Por Daniela Abisambra Bernal / Comunicadora social e internacionalista, premio CPB, Podcast Curioseame sobre la vida de los jóvenes / @AbisambraD

La venida de la Minga a la capital colombiana ha producido reacciones de todo tipo dentro de la sociedad civil y la cúpula del Gobierno. Por un lado, se ha visto un gran apoyo de facciones que en Bogotá se unieron a la marcha como jóvenes y afros. También ha habido un acompañamiento positivo por parte de diversos entes, tanto periodísticos como gubernamentales quienes han admirado y exhortado la protesta pacífica que se ha llevado en los últimos días como El Espectador y la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, respectivamente. Pero ha habido también una ola de críticas por el plantón de tres días en la capital. Pero entonces ¿cuáles son los verdaderos problemas y puntos a resaltar de las acciones de la Minga?

Empecemos por los puntos a resaltar. Para todos los que no entienden bien los motivos de la venida de la minga, y se enfrascan en repetir las palabras, en su mayoría vacías, acerca del porqué de un nuevo e “innecesario” llamado indígena al Gobierno nacional pasemos por uno de los cuatro puntos principales en la agenda: el derecho a la vida. En lo que lleva transcurrido de este año más de 70 indígenas, en su mayoría líderes sociales, han sido asesinados en diversas masacres en Cauca y Nariño especialmente. Lo que los convierte nuevamente en víctimas de la violencia. Antes a manera del despojo de sus tierras, el desplazamiento forzado y la misma violación de sus derechos por parte de facciones de las fuerzas militares; y hoy a manera del asesinato de varios de sus líderes sociales a manos de diversos grupos al margen de la ley. Razón por la cual demandan hoy un mayor acompañamiento estatal y una garantía de protección. Pero ahí viene el primer problema semántico: lo que para nosotros significa protección, por medio de la fuerza pública y el ejercicio de la fuerza en caso de ser necesario, va en contravía con los principios indígenas. Entonces, ¿qué hacer en este punto? Abrir caminos en los que pueda ser posible garantizar un acompañamiento estatal de alguna índole que no se encuentre ligada al ejercicio de la fuerza, como puede serlo una mayor presencia de instituciones en las zonas aledañas a los territorios indígenas.

Un segundo punto, y a los ojos de muchos, el que más validez tiene para la movilización indígena, ha sido la arrogante respuesta por parte del Gobierno a los llamados de diálogo. Y la tildó de arrogante pues ese llamado no solo no fue atendido por el presidente Iván Duque, razón que los lleva a emprender un viaje de más de cinco días hasta la capital; pero llegan a ser recibidos en la capital por el alto comisionado para la paz, Miguel Ceballos, anunciando el viaje a Totoró, Cauca para entablar los diálogos. Arrogante también por el discurso de rechazo a la movilización de la minga por parte del presidente Duque quien tildó de injustificable la movilización frente al peligro de un aumento en los casos de contagio, pero quien se abstuvo de comentarios durante los picos de gente en el día sin IVA e incluso durante las manifestaciones en pro de la liberación de Álvaro Uribe Vélez. 

Un tercer punto por resaltar es la impecable manera de protestar, que ha pasado a ser un ejemplo para futuras movilizaciones. Empezando por las medidas de bioseguridad, pasando por el rechazo del vandalismo y los infiltrados en la marcha a manos de la guardia indígena —es decir, sin el uso de la violencia física— y por último las óptimas condiciones en las que han dejado las calles y el Palacio de los Deportes a su paso. 

Ahora bien, en cuanto a los problemas que efectivamente tiene la venida de la minga, podemos iniciar con lo poco loable que es el cumplimiento de algunas de las peticiones que están haciendo. Para no irnos más lejos, tomemos uno de los puntos dentro del apartado de la agenda: la paz. Aunque es más que legítimo que estén pidiendo que se cumplan los acuerdos de paz sobre todo en los territorios en los que ellos habitan, es poco realista pedir un acuerdo de paz con el ELN o la reanudación de los diálogos con este grupo no solo por la falta de disposición que este ha tenido en los últimos intentos, pero porque no es una petición que les competa exigir. 

Un segundo problema, ligado con lo mencionado anteriormente, es la solicitud de la restitución de todos los territorios que han sido robados o despojados y el llamado a un incumplimiento 

por parte del Gobierno. Este punto requiere una reestructuración en tanto que se ha venido haciendo un trabajo por años desde la creación de la Ley de Víctimas, llegando a restituir más de 220.000 hectáreas para los grupos indígenas, convirtiéndolos en unos de los grupos con mayor concentración de terreno per cápita. 

Entonces, ¿es la venida de la minga a la capital realmente un problema? o ¿hay problemas de parte y parte detrás de la venida que necesitan ser atendidos para poder dar solución y llegar a acuerdos a las peticiones que esta población hace? Es fácil caer en los extremismos a los que estamos acostumbrados en la forma de hacer política colombiana, más difícil es sentarnos a evaluar qué de lo que ese otro político demanda es no solo cierto pero legítimo y hasta necesario.