Bucaramanga ha sido una de las ciudades con mejor manejo de la pandemia y de la crisis económica. Su alcalde nos comparte las claves de esos logros. La ciudad se prepara para celebrar sus 400 años.

Al alcalde de Bucaramanga, Juan Carlos Cárdenas Rey, le gusta hacer política con las reglas de su profesión de ingeniero civil. Está convencido de que las decisiones de los gobernantes deben tomarse a la luz de los datos   de la ciencia. Y eso es lo que ha aplicado tanto para atender la emergencia sanitaria que trajo la pandemia, como para sostener su posición sobre la inconveniencia absoluta del proyecto minero en el área del Páramo de Santurbán, del cual depende el agua de Bucaramanga. Igualmente, para proyectar a la capital santandereana como una ciudad inteligente que haga de los emprendimientos tecnológicos uno de sus pilares de desarrollo junto con el turismo y los servicios de salud. 

Cárdenas, de 57 años, abandonó una carrera destacada como ejecutivo del sector de la construcción, incluso en el exterior, para tomar la posta de su antecesor, Rodolfo Hernández.

Su gestión durante la pandemia ha sido una de las más exitosas entre las grandes capitales del país. Revista Alternativa habló con él sobre este y otros temas.

Alternativa: ¿Cuál ha sido la afectación con la pandemia en Bucaramanga y su área de influencia y cuáles las decisiones clave para enfrentar la crisis?

Juan Carlos Cárdenas Rey: Hemos enfrentado esta crisis desde la ciencia. Ella debe gobernar las decisiones políticas. Hemos sido rigurosos con la información sobre los casos positivos, la letalidad y la ocupación de UCI. Eso nos ha permitido, de alguna manera, tomar decisiones acertadas y coordinadas con el Gobierno nacional. Hemos estado trabajando con la búsqueda activa comunitaria, para poder hacer una mayor cantidad de pruebas y aislar de manera preventiva a las personas que podemos recuperar en casa evitando que se compliquen y lleguen a ocupar camas UCI. En el primer pico de agosto del año pasado estábamos en 700 pruebas diarias y en el de ahora, en mayo, llegamos a 2.150. También triplicamos la capacidad de camas UCI: de algo más de 100, superamos las 300, lo que nos ha permitido salvar muchas vidas. En el primer pico, en Bucaramanga hubo 350 personas que perdieron la batalla y en el más reciente, menos de la mitad de esa cifra. Tuvimos la más baja letalidad en el pico más fuerte. Los datos nos dan la tranquilidad de que lo hemos hecho bien. Al final, ellos hablan por sí solos. 

¿Cómo van en vacunación y a qué meta aspiran llegar durante este año en esa materia?

Vamos muy bien. Tenemos un porcentaje permanente superior al 90 % de dosis aplicadas frente a las dosis recibidas. La población más vulnerable, las personas mayores de 65 años, y el personal de primera línea ya están protegidos, y trabajamos en las etapas tres y cuatro. Hemos aplicado más de 220.000 dosis. Cerca del 30 % de la población ya está vacunada. Bucaramanga tendrá inmunidad de rebaño con 430.000 vacunados y ya superamos las 100.000. Si el plan de arribo de vacunas se cumple, en septiembre debemos alcanzarla.

Nosotros debíamos tener una capacidad diaria de aplicación de 1.500 dosis, pero estamos en cerca de 8.000. Eso nos da confianza frente a la meta. 

Además de vacunas, la gente espera recuperación económica. ¿Cómo ha enfrentado ese reto?

Bucaramanga fue una de las ciudades que se reactivaron más rápido. Desde el mismo 27 de abril del año pasado reabrimos la construcción y después otros sectores. Prácticamente aquí no hubo aislamiento obligatorio permanente como el que se dio al comienzo de la pandemia.

Bucaramanga fue la primera ciudad que reinició los vuelos nacionales. Por esas medidas, nuestra economía, en términos de desempleo, ha sido de las menos afectadas. En abril estuvimos en 14,3 % de desempleo, lo que está por debajo de la media nacional de las ciudades principales, que es de 17,4 %. Eso ha sido producto del esfuerzo de los empresarios, pero también –hay que decirlo– del sector salud, que ha permitido mantener el balance entre proteger la vida de las personas, de las empresas y de los empleos. El resultado es al final positivo: somos la cuarta ciudad con menor tasa de desempleo, pero a la vez hemos reducido significativamente la letalidad del virus.

¿Pero hay planes específicos para dar un nuevo impulso a la ciudad?

Para la reactivación tenemos varias líneas; una de las más importantes es la inversión en infraestructura pública. Este año se invertirán en ese campo 150.000 millones de pesos de recursos propios, y agregando recursos del Gobierno nacional, a través de la ANI, Invías, la Unidad de Gestión de Riesgos y la Gobernación de Santander, llegaremos a una agenda de licitaciones por más de $500.000 millones.

Un sello de Bucaramanga es la industria del calzado. ¿Qué se está haciendo para recuperar este renglón de la economía?

Hicimos una feria internacional presencial en la que se vendieron 30 millones de pares, pero tenemos el gran reto de internacionalizar esta industria haciendo de las ventas digitales la nueva línea de negocio. Se necesita, eso sí, un cambio de paradigma porque hemos sido buenos para producir, pero no tanto para vender.

¿Entonces, en el comercio digital está el futuro?

Sí. Por eso decidimos construir una ciudad inteligente como parte del plan de desarrollo Bucaramanga, ciudad de oportunidades para todos. Reduciremos la brecha digital grande que hay con tres componentes: uno, mejorar la infraestructura tecnológica a través del alumbrado público inteligente, fibra óptica y conectividad universal; dos, una alianza entre gremios, academia y Estado a través del Consejo Universidad, Empresa y Estado (CUES); y tres, el fortalecimiento del conocimiento tecnológico desde los jóvenes. Hoy, desde la primaria, a través de salas Steam (comprenden ciencias, ingenierías, tecnología, arte, humanidades y matemáticas), empiezan a jugar en ese mundo. Bucaramanga tenía un computador por cada 11 estudiantes menores de edad. Ya bajamos esa relación a la mitad y terminaremos el gobierno con tres niños por computador.

Muchos visitantes aterrizan en Bucaramanga para acceder a servicios de salud de alta complejidad. ¿Está ahí también parte del futuro económico de la ciudad?

Bucaramanga es un clúster de la salud. En el área metropolitana tenemos dos zonas francas para ello y hay importantes instituciones de educación en salud. Si a eso le agregamos el potencial turístico –con importantes sitios históricos y ecológicos–, se abre una gran oportunidad. Ha habido un esfuerzo de la Alcaldía, con la Gobernación y la Cámara de Comercio, para internacionalizar la región. Hoy tenemos una conexión aérea de solo tres horas con un mercado como el de la Florida, de 17 millones de personas y con alto poder adquisitivo. Si antes de la pandemia teníamos 18.000 visitantes, con el vuelo a Fort Lauderdale tenemos un potencial para duplicar esa cifra y más. El reto es articularnos todos para desarrollar esa oferta de valor en salud y turismo, a la cual agregaría otra: el desarrollo de emprendimientos tecnológicos aprovechando que Bucaramanga tiene 120.000 estudiantes de educación superior.

¿Qué avances ha logrado sobre el tema de la migración venezolana?

Tenemos una ciudad con un alto porcentaje de inmigración. Más del 40 % de los residentes son no nacidos en Bucaramanga, según cifras del DANE. Mi abuelo fue migrante de la violencia en Boyacá. Hemos sido bastante acogedores con esta población, entre otras cosas, porque tenemos una historia reciente de mucha población nuestra acogida en otro momento en Venezuela. Luego, hay cierta corresponsabilidad con ellos. Hemos ayudado a que cerca de 1.000 migrantes regresaran de manera voluntaria a su país. Con la colaboración de organismos internacionales entregamos más de 100.000 raciones de comidas calientes. Y ahora, con Migración Colombia trabajamos en lo relacionado con los permisos especiales de permanencia. Iniciamos un proceso para identificarlos y saber cuáles son sus capacidades. Verlos como una oportunidad económica es nuestra responsabilidad. Después de superar la pandemia vamos a tener un crecimiento económico acelerado y la población migrante va a ser clave en ello.

Un tema estratégico de su alcaldía es Santurbán. ¿Mantiene sus diferencias con el Gobierno nacional sobre el manejo del páramo?

Para mí, algo fundamental en un político es la coherencia. En campaña planteamos, dentro de nuestras propuestas, una lucha incansable contra la corrupción y por la defensa de Santurbán. Hemos dado el debate dentro de la institucionalidad, con respeto por la información científica y técnica. Y aquí repito: creo que la ciencia debe gobernar las decisiones políticas. Estamos convencidos de que no es pertinente el desarrollo de gran minería en zonas de páramos. Santurbán les da agua dulce a dos millones de personas en su área de influencia. Ese proyecto es absolutamente inconveniente por las afectaciones en la salud y es inviable en cuanto a las regalías para el oro en el país. Ya dos veces lo han archivado y vamos para una tercera.

¿Cómo afectó a Bucaramanga el paro nacional y qué reflexión le deja esta experiencia que ha tenido el país?

En Bucaramanga, en medio de este paro, no ha habido que lamentar, por fortuna, la pérdida de personas o desapariciones, ni ha habido desabastecimiento alimentario. Esto deja ver cómo hemos venido gestionando la situación.

Ahora bien, no podemos quedarnos solamente con el hecho de que mañana se levante el Paro por algún acuerdo transaccional. Lo que hay detrás de este proceso es un espacio importante para escucharnos. Aquí constituimos una sala situacional para garantizar los derechos a la manifestación pacífica, y establecimos el espacio de diálogo Pido la palabra, que nos llevará a recoger sentimientos de todos, a reencontrarnos y a establecer una narrativa con indicadores, responsables, metas por cumplir y recursos, para que nada quede en letra muerta. Normalmente se hace una transacción, se levanta el bloqueo, pero si no está representada la sociedad como tal, las cosas escalan más adelante. Es importante que recuperemos la confianza.

Esperamos recoger todo en un documento para ajustar decisiones del gobierno municipal, pero, así mismo, con propuestas para elevar al orden nacional. De esta crisis deben salir oportunidades. Si no, creo que al final la ‘factura’ nuevamente va a llegar.

¿Hay espacio para la esperanza después de esta crisis?

Sí, debemos ser capaces de avanzar en el proceso de vacunación, en una reactivación económica sostenible que, de alguna manera, sea un espacio para recuperar la confianza en la ciudad, y que podamos celebrar sus 400 años. El 2022 será un año para volver a ilusionarnos con la vida, la familia y la ciudad. Hay que visualizar lo que sigue. Yo veo un panorama de oportunidades para todos.

¿Y cuál es el plan para celebrar esos 400 años?

Estamos creando una agenda en lo cultural, lo deportivo y lo empresarial. Esperamos que haya 400 eventos culturales, 400 eventos deportivos, 400 composiciones musicales, las mejores 400 fotos… Queremos 400 días de celebraciones.