Por MIGUEL ÁNGEL TURBAY 
Ex-candidato a la Alcaldía de Bogotá y ex-secretario de Gobierno

Unos días después de las elecciones, tuve la oportunidad de hablar con Claudia López y con gran sorpresa, vi un cambio en su actitud. En campaña fue evidente el ánimo que tenía para deshacer lo que con tanto esfuerzo habíamos logrado en los últimos cuatro años; sin embargo, sus intensiones ahora parecían diferentes. Tenía el optimismo propio de un nuevo gobernante para adelantar sus propios programas, pero reconocía los avances que habíamos alcanzado en estos cuatro años. Aproveché la oportunidad para compartirle parte de mis propuestas y le insistí en la necesidad de terminar las más de 3.150 obras que hoy están transformando la ciudad.

Ya han pasado cuatro meses desde ese encuentro y casi siete semanas desde su posesión. Claudia ha demostrado una gran capacidad de comunicación, transmite con gran efectividad sus mensajes, y ha buscado acercar sectores políticos y empresariales que ella misma había cuestionado. Esto puede parecer incoherente, pero realmente es lo que se espera de un nuevo gobernante, que convoque a todos los ciudadanos, incluso a quienes no lo acompañaron electoralmente.

Para muchos, su nueva actitud ha generado tranquilidad. En efecto, eso es lo que casi siempre sucede cuando se inicia un nuevo periodo. Cuando los nuevos gobernantes llegan al poder gozan de un mayor capital político que les permite tomar decisiones impopulares, incluso cometer errores y tienen el tiempo necesario para ajustar sus opiniones sobre los temas, aún cuando éstas fueran contrarias a sus posturas en campaña.

Es natural que así suceda, pues muchos sectores quieren estar al lado del ganador y a su vez, éste quiere extender los efectos de la victoria electoral. Este periodo se conoce popularmente como la ‘luna de miel’. Sin embargo, por más popular que sea un gobernante al inicio de su mandato, los errores, las limitaciones y las promesas incumplidas generan una gran decepción.

Claudia buscará no decepcionar a sus electores y tratará de desvirtuar las prevenciones de quienes no votaron por ella, este será su mayor desafío. En principio parece imposible de cumplir. Y lo más difícil será que su equipo, que en mayor parte representa los sectores políticos que la apoyaron, dejen atrás el odio que sienten por la pasada administración y compartan la agenda de la nueva alcaldesa.

¿hasta cuando la ‘luna de miel’?

La nueva alcaldesa hoy goza de una mayor favorabilidad pues está comenzando su gobierno, y por instinto, los seres humanos son atraídos por la novedad y lo diferente. A pesar de eso, es inevitable que la novedad se agote y como se ha demostrado en estos primeros días de gobierno habrá muchas promesas incumplidas. A esto, se le suman los escándalos en algunos nombramientos y sus cambios de posición frente a ciertos proyectos como el TransMilenio por la Avenida 68, que ya deja inconformes a varios de sus aliados.

A propósito de la licitación de la troncal de la Avenida 68, que representa una inversión de 3.2 billones de pesos, la alcaldesa buscó detenerla después de haberla respaldado cuando la Financiera de Desarrollo Nacional dio su aval técnico. Frente a esta discusión anunció que su alcaldía en el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) solo iniciaría una vez se adjudicara esta troncal, que había iniciado su licitación en la administración de Peñalosa. Afortunadamente se adjudicó esta troncal, ya que mejorará considerablemente el servicio de TransMilenio y detonará un proceso de renovación urbana en todo el corredor.

Sin embargo, deja mucho que desear la posición de la alcaldesa. Busca evadir la responsabilidad que tiene y demuestra que su alcaldía aún no tiene agenda. Pero esto no es todo, hace unos días en su cuenta de Twitter aseguró que su alcaldía comienza en un cien por ciento una vez se apruebe su plan de desarrollo en junio y la armonización presupuestal en agosto. Tradicionalmente una medición de los gobernantes son las victorias tempranas en los primeros 100 días de gobierno, y por lo pronto con base en estos pronunciamientos no serán muchas las que se podrán anunciar.

Esta aseveración demuestra falta de preparación y conocimiento. ¿Y mientras se aprueba el nuevo plan de desarrollo quién gobierna? La inseguridad como muchos otros problemas no dan espera, como por ejemplo, el hurto a personas, que es una de las mayores preocupaciones de los bogotanos aumentó 25 % respecto a enero del año pasado. Es decir, 2.100 casos nuevos. En situaciones como las protestas del mes de enero, quedó demostrada la improvisación de varios funcionarios de la Alcaldía. Es evidente que el nuevo protocolo, anunciado con bombos y platillos, es exactamente el mismo que ha sido aplicado por las administraciones pasadas. Prometieron que no habría más ESMAD, pero tuvieron que hacer todo lo contrario. La intervención del ESMAD es coordinada con protocolos nacionales e internacionales que han sido aplicados por varios años.

Frente al gabinete, vale la pena destacar algunos nombramientos, como el de Carolina Urrutia, la nueva Secretaria de Ambiente, quien cuenta con las credenciales para ocupar el cargo, pero tiene el reto de demostrar su capacidad como gerente público. Así mismo, vale la pena destacar la ratificación del gerente de la Empresa Metro y el nombramiento del gerente de TransMilenio, quienes venían de la administración Peñalosa. Estas decisiones reivindican la gestión y los resultados de la alcaldía pasada, que paradójicamente fueron las empresas que más recibieron críticas de Claudia y sus aliados.

Desde el 3 de enero, la alcaldesa ha disfrutado de los beneficios de la gestión de los últimos años, entregó 99 buses para las troncales de TransMilenio de los 1.441, adicionales a los 1.184 buses con tecnologías limpias que se compraron el año pasado para el sistema zonal, gracias a la renegociación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) y nueva licitación de TransMilenio. Así mismo, anunció un aumento en la tarifa de TransMilenio de 100 pesos para el 2 de marzo, que buscó justificar con la renovación de flota que tanto criticó. Gracias a la Alcaldía de Peñalosa, Bogotá tendrá 60 % de los buses de TransMilenio funcionando con gas y la flota más grande de buses eléctricos de Latinoamérica para el SITP.

Volviendo al gabinete, la gran mayoría de ellos representan a los sectores que apoyaron a Claudia. Por ejemplo, la Secretaria de Integración Social, Xinia Navarro, una exconcejala del Polo democrático que tendrá a cargo más de tres billones de pesos al año. O Blanca Durán, exgerente de la campaña de Petro a la Presidencia, quien es hoy directora del Instituto de Recreación y Deporte. Lamento volver a ver en la administración pública de la ciudad a quienes tanto daño le hicieron en el pasado.

Por otra parte, es importante destacar el interés en la integración regional y la alianza con Nicolás García, Gobernador de Cundinamarca, que ha sido determinante para la realización del Regiotram de occidente y el nuevo Regiotram del norte. Ambos proyectos son determinantes para el desarrollo de la región. No obstante, la alcaldesa ha resaltado que el Regiotram de occidente que viene desde Facatativá hace innecesario el TransMilenio por la Calle 13. No hacerlo sería un gran error, pues representa una inversión de 3.5 billones que reconstruirá y renovará por completo la entrada a la ciudad mejorando la competitividad y el transporte de un millón de personas.

Estos proyectos de desarrollo e infraestructura están ligados al Plan de ordenamiento territorial que debía haber sido aprobado el año pasado, pero que, por interferencia de Claudia, antes de ser posesionada, fue negado en el Concejo Distrital. Su influencia en esta decisión fue notoria y ella misma aseguró que antes de diciembre de 2020 se tendrá listo el nuevo Plan de ordenamiento de la ciudad. Esto será imposible a menos que presente el mismo plan de Peñalosa, pues de lo contrario, debe volver a la concertación ambiental con la Corporación Autónoma Regional (CAR), al Consejo Territorial de Planeación y al Cabildo Distrital. Es decir, Bogotá perdió la oportunidad de tener un ordenamiento territorial moderno, que promueva el desarrollo sostenible y la competitividad de la ciudad.

Es imposible predecir cuánto durará esta ‘luna de miel’, pero me temo que el afán de Claudia por mantener sus aliados originales y ganar nuevos adeptos la hará ver incoherente y oportunista. Necesitamos que le vaya bien a la Alcaldesa, pues el futuro de Bogotá no debe ser pensado para el beneficio del Alcalde de turno, sino de los ciudadanos. La transformación que ya inició no debe detenerse; las 3.150 obras en ejecución y listas para arrancar deben terminarse.

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