POR: Jorge Lesmes M.
Editor Revista Alternativa

Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral, MOE.

Alternativa: ¿Al registrador le quedó grande el proceso electoral?

Alejandra Barrios: a la Registraduría le faltó dialogar, transparentar información y hacer un proceso electoral desde antes para poder tener los tiempos de diálogos y mesas técnicas necesarios. No se puede hacer un proceso sin consultarle a nadie.

¿Qué ocurrió realmente en el conteo de los votos en las elecciones parlamentarias y de consulta de partidos para los candidatos a la Presidencia que tiene a la Registraduría en el ojo del huracán?

Hubo una cadena de errores que el día de elecciones terminaron en la tormenta perfecta. Errores que tienen que ver con el diseño del formulario de cuenta votos que se conoce como E-14; hubo falta de diálogo con las organizaciones políticas. Se hicieron apenas cinco reuniones de seguimiento electoral previo al día de elecciones; hubo dificultades al acceso a la información tanto para las organizaciones políticas como para la Misión de Observación Electoral y además, se tenían ya unos problemas con la ciudadanía sobre la transparencia misma del proceso. El más evidente de esos problemas fue el aplicativo que se utilizó para la inscripción de votantes.

Sobre ese tema, ya se había presentado un rifirrafe entre el registrador y el director del DANE

Sí, ya había existido una discusión sobre la calidad del censo electoral. Si teníamos cinco millones o más de ciudadanos nuevos para votar. Fue una discusión que quedó en punta y eso generó una masiva consulta de las personas que querían saber si podían inscribir su cédula para votar lo que llevó a que el aplicativo colapsara. Nunca hubo una claridad sobre lo que había pasado con el aplicativo y los ciudadanos no recibieron la información clara si habían quedado o no inscritos. El día de las elecciones la página de infovotantes no soportó el tráfico y se cayó desde muy temprano. En términos de ciudadanía, se comenzaron a generar muchas preguntas. A eso hay que sumarle que en el orden municipal y departamental sí se hicieron bastantes comisiones y seguimientos del proceso electoral, pero en el orden nacional todo quedó en el escenario de la Registraduría.

Registrador nacional Alexander Vega.

En otras palabras, la Registraduría no socializó el proceso electoral ni con los ciudadanos, ni con los partidos políticos, ni con la Misión de Observación Electoral. ¿Con nadie?

Efectivamente. ¿Y a qué conlleva esa falta de socialización? Que no pudo recibir recomendaciones ni reacciones a tiempo. Cuando se diseña una tarjeta electoral, no es solo el diseño. Es poder brindar un espacio para que los diferentes actores que van a estar en esta tarjeta electoral puedan realizar sugerencias sobre como acomodar mejor los números, los nombres, cuál es la mejor manera de ubicación que no genere confusiones entre el votante, la ubicación del voto en blanco. Es recibir todas esas recomendaciones para garantizar y fortalecer el proceso electoral. Cuando hablo de recomendaciones es eso, no es que se someta al capricho de lo que quiera hacer cada actor interesado en el proceso electoral pero la posibilidad de consulta aminora los errores.

En los señalamientos de las fallas que se presentaron, uno muy recurrente ha sido que no hubo una selección idónea de jurados. ¿Eso es verdad?

El nuevo Código Electoral hace una modificación muy importante donde señala que cualquier ciudadano habilitado para votar, puede ser jurado de votación. Actualmente se llena a través de cupos donde se invita a las organizaciones políticas a presentar candidatos para ser jurados de votación, a las empresas igual, a las universidades, al magisterio que tradicionalmente había sido jurado de votación. El tema de que haya una diversidad de ciudadanos que puedan ser jurados de votación no debería ser un problema. Se pueden conformar mesas que son diversas.

Entonces, ¿en dónde radica el problema de los jurados?

En que se conformaron las mesas con personas que no tenían ninguna experiencia en procesos electorales, que lo hacían por primera vez. En las mesas no había una persona con experiencia que señalara cuál es el procedimiento adecuado de acuerdo a su experiencia y conocimiento. Entonces, el problema de fondo es que para tener unos jurados sin experiencia era necesario hacer una preparación adecuada, haberlos capacitado para que cumplieran su labor de jurados sin problema alguno.

¿La capacitación de la Registraduría fue insuficiente?

La Registraduría ha señalado que más del 80% de los jurados fueron capacitados, pero eso no significa que hayan sido adecuadamente capacitados. No hubo una buena capacitación, porque si la Registraduría señala que el mayor problema tenía que ver con el llenado de los formularios por parte de los jurados de votación, eso significa que no estuvieron adecuadamente capacitados.

“La Registraduría ha señalado que más del 80% de los jurados fueron capacitados, pero eso no significa que hayan sido adecuadamente capacitados”.

¿Ustedes como Misión de Observación Electoral alcanzaron a dar esa voz de alerta?

En el proceso de capacitación lo que señalamos de manera específica es que no se estaba dando la misma información en los diferentes cursos que se hacían para los jurados electorales. En algunos les decían que tenían que llenar con asterisco; en otros que no tenían que llenar con nada; en otros que solamente con rayas; en otros que solo tenían que poner los números. Y cuando uno ve la cartilla con la que se hizo la capacitación se señala que es con los asteriscos.

Esos formularios con asteriscos, rayas, números, han circulado por las redes sociales como prueba de que sí hubo un fraude. ¿Es así?

Los jurados de manera proactiva, porque ya no tenían confianza y querían evitar cualquier tipo de fraude, llenaron con asteriscos todas las casillas, inclusive algunas con rayas. ¿Qué si eso genera una modificación en los resultados electorales? Claramente no. Los números están ahí. Se podían ver, otra cosa es que se haga una raya o un asterisco. Es el típico error que se presenta en procesos electorales, pero que se corrige en el proceso de escrutinio.

Entonces ¿de dónde salen más de 500 mil votos para el Pacto Histórico?

Eso no se le puede achacar a los jurados de votación, no tiene una lógica, porque estamos hablando de la afectación de una sola organización política. El error estuvo en la trasmisión de los votos. En los operarios contratados por la Registraduría que tenían que tomar uno de los formularios, que se llama el formulario de transmisión, que es con el cual se informa a otro operario cuántos son los votos por cada mesa y ese operario se lo entrega a otra persona que digita los datos para que todos nosotros podamos ver el día de elecciones. Ahí es donde se puede cometer una serie de errores tan grande que en la transmisión de esa información puede llevar a 500 mil votos. A eso iba pegado un segundo error: el formulario E-14, que tiene para dos organizaciones políticas, el Pacto Histórico y el Nuevo Liberalismo, una ubicación que parece más un pie de página en los formularios electorales que sirven para contar los votos. A mayor votación, mayor posibilidad del error.

¿Es decir, que otro de los graves errores de la Registraduría fue el diseño de los formularios de conteo de votos como el E-14?

Exactamente. El diseño del formulario estuvo mal planeado, la Registraduría no lo socializó para revisarlo por parte de las organizaciones políticas. Solo se presentó el 9 de marzo cuando ya estábamos en proceso electoral en el exterior. El Pacto Histórico señala de inmediato que hay un error y la MOE acompaña ese señalamiento cuando revisa el formulario y se da cuenta que tanto el Pacto Histórico como el Nuevo Liberalismo aparecen al final de la página del formulario como una nota de pie de página. Y eso es lo que nosotros creemos que terminó llevando a la omisión de la información en la transmisión de los datos. No es que los votos no estuvieran, los escrutadores, es decir los jueces y notarios que hacen el papel de escrutinio, sí estaban viendo esa información. Y la ven porque tienen mucho más cuidado en la transmisión de los datos, tienen un equipo más completo para revisar la información. Pero además el software no permite avanzar si la información no está completa. Si no veían lo que llamamos pie de página de inmediato, el software le da la alarma de que le falta un dato, el cual tiene que ser cero o un número de votos, entonces no hay forma de cometer errores en el conteo.

“Hubo una cadena de errores que el día de elecciones terminaron en la tormenta perfecta. Errores que tienen que ver con el diseño del formulario de cuenta votos que se conoce como E-14”

¿Frente a esta situación, se equivocó el registrador en no salir lo más pronto posible y explicar la situación de lo que había ocurrido y no dejar que el rumor de fraude se regara como pólvora?

Exactamente, le faltó haber salido y explicar lo que había pasado. En la reunión de la Mesa de Garantías Electorales, el registrador señala que el mismo lunes, un día después de elecciones, se habían dado cuenta de que había un error en la transmisión de datos. Si ofrece una información oportuna hubiera acallado tanto la sensación de fraude para una organización política como para otra que está viendo una modificación de resultados que nadie le explica y que favorece a otra organización política, hubiera generado por lo menos unas rutas de consultas para poder entender qué fue lo que pasó, pero esa explicación solo se da el jueves en la tarde. Nosotros como misión de observación solo pudimos salir ese día, después de hacer toda la trazabilidad y entender qué había pasado, y decir ojo, no hay fraude, no es como lo están señalando las organizaciones políticas en contienda que a partir de la falta de información oficial generan su propio relato, tienen sus dudas y angustias electorales.

¿Por qué razón no se hizo el recuento de votos como lo pidió el propio registrador y lo insinúo el Gobierno?

En nuestro Código Electoral y en la legislación colombiana no está la posibilidad de recontar los votos. Para nosotros fue muy extraño que haya sido la misma autoridad electoral, es decir la Registraduría que organiza las elecciones, quien sea la que llame a hacer un procedimiento que no está reglamentado. En un proceso electoral, cualquier cosa que no esté reglamentada genera dudas. Para nosotros era natural que las organizaciones políticas pidieran el recuento, la ciudadanía, más no la Registraduría. Si es ella la que conoce todo el proceso, tiene toda la información, no le correspondía hacer un llamado de algo que no existe, hubiera sido un camino hacia el desastre.

Otro de los temas señalados ha sido que se debe realizar el software. ¿Por qué?

Es un tema que ha estado muy discutido desde el año pasado y es porque no ha tenido auditoría externa de las mismas empresas. Y eso se convierte en un problema de confianza para las elecciones a la Presidencia de la República. A estas alturas es muy difícil poder hacer una auditoría porque requiere un tiempo de cuatro a seis meses. Se va haciendo mientras se diseña el mismo software, se van haciendo recomendaciones técnicas para buscar mejoras en todos los procesos. Era un problema de tiempos, pero se había podido dar un acceso especial para ir haciendo auditorías mientras se preparaba el software para las elecciones, pero la Registraduría no lo consideró, tampoco lo consultó con ninguno de los actores del proceso electoral.

¿Cómo garantizar a los candidatos y a la ciudadanía un proceso electoral serio de cara a la elección del próximo presidente de la República y que no se repita lo que pasó?

Cualquier paso que se dé hacia adelante tiene que partir de una hoja de ruta que brinde información a todos los intervinientes en el proceso electoral de manera oportuna, clara y accesible. Vamos a ir a un proceso electoral en que nos toca confiar en el proceso independientemente si los partidos y la ciudadanía depositan total o parcialmente su confianza en el registrador como figura que organiza las elecciones.

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