La pandemia sorprendió a los líderes políticos del mundo que estaban librando sus propias batallas internas para sofocar la globalización de las protestas sociales, el enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China, la expansión de los gobiernos populistas en Latinoamérica

“Preparémonos para asumir nuestras responsabilidades, y tengamos presente que si el Imperio Británico dura mil años más, la gente seguirá diciendo: esa fue su hora de gloria”. La célebre frase fue pronunciada por Winston Churchill, considerado uno de los más grandes líderes de la historia y el político que le cambió el rumbo a la Segunda Guerra Mundial, en el momento en que la Alemania de Adolfo Hitler avasallaba a la Gran Bretaña y a los Aliados. 

Era un líder determinante, que se le midió a los momentos más difíciles de la Guerra, considerado el conflicto más mortífero de la historia, que dejó millones de muertos. En los momentos más oscuros que han vivido las naciones desde la segunda mitad del siglo pasado a hoy, la personalidad arrolladora y el liderazgo de Churchill se evocan como un punto de partida para enfrentar los complejos momentos de crisis y de memoria se recitan apartes de sus célebres discursos y oratoria. Churchill incluso recibió el Premio Nobel, no el de Paz sino el de Literatura en el año 1953.

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Desde entonces, mucha agua ha pasado debajo de los puentes, y otros grandes estadistas como Charles de Gaulle, que impulsó el camino de la Francia libre y posteriormente logró consolidar la base de una Europa en paz; Mijaíl Gorbachov, el gran arquitecto de la perestroika y la glásnost, que le pusieron punto final al comunismo que por ese entonces recorría una parte de Europa y era el principal gestante de la Guerra Fría. Esa que tantas veces estuvo a punto de convertirse en el estallido de una tercera guerra mundial; Franklin de Roosevelt, uno de los referentes históricos de la política Norteamericana, que ocupó en cuatro oportunidades la Casa Blanca y tuvo bajo sus hombros el manejo de la gran Depresión Económica del 29. Todos ellos dejaron su impronta en la historia y cada uno, como otros en diferentes momentos y latitudes, forman parte de un club privilegiado de hombres con poder y templanza, que en tiempos de grandes dificultades estuvieron a la altura de las circunstancias. 

Desde la Segunda Guerra Mundial ninguna otra crisis ha impactado tanto al planeta y ha comenzado a dejar heridas tan profundas en la sociedad, como está ocurriendo hoy con la pandemia desatada por el COVID-19. La humanidad fue sorprendida de la noche a la mañana y los líderes políticos y económicos se encontraban ocupados en batallas individuales para imponer supremacía y poco tiempo tenían para ocuparse de un virus que comenzaba hacer estragos en una remota ciudad de China. 

Donald Trump, estaba sumergido en una guerra abierta y sin cuartel contra el mundo asiático; Boris Jhonson, impulsando la salida del Reino Unido de la Unión Europea; Emmanuel Macron, soportando las continuas y desbordadas protestas sociales que le exigen una mejor calidad en la prestación de la seguridad social. Vladimir Putin, buscando una vez más su reelección para terminar de perpetuarse en el poder en Rusia. 

En Latinoamérica, la radiografía no era tan diferente al viejo Continente y América del Norte. Los presidentes de Chile, Sebastián Piñera y de Colombia, Iván Duque, andaban ocupados haciendo frente a la combustión de la protesta social, desbordada por el vandalismo y un cúmulo de exigencias que pasaban por la seguridad social, la calidad de la educación y mejores oportunidades para la clase media y trabajadora. En Venezuela, Nicolás Maduro tratando de sobreaguar el barco del populismo que llevó a la debacle al país. En Centroamérica, el rancho ardía en Bolivia, con el gobierno de facto de Evo Morales y Daniel Ortega, impulsando una terrible represión contra la protesta social en Nicaragua. 

 

Un filántropo 

Así estaba el mundo cuando las noticias provenientes de Wuhan, China, una ciudad de 11 millones de habitantes, reportaban que el Coronavirus, un virus común entre los animales, comenzaba a cobrar las primeras víctimas entre los humanos. En medio de la globalización, el virus se propagó a la velocidad del viento y muy pronto el mundo se enfrentó a una realidad sacada de la ficción: miles de millones de habitantes entraron en confinamiento para evitar que las cifras de muertos se dispararan por falta de equipos en las Unidades de Cuidados Intensivos. 

La pandemia del Coronavirus ha medido la capacidad de liderazgo de políticos, empresarios, filántropos y la comunidad médica para hacerle frente a un monstruo impredecible que ha dejado más de 136.000 muertos y más de 2.000.000 millones de personas contagiadas. Más de 180 países del planeta Tierra afrontan el virus. En Europa se concentra la mitad de los ciudadanos que han dado positivo para Coronavirus, y países como Italia y España, han sido los más afectados con un saldo de más de 90.000 muertos.

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A nivel mundial, sin duda alguna, la figura de Bill Gates, uno de los hombres más ricos del planeta y dedicado desde hace años a la filantropía, ha sido uno de los abanderados en esta batalla. A través de sus escritos, publicados por la prensa mundial, ha hecho un llamado para “superar los egoísmos y vencer la pandemia”, así como la imperiosa necesidad que los países más ricos le den la mano a las poblaciones más pobres del mundo. También está financiando siete equipos de investigadores en busca de la vacuna, que por ahora, es la única solución de fondo para enfrentar este virus. Además, está construyendo un enorme laboratorio para tener listo todo el equipo que permita producir la vacuna a gran escala y masificar su aplicación a nivel mundial, especialmente en los países más pobres. 

 

Un paso al frente

En Colombia, ¿cómo ha sido esa templanza de liderazgo para enfrentar esta pandemia mundial? El país inició un largo confinamiento que lleva más de un mes. El enorme esfuerzo de permanecer este tiempo en casa y con la economía andando a media marcha, ha permitido que las estadísticas de contagio y muertes sean muy inferiores a países como Estados Unidos, España e Italia. Los contagios están por encima de los tres mil casos, mientras que 144 personas han fallecido. (Al cierre de esta edición).

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El trabajo realizado por las autoridades sanitarias han sido de vital importancia para evitar que las UCI colapsen y el país se enfrente al terror de la pandemia. Si bien la curva del virus ha sido benévola con el país, lo que sí está claro es que por ningún motivo se puede bajar la guardia. 

Todo este trabajo de los equipos médicos, ha tenido un costo enorme y de repercusiones desconocidas para la economía. Todavía no se sabe a ciencia cierta cuánto más durará el encierro ni tampoco cómo se comenzará el proceso de regreso gradual al trabajo. Para los analistas cada semana de confinamiento es una bomba de tiempo en lo social. Los brotes de protesta, por parte de la población de escasos recursos no se han hecho esperar. La ayuda prometida por el Gobierno y las alcaldías locales ha tardado más de la cuenta. 

El presidente Iván Duque, logró con el paso de los días de la emergencia global asentarse frente a semejante desafío y hoy por hoy ha liderado con buena mano las medidas tanto sociales como económicas para enfrentar la pandemia. Una cascada de decretos para aliviar las cargas económicas de empresas y trabajadores se han anunciado día tras día. No obstante, ha habido críticas desde diferentes sectores de la sociedad por la falta de celeridad en los procesos para acceder a los créditos y a los beneficios tributarios. Los bancos siguen amarrados a la estaca y a cuentagotas han venido cumpliendo con sus promesas de ayuda. Las entidades públicas como la Dian y Bancondex van a paso lento, lo que ha exacerbado los ánimos.

Entre los aciertos del presidente Duque está el de contar con dos alfiles de primera línea: el ministro de Salud y Protección Social, Fernando Ruiz, un curtido médico con doctorado en salud pública ocupacional en la escuela de medicina de Harvard. Ruiz ha liderado todo el proceso de pruebas para detectar la trazabilidad del virus en el país. Es quien maneja los hilos para que el Presidente tenga los argumentos de ampliar los tiempos de cuarentena o comenzar a salir a la calle de manera inteligente después del 27 de abril. Todavía no está dicha la última palabra. Los expertos en materia de salud son más partidarios de extender el confinamiento, pero la economía está con la soga al cuello y en un país pobre como Colombia, las pérdidas para las compañías serían la ruina, el desempleo se dispararía y la caída del crecimiento económico del país sería muy delicado. 

No todo ha estado del lado del ministro Ruiz. Le han llovido fuertes críticas desde el sector médico, que se siente desprotegido para atender la pandemia. Dos médicos han muerto en su trabajo y los profesionales de la salud reclaman del Gobierno la dotación de implementos de seguridad que les garantice su aislamiento y evitar el contagio al que están expuestos en las UCI.

El otro alfil del gobierno Duque ha sido el Ministro de Hacienda y Crédito Público, Alberto Carrasquilla, quien con su equipo económico ha trabajado en la toma de decisiones para proteger al máximo el empleo, brindar alivios tributarios a las empresas, exigirle a la banca freno en los cobros de los créditos y liberar miles de millones de pesos para que los empresarios puedan hacer frente a esta difícil situación. Carrasquilla y su equipo económico han recibido críticas por la demora en el desembolso de los recursos que requiere el sector salud para atender de la mejor manera esta pandemia. Los expertos exigen que esos dineros deben ser girados directamente a clínicas y hospitales sin la intermediación de las EPS. 

Entre los gobernantes locales, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López ha tenido un valioso desempeño frente a la pandemia. Fue ella quien impulsó el simulacro de cuarentena el pasado 19 de marzo y varios alcaldes y gobernadores la secundaron. Los expertos en epidemiología señalan que de no haberse frenado la salida de ciudadanos en esa fecha festiva, los casos de contagio estarían disparados en el país. Claudia López ha manejado con pulso y carácter el confinamiento en la capital, pero también se le ha reprochado su exceso de protagonismo y la “lengua larga” en temas tan sensibles como el económico, en el que ha hecho una serie de comentarios sin medir sus consecuencias. 

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El club

A lo largo de esta crisis los colombianos se han preguntado ¿dónde está la templanza de los líderes políticos del país y qué papel han jugado los expresidentes? El gran ausente de esta emergencia ha sido el Congreso de la República. Ausente por completo de las grandes decisiones que ha tomado el Gobierno. Sumergido en un debate eterno si son o no válidas las sesiones virtuales. Maniatado por sus propios Congresistas que han dado paso de tumbo en tumbo y hoy la opinión pública los ignora por completo.   

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En el club de expresidentes, César Gaviria brilla por su ausencia. Acostumbrado al mansanillismo y la burocracia, el expresidente liberal se ha limitado a informar a sus más cercanos colaboradores que prefiere estar expectante y respetuoso frente a las decisiones del Gobierno. La verdad, es que Gaviria está maniatado de manos porque su poder está en parte en la bancada de su Congreso, que va en contravía igual que el expresidente. 

Quien sí ha estado muy activo ha sido Andrés Pastrana. Desde su finca de descanso en Nilo, Cundinamarca, el exmandatario ha movido sus hilos a través de las video conferencias y logró armar un equipo de lujo en que están exministros de Hacienda, empresarios del peso de Manuel Santiago Mejía, de importantes expertos en materia jurídica y su trabajo ha consistido en dar línea al Gobierno en los temas económicos y en buscar una seguridad jurídica del Estado frente a las demandas que se avecinan por la parálisis del aparto judicial del país.

La pandemia del COVID-19 le ha medido el pulso al planeta en materia de liderazgo. Son contados quienes han pasado la prueba y por ello, en esta crisis de salud con repercusiones en lo social y económico se evoca más que nunca la figura de Churchill. “Existen tres tipos de personas: aquellas que se preocupan hasta la muerte, las que trabajan hasta morir y las que se aburren hasta la muerte”.

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