familiares del capo y a su socios en el lavado del dinero; y el tercer objetivo marcado fue atacar con contundencia los ‘insumos’ generadores de esa riqueza, como son los laboratorios y los cargamentos de droga.

Duque y la cúpula de la fuerza pública reconocieron el trabajo de soldados y policías en la operación.

“Alias Otoniel necesita compañía en sus calabozos por el resto de sus días. Y la va a tener. Contra criminales peligrosos, un Estado fuerte. Vamos por las otras cabezas”.

Desde ese momento empezaron a correr los 258 días que le quedaban de libertad al capo. 

El nuevo plan contra él comenzó con una operación masiva en el Nudo del Paramillo, con presencia masiva de la Fuerza Pública para sacarlo de la zona de confort. Después de que se ubicó en otro lugar, se armó la operación engaño para que se sintiera confiado y luego vino el asalto final con un rastreo previo por cuadrantes para determinar el área exacta donde se hallaba. 

Era un hombre poderoso, pero terminó viviendo “como animal de monte”, comenta el general Murillo, quien también asegura que uno de los éxitos de la operación, bautizada Osiris, fue entender que Úsuga “tenía ojos y oídos en todas partes”. Por eso el ataque final se planeó en Bogotá y no en Urabá.

Alrededor de 700 hombres de las fuerzas especiales del Ejército y la Policía nacional, con 18 helicópteros vigilando, rompieron sus anillos de seguridad y espantaron a sus hombres. A las tres de la tarde del sábado 23 de octubre se produjo la captura esperada por tanto tiempo. 

Uno de los más grandes símbolos del mal había caído con una jugada maestra de inteligencia, tecnología y capacidad operativa. El ministro Molano analizó con Revista Alternativa lo logrado contra una figura del mal que, para él y el presidente Duque, es “solo comparable con el Pablo Escobar de los años 80 y 90”.  

Alternativa: Empecemos por lo personal, ministro. ¿Estuvo usted muchas veces esperando, sin resultado, este momento de la captura de Otoniel?

Diego Molano: Hemos realizado muchas acciones clave para lograr finalmente la captura de este peligroso criminal. Nuestros soldados y policías fueron cerrándole el círculo poco a poco hasta lograrlo. Si ustedes revisan mis declaraciones, muchas veces dije que lo lograríamos. Muchas noches me levanté en la soledad de mi cuarto a armar el rompecabezas. Ha sido un esfuerzo de mucho tiempo, pero finalmente con los resultados esperados. Todos los delincuentes tienen que saber que les llegaremos a sus guaridas para ponerlos en poder de la justicia. No hubo ni un solo esfuerzo infructuoso de nuestros soldados y policías.

¿De qué tipo de mafioso estamos hablando?

Alias Otoniel es un criminal muy peligroso. Es el responsable de muchos asesinatos, violaciones y abusos de niños, desplazamientos de miles de campesinos indefensos y productor de toneladas de cocaína. También es responsable de que miles de niños y jóvenes sean hoy adictos a las drogas que los destruyen. Es un criminal de alto valor que no podía estar libre. Le ha hecho mucho daño a Colombia. 

El presidente Duque comparó la captura de Otoniel con el golpe a Pablo Escobar en los 90. ¿Otoniel era tanto o más poderoso que Escobar? ¿De qué dimensiones era su poder corruptor?

Es uno de los delincuentes que más ha exportado drogas ilícitas. Traficaba entre 180 y 200 toneladas de cocaína al año con el Clan del Golfo. Y, como decía antes, es uno de los criminales qué más les ha causado dolor a miles de colombianos, a criaturas indefensas como campesinos y niños. Es un asesino. Acabó con la vida de más de 200 hombres de la Fuerza Pública y debe pagar por todo ello. Era un pez gordo del narcotráfico. 

¿Cuáles fueron las claves para concretar el golpe en su contra, después de tantas operaciones que terminaron sin resultados?

Nuestros servicios de inteligencia, un activo estratégico de la nación, fueron definitivos para lograr este objetivo. Colombia tiene unos servicios de inteligencia valientes, audaces. Y mi reconocimiento a todos los soldados y policías que entregan sus vidas por proteger a los colombianos. Ellos son la clave. Y algo muy importante: el apoyo de la comunidad, de la gente. También gracias a ellos. Aquí es importante anotar que tuvimos también información entregada por miembros de su estructura.

Diego Molano tiene una larga experiencia en cargos del Estado.

“Hemos estudiado mucho la estructura del Clan del Golfo y podemos decir que está debilitada. Y que no le vamos a permitir levantar de nuevo la cabeza. Los desmantelaremos”.

El general Luis Fernando Navarro, comandante de las Fuerzas Militares, dijo que hubo cambios sustanciales en la estrategia contra Otoniel y sus hombres desde comienzos del año. ¿En qué consistieron esos cambios?

Los criminales son avezados en sus acciones. Manejan sumas millonarias increíbles para protegerse, para corromper, para comprar muchas cosas. Viven pensando día y noche en sus estrategias, entonces a la Fuerza Pública le corresponde ir adelante. Anticiparse a ciertos hechos. Hubo, claro, ajustes en la estrategia, pero el objetivo era el mismo: atraparlo. Y lo logramos. 

¿En qué se centró la ayuda de las agencias de Estados Unidos y del Reino Unido?

Estados Unidos es nuestro principal apoyo en la lucha contra las drogas. Sea esta la oportunidad para reiterar que la cooperación internacional es una de las armas más poderosas para combatir este flagelo, y la vamos a fortalecer. En este caso recibimos mucho apoyo de información clave para su captura. Queremos seguir contando con su ayuda que es indispensable. 

Otoniel escapó muchas veces porque al parecer tenía ojos y oídos en todas partes. ¿Esta captura se debe a que se logró cortar su acceso a información de la Fuerza Pública? ¿Hasta dónde había logrado penetrarla?

Este delincuente tenía mucho dinero para protegerse. Tenía un fuerte aparato de seguridad que lo fue dejando solo. Quienes lo protegían eran criminales sanguinarios como él. Además, se sabía desplazar. Conocía muy bien la zona. La gente le tenía temor. Nadie escapará de la ley en Colombia. Creo en el compromiso de nuestra fuerza pública para lograr estos resultados. 

Más de 700 hombres y 18 helicópteros participaron en la operación final.

¿Qué lecciones dejó esta ofensiva que duró tanto y demandó tantos recursos?

La principal lección es que no habrá criminal en Colombia que pueda eludir la ley, que los vamos a buscar hasta encontrarlos, que Colombia no es un sitio ‘seguro’ para delincuentes, que nuestros soldados y policías, al final, siempre lo logran. 

El presidente Duque dijo que esto marcaba el final del Clan del Golfo, pero estas organizaciones, con negocios tan lucrativos, suelen reproducirse cuando alguna de ellas entra en crisis. ¿Qué les hace pensar que esta vez sea diferente?

Al Clan del Golfo le dimos por la cabeza. Y le dimos para que no se vuelva a parar. Este no es el primer pez gordo de esta organización delictiva que neutralizamos. Son ya varios los miembros de esta estructura criminal que están en prisión, que están extraditados o que ya no están. Hemos estudiado mucho su estructura y podemos decir que está debilitada. Y que no le vamos a permitir levantar de nuevo la cabeza. Los desmantelaremos.

¿Puede haber sometimiento de algunas fichas de su organización?

Claro. Un día después de la captura de Otoniel se sometieron siete de este grupo, y en total este año llevamos 309, de los cuales 89 son del Clan del Golfo. Yo les digo: o se someten a la justicia o serán capturados por la Fuerza Pública. El camino que les queda es la ley. ¡Todo el peso de la ley! El turno en esta acción armónica del Estado contra el delito es para los jueces. 

El paso siguiente para Úsuga es la extradición, aparentemente. ¿Qué garantías tendrán sus víctimas en Colombia de que habrá justicia? Ya tiene varias condenas y más de centenar de procesos en su contra aquí, incluidos abusos a menores de edad.

 A alias Otoniel –le confieso que me fastidia pronunciar su nombre por el gran daño que ha hecho– lo espera una vida en prisión. Donde ya no vuelva a lastimar a nadie. Yo creo que no le van a alcanzar los años de vida que le queda para pagar por sus delitos. A nosotros nos corresponde proteger a las víctimas y asegurarnos de que serán resarcidas. 

¿Qué pasará con su fortuna?

Los jueces serán los responsables de avanzar en esa dirección. Vamos a perseguir a sus testaferros. El dinero del crimen no puede seguir al servicio del crimen. Debe servir, entre otros propósitos, para reparar a las víctimas.

¿Cuáles son los próximos objetivos? ¿Pueden esperarse otros golpes en estos nueve meses que le quedan al gobierno?

Le aseguro algo: ¡No vamos a descansar en esta lucha contra el crimen, contra los criminales! Vamos por ellos desde ya donde estén. Tenemos con qué. Alias Otoniel necesita compañía en sus calabozos por el resto de sus días. Y la va a tener. Contra criminales peligrosos, un Estado fuerte. Vamos por las otras cabezas. Les aseguro a los colombianos que las capturaremos. Esto es sin tregua.