Por Alejandra Meléndez /Cultura & nuevas tendencias

@alemelendezg

Con la pandemia del coronavirus, nuestros hogares pasaron de ser un lugar para irse por la mañana y volver por la noche a estar ocupados casi las veinticuatro horas del día. En ellos se realiza un sinfín de actividades que marcan una nueva tendencia y grandes cambios para el futuro.

Quedarse en casa fue una de las primeras recomendaciones que hicieron los expertos cuando empezó la crisis. Las palabras confinamiento y cuarentena fueron, según la Real Academia Española (RAE), las más usadas en 2020 en el universo hispanohablante. Y es de esperarse: desde que la covid-19 sacudió al mundo y convirtió los espacios públicos en zonas prohibidas, permanecer en nuestros hogares se volvió el único medio para evitar el contagio. Tanto así, que diversos estudios apuntan que la tendencia a quedarse en la casa se mantendrá aun cuando acabe la pandemia. 

De acuerdo con un análisis de las empresas Beko y The Future Laboratory, en Reino Unido, estamos ante la “era del nesting” o de “anidamiento”, una filosofía que nos invita a pasar más tiempo en el lugar donde vivimos y a hacer de él un sitio acogedor, con espacios agradables que nos garantizan seguridad ante un ambiente exterior que puede ser hostil. El informe identificó las tendencias y actitudes emergentes que transformarán tanto el estilo de vida como los mercados domésticos.

Con la pandemia, la casa se ha convertido en nuestro templo. En el lugar de protección ante el acecho de un virus que no discrimina. Durante los confinamientos aprendimos a realizar en casa todo lo que antes considerábamos necesario hacerlo por fuera: trabajar, ejercitarnos, estudiar, comprar, asistir a una cita médica, mercar y hasta visitar un museo.

“Los últimos meses han cambiado nuestras vidas para siempre y las empresas y los gobiernos tienen un importante papel que desempeñar para ayudarnos a adaptar a este nuevo orden mundial. El hogar, en particular, experimentará un cambio radical, ya que nos replanteamos dónde y cómo vivimos y buscamos soluciones que reflejen la creciente preocupación por la higiene, la sostenibilidad y el bienestar”, comentó el director ejecutivo de Beko, Hakan Bulgurlu, en la presentación del estudio. 

Las preocupaciones colectivas sobre la higiene, el bienestar y la inmunidad seguirán influyendo en la forma en la que vivimos, por lo menos, durante la próxima década. “Ahora, la casa lo es todo para nosotros”, señala Annie Auerbach, cofundadora de la agencia de conocimientos culturales Starling y referenciada en el estudio: “Es más importante que nunca; es nuestro santuario, nuestro castillo”.

El informe también asegura que los cambios se verán reflejados en diferentes aspectos y que serán clave para las próximas generaciones:

  • La revolución rurbana: a medida que la gente busca salud, higiene y una vida de recuperación, un éxodo urbano volverá a dar vida a los suburbios y las áreas rurales, mientras que las ciudades tendrán la oportunidad de volverse más centradas en el ser humano.
  • Propiedades multimodales: para 2030, la era del anidamiento verá la adaptación de las casas para convertirse en “espacios combinados”, capaces de brindar con fluidez diferentes tipos de trabajo, descanso, recuperación y juego.
  • Vida a prueba de pandemias: las preocupaciones sobre la inmunidad impulsarán nuevas direcciones en el modo de vida, a medida que los estilos hiperhigiénicos y a prueba de epidemias pasen a primer plano.

Hemos visto que el hogar se ha convertido en nuestro nido en el único lugar seguro ante una crisis que todavía no tiene fecha de caducidad y que ha cambiado nuestra forma de comprender la vida. Algunas prácticas no desaparecerán por completo, como la de quedarse en casa; muchos permanecerán dentro, incluso, cuando nos pidan que salgamos.