Las FARC pretenden que las familias de las víctimas que ellos secuestraron y torturaron, les otorguen el perdón sin haber contado toda la verdad del horror que cometieron

Por Herbin Hoyos Medina / Periodista investigador

Los secuestrados por las FARC que regresaron con vida, están viviendo de milagro. Al escuchar cientos de testimonios de desmovilizados que narran los momentos cuando a ellos los reclutaron, los sometieron a crueles entrenamientos y como le pasó a Ángela, que la sacaron del campamento y se la llevaron con dos niñas más —que eran nuevas— y a los pocos días las entrenaron matando secuestrados. Eran tres hombres a quienes los tenían amarrados en el campamento del “negro Acacio”.

Salieron y más adelante se encontraron con tres secuestrados. A ellos los llevaban con las manos atadas y los ojos vendados. Cuando iban llegando al punto donde los iban a matar, se escuchaba el rechinar de las palas y las picas, abriendo el hueco donde los iban a echar. Los secuestrados empezaron a llorar mientras los guerrilleros más antiguos les decían que les estaban haciendo una nueva caleta para dejarlos allí protegidos.

Ellos sospechaban el horror. Los hicieron tender de cara al suelo mientras ellos sollozaban suplicando que no los mataran. Ángela y las otras dos niñas recién reclutadas empezaron a llorar también en silencio mientras las pararon al lado de ellos cerca a las cabezas. Empezaron orientándolas con señas, les pasaron a cada una pistola 9 mm y contaron hasta tres. Las niñas siguieron llorando porque no se sentían capaces de hacerlo y las retiraron para decirles que si no lo hacían, la orden era matarlas a ellas también.

Ellas les decían: “háganlo ustedes que ya saben cómo es y nosotras no decimos nada y les repitieron: “si no lo hacen, ustedes también van para el hueco”. Tenían que pegarles un solo tiro a la cuenta de tres, al mismo tiempo y si no lo hacían, la orden ya estaba dada, ellas también morirían. Les hicieron señas con los dedos. Uno, dos y tres y se confundieron los tiros en uno solo. Los mataron.

Luego les dijeron que tenían que romperles el estómago con un palo que tenía una punta para que no se explotaran y los encontraran. Ellas se negaron a hacerlo y se fundieron en llanto. Los taparon y se fueron. Los secuestrados que vivieron esa criminal experiencia y regresaron con vida, hoy pueden decir que ya perdonaron y le dan gracias a Dios de estar con vida, pero no pueden decir lo mismo, los familiares de los que las FARC secuestraron y no volvieron. Tampoco pueden decir lo mismo las niñas de 10, 11 y 12 años que reclutaron a las que violaron muchas veces a la fuerza y luego las sometieron a horrorosos abortos. Ellas no lo olvidan. El dolor lo tienen en el alma. Ellas sólo quieren justicia.

A los familiares de los secuestrados les tocó enfrentar las tormentosas llamadas en horas de la madrugada con crueles amenazas, muchas veces diciendo que le iban a cortar un dedo para enviarlo como prueba de supervivencia o que se lo enviarían picado al secuestrado en una bolsa. A muchos les cumplieron con matarlo, hicieron realidad la amenaza pero nunca los entregaron. Otros, para evitar la tortura de la bolsa, les tocó vender sus propiedades, hipotecar lo que tenían en el momento, para pagarle a las FARC las millonarias sumas extorsivas.

La ambición de criminales cabecillas como Carlos Antonio Lozada, que reclutó a cientos de jóvenes en universidades, manejó las Redes Urbanas de las FARC en Bogotá y dirigió muchos atentados terroristas y carros bomba, o Romaña, que secuestraba en la vía al llano, Pastor Alape en el Magdalena medio, Timochenko dirigiendo desde La Uribe, Victoria Sandino, en el cañón de Las hermosas, Iván Márquez en Antioquia y el noroccidente, Pablo Catatumbo que tenía azotado con secuestros, reclutamientos y desapariciones el Valle del Cauca, Joaquín Gómez en el Putumayo, Fabián Ramírez y Sonia en el Caquetá, Hernán Darío Velásquez Saldarriaga, alias “el paisa” de la Teófilo Forero, sembrando el terror y llevándose a muchos secuestrados en el Huila y Caquetá y el médico Mauricio Jaramillo responsable de cientos de abortos, más los crímenes de todos los demás, no se pueden olvidar.

Hoy, todos los que ahora son senadores, en el pasado estuvieron repartidos por todo el país secuestrando y aterrorizando a Colombia. Esos hechos, las víctimas tampoco los olvidan y menos cuando salen campantes negando los hechos y ocultando la verdad ante la JEP. Ellos ahora quieren que las familias de los secuestrados, les perdonen cuando se ufanan de los crímenes, sin haber dicho la verdad, sin haber dado respuesta a que hicieron con esa persona. Las niñas se ven más revictimizadas cuando criminales como Timochenko niegan las violaciones y todos los hechos, habiendo sido el creador e instructor de escuelas como la Hernando Gonzáles Acosta, la escuela Isaías Pardo y muchas más, que convirtieron en centros de entrenamiento de niños y fusilamiento de todos los que no superaban las crueles pruebas, porque se comían algo sin permiso o simplemente porque lloraban, ya que suplicaban para que les permitieran irse para su casa. Por eso los fusilaban.

Actos de perdón como el que promovió la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, no son más que escenarios para formalizar el cinismo criminal de las FARC sin ningún tipo de escrúpulos ni arrepentimiento ante las víctimas. Afortunadamente han surgido víctimas con mucha dignidad como las niñas de la Corporación Rosa Blanca o víctimas como Derly Pastrana, Yolanda Perea y muchas más. Víctimas como las de Fevcol y la Asociación de secuestrados y desaparecidos “Los que Faltan”. Víctimas con carácter, como la señora que no quiso darle el abrazo a la criminal Griselda Lobo, alias Sandra Ramírez, que le pidió el abrazo a la víctima, solo para hacerle la escena a los noticieros y para ella sentirse bien, no para que la víctima tuviera paz. Le pidió el abrazo sin haberle dado respuesta de su esposo secuestrado y desaparecido por las FARC. Esas víctimas que los ponen en su sitio a riesgo de que las maten son las que necesitamos para que el país reaccione y no acepte los shows que quieren exaltar a los criminales de las FARC.

Hoy, todos los que ahora son senadores, en el pasado estuvieron repartidos por todo el país secuestrando y aterrorizando a Colombia.

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