El exministro de Hacienda conservador, quien respaldará con firmas su aspiración presidencial, dice que el país necesita un gobernante experto en economía y manejo de crisis, como él.

Juan Carlos Echeverry es economista de la Universidad de los Andes.

Juan Carlos Echeverry dice que no quiere ser un presidente reformador sino transformador, lo que significa ir más allá metiéndole gerencia para que dé resultados. Y también justicia. En su concepto, “los gobiernos en Colombia no funcionan precisamente por falta de gestión”, a lo que agrega que en una administración suya se centraría en “producir resultados”.

La solución real para la Colombia que hoy afronta –según su visión– es hacer que la economía funcione, pero también crear nuevas economías, sobre todo en las regiones donde no las hay y que son las mismas donde hay más pobreza y donde se concentran los problemas más graves de seguridad. Así mismo, piensa que las elecciones del 2022 pueden ser las más importantes de la historia reciente de Colombia, porque existe la posibilidad de que los electores, en medio del desespero de la crisis, tomen decisiones equivocadas, motivados por un discurso que niega que el país ha avanzado “una bestialidad”.

Echeverry es economista de la Universidad de los Andes, donde también fue decano. Tiene un doctorado en economía de la Universidad de Nueva York e hizo estudios en economía mundial en Alemania y de filosofía, en España. Ha sido profesor durante más de 40 años y ha escrito varios libros de su especialidad y una novela. Su carrera pública incluye haber sido director de Planeación Nacional, ministro de Hacienda y presidente de Ecopetrol, la empresa más grande del país. Con todo, su primer gran reto en esta campaña, asegura, es hacer que mucha más gente lo conozca. 

Tenemos un país de reformas y reformas sin gestión y sin justicia.

Así fue el diálogo con el aspirante al podio de la Presidencia. 

Alternativa: ¿En qué momento decidió que quería ser presidente? 

Juan Carlos Echeverry: Antes de la covid-19 me puse a pensar que nadie estaba planteando seriamente cómo Colombia iba a dejar de ser, paulatinamente, un país dependiente de petróleo y carbón, que fueron la turbina de la economía en los últimos 30 años y que nos permitieron ganarle la guerra a las Farc y universalizar la salud y la educación. Yo conozco muy bien el petróleo y sé que se irá marchitando en los próximos 20 o 30 años. Así que debe surgir una nueva economía. Después vino la pandemia y me invadió un sentido de urgencia, porque este país no se puede equivocar políticamente y estamos en una situación absolutamente crítica. Por lo tanto, se necesita a alguien que sepa de economía y crisis; por eso empecé a contemplar la candidatura. 

¿El ‘no nos podemos equivocar’ fue por el tamaño de la crisis o porque puede ganar la izquierda radical?

Ambas cosas. La coyuntura lleva a la gente a desesperarse, a perder la fe y a huir. Empieza a creer esa historia falsa de que este país no ha avanzado, cuando ha progresado una bestialidad. Lo que pasa es que lleva dos crisis muy cercanas –la del 2017, que fue petrolera, y la de ahora–, las dos originadas afuera, y eso ha creado desesperanza. Esa sensación de descontento es caldo de cultivo para que la gente tome opciones equivocadas. Mire lo que pasó en Chile y en Perú.

¿Por qué los economistas colombianos, que suelen ser muy prestigiosos y preparados, le han dejado el manejo del poder a los políticos?

Yo lo veo distinto. Colombia es un caso atípico en América Latina, porque los políticos les ponen mucha atención a los técnicos y viceversa, y hemos tenido una convivencia buena para el país. Pero, últimamente, sí me parece que mis colegas economistas se desligaron de lo que está pasando en la sociedad y no se han dado cuenta de que la comunicación cambió. Hoy el descontento social se arma en una o dos horas, y 100.000 personas se pueden reunir en una plaza para evitar que tumben un árbol o para tumbar una reforma tributaria. Los economistas, quienes a veces hacemos prescripciones duras y difíciles, no hemos hecho esa transición. Yo en eso me diferencio un poco de mis colegas.

La gran desigualdad de Colombia es realmente entre regiones, dice Echeverry.

Hay como tres o cuatro colegas suyos que están sonando también para ser candidatos…

Todos son gente muy valiosa, bien formada e inteligente, pero yo estoy especializado en manejar crisis. Dirigí la empresa más grande del país y tengo un sentido de urgencia muy elevado. Tengo a 200 personas, en 27 grupos, pensando en los problemas por resolver. Llevo ya un año y medio trabajando en esto, con una agenda muy clara sobre lo que se debe hacer con el país.

Usted ha pertenecido al Partido Conservador, pero inscribirá su campaña por firmas. ¿Es por el desgaste de los partidos?

La razón de fondo es que no soy una persona muy conocida en el país y recorrer sus regiones, hablar con la gente y pedir las firmas son una forma muy eficaz de crear una fuerza política. 

¿Le sirvió estar en la radio todos los días? 

Mucho. Sobre todo porque, como me aconsejó alguien, siempre hablé de abajo hacia arriba, mirando primero las cosas desde el efecto sobre la gente y no centrándome en la medida técnica. Me sirvió para hacer un acto de humildad y un ejercicio de pedagogía. Yo soy, en el fondo, un pedagogo y hablarle todos los días a un millón de personas era un desafío tremendo.

Usted dice que quiere ser candidato de convergencia. ¿Está dispuesto a entrar a una consulta de centroderecha con otros?

Por supuesto, porque aquí hay que sacar 12 a 15 millones de votos y eso no es cosa de una sola persona. Lo hemos hablado con Enrique Peñalosa, Federico Gutiérrez, Álex Char, Dilian Francisca Toro, los expresidentes Santos y Uribe, y otros. Aquí tenemos que ir juntos.

Usted se hizo famoso por aquello de “repartir la mermelada” las regalías en toda la tostada, que después los opositores del presidente Santos interpretaron a su manera…

La mermelada, mientras yo la usé como una pedagogía de la reforma a las regalías, funcionó bastante bien. Lo que he hecho en la vida ha sido subir los ingresos y bajar los gastos. Lo que hicimos con las regalías fue llevarlas a todo el país. Y muchos municipios han progresado con este dinero bien utilizado. 

Hay algunas personas que quieren la economía de 1965, la política de 1945 y el conflicto de 1985.

¿Cuál es el presupuesto político para llegar a la presidencia? 

Primero, irnos con firmas por medio de un mensaje que sea incluyente, ecléctico y pragmático y de realización resultadista. Segundo, lograr que eso atraiga gente de muy diferentes tendencias. Tercero, sumarnos –probablemente en noviembre– al Partido Conservador y con eso entrar en una coalición de centroderecha grande, que además es la forma como funciona la política moderna en todo el mundo salvo en Estados Unidos, donde hay solo dos partidos. Entonces, uno tiene que ser necesariamente un candidato de convergencia. Quiero ser la persona que tenga la amplitud, el respeto, la tolerancia y el diálogo para que eso suceda. 

El exministro conservador está dispuesto a entrar en una coalición grande de centroderecha.

Usted dice que no quiere ser un presidente reformador sino “transformador”. ¿Qué significa eso?

He pasado por más de 30 reformas en el Congreso y tres reformas constitucionales. Pero las reformas son solo una pata de la mesa. Si usted no pone gestión o no tiene justicia, la reforma sirve de poco. La transformación es cuando usted logra tener las tres patas: reforma, gestión y justicia. Usted debe gestionar la reforma todos los días, porque si no, las fuerzas del mal acaban con ella. Yo digo que soy un arreglador de clóset: si usted no lo ordena todos los días, a la semana es un caos. Los gobiernos en Colombia no funcionan por la falta de gestión. Tenemos un país de reformas y reformas sin gestión y sin justicia. 

Háblenos de esa tercera pata…

Sí… Quien hace las cosas mal debe ser castigado y quien las hace bien, premiado; pero en Colombia uno hace las cosas bien y lo castigan. Yo fui el bombero en el lío de Reficar, la puse a funcionar y ahora me echan el cuento del incendio a mí. 

Usted dice que “en Colombia no somos resultadistas, somos procesalistas…” 

Sí, nos fascina hacer procesos. Los funcionarios públicos están ocupados, y probablemente honradamente, pero no obtienen resultados. En Ecopetrol, si usted no vende 715.000 barriles cada día, 240 millones al año, no paga la nómina, no paga las cuentas, no tiene con qué invertir. El Gobierno no funciona así; funciona ejecutando presupuesto, no generando valor. Y ejecutar el presupuesto no sirve de nada si usted no genera valor. 

¿Se necesita un Estado con menos empresas?

El país en el que yo nací, en los 60, era así, y hay políticos que quieren volver a que todo sea público: la salud, las basuras, la electricidad. Eso ya lo tuvimos. Hay algunas personas que quieren la economía de 1965, la política de 1945 y el conflicto de 1985. Viven en el siglo pasado, no en el siglo XXI. 

¿Cómo ve la reforma tributaria que acaba de presentar el gobierno de Duque? 

Primero, el Gobierno no va a subir impuestos en el año que le queda, pero creo que debe hacerlo para mejorar el recaudo rápidamente y no dejarlo para 2023 porque es una equivocación. Segundo, yo sí espero ver que el Gobierno baje algunos gastos. Hasta ahora lo que hemos visto es un aumento, no una disminución. 

La transformación llega cuando usted tiene las tres patas de la mesa: reforma, gestión y justicia.

Muchos dicen que así se apruebe este proyecto de Inversión Social, el próximo gobierno tendrá que hacer otra reforma tributaria. Pero usted no quiere reformas…

Yo digo que la solución no es una reforma tributaria. Probablemente se necesitará otra. Yo no me aparto de eso. Sería irresponsable decir lo contrario. Pero la esencia es crear más economía, una nueva economía. Sin eso, la economía actual no da.

¿Hay que eliminar entidades estatales? 

Hay que reenfocarlas. El tamaño del Estado colombiano es de, más o menos, 30 % de la economía y eso equivale al tamaño de los estados modernos. Sin embargo, ese Estado no produce todos los bienes públicos que puede producir por peso gastado. Los $350 billones del presupuesto del próximo año, bien utilizados, pudieron producir más educación, más salud, más seguridad, más infraestructura, más justicia. 

¿Dónde crear las nuevas economías?

Hay muchos sitios donde necesitamos desarrollarlas. Una economía agroexportadora y de servicios, como la que hay en muchas regiones. Hay agua, hay sol, hay gente, hay genética. ¿Qué falta? Infraestructura, tecnología empresarial y finanzas. Si se juntan esas cosas, una nueva economía surge en esas regiones y acompaña a la economía existente. Solo así se resuelve el problema de la desintegración de las dos Colombia: la próspera y la no tan próspera. La gran desigualdad de Colombia se da realmente entre regiones, y los problemas de seguridad y justicia también ocurren, principalmente, en las regiones más pobres del país. 

¿Qué haría con el Acuerdo de Paz? 

Hay que cumplirlo porque eso lo firmó el Estado colombiano. Yo, cuando era ministro de Hacienda pagué bonos con tasas de interés del 14 % cuando ya se estaban colocando al 7 o 6 %. Era costoso, sin embargo había que cumplir. Este acuerdo puede ser caro, difícil y costoso, pero hay que cumplirle a esa gente.

¿Cuál sería su estrategia en seguridad?

Colombia tiene guerras diferentes en zonas muy complicadas. Nariño, Cauca y el sur del Valle, Caquetá, Chocó, norte de Antioquia y sur de Córdoba, Bolívar, Catatumbo, Arauca. El país debe cambiar las estrategias y enfocarse en un hecho: si uno no resuelve el problema en Nariño y Cauca, no resuelve el problema de Colombia. Así de sencillo. Hoy no tenemos eficacia. Estamos solo conteniendo esa crítica situación para mantenerla en dichas zonas, pero ahí se está cocinando una riqueza descomunal, más que la de Pablo Escobar, de entre 8 y 12 mil millones de dólares al año.

A usted le tocó enfrentar una situación muy complicada en Ecopetrol, relacionada con el proyecto Reficar. ¿En qué cambiaría el manejo de la ética durante su gobierno? 

A sus lectores los remito al texto que publiqué, titulado La ética crea valor, donde resumo lo que apliqué en Ecopetrol. Está en el libro Reimaginando a Colombia. Quien diga que el problema de corrupción se soluciona con leyes y reformas constitucionales no sabe de lo que está hablando. Hay que hacer gerencia, gestión de la ética. Nosotros aplicamos por lo menos 20 tácticas y estrategias para sobredeterminar resultados, lo que quiere decir convencer a la gente de que aquí se sabe quién hace qué, cuándo, cómo y con quién. El día que la gente empezó a actuar con integridad, lo primero que decía la tarjeta que le regalé a todo el mundo, la empresa empezó a generar más valor.

¿Qué haría durante el primer día en el poder, en la Casa de Nariño? 

Más bien déjeme decir lo siguiente: la espera viene de esperanza. La gente tiene que esperar porque las cosas nunca suceden de un día para otro. Pero para eso se necesita esperanza y confianza. Eso es lo primero que debe hacer un gobierno: contar una historia seria, profunda, con sentido de urgencia; una historia de ética y transformación cultural.