La Vicepresidenta llega a su tercer ministerio con una tarea urgente: responder a los cuestionamientos internacionales por los hechos de uso desmedido de la fuerza policial en las recientes protestas.

Por María Fernanda González Binetti

Doctora en Ciencia Política y especialista en análisis del discurso

“Marta Lucía Ramírez puede ser calificada de múltiples formas: trabajadora incansable, de convicciones claras, de avanzada al querer un cambio y un rompimiento con el machismo tradicional de la política colombiana. Todos ellos son aspectos que conforman la figura de una mujer dedicada a su trabajo, seria y comprometida con el país desde que irrumpió en la política colombiana al ser nombrada ministra de Comercio Exterior por Andrés Pastrana.

¿Por qué tenacidad? Si uno mira en el diccionario de sinónimos encuentra: constancia, firmeza, tesón, persistencia, empeño, perseverancia y obstinación. Estos adjetivos son, creo yo, los mejores calificativos para esta colombiana de 63 años con una hoja de vida sólida para conquistar la primera magistratura”. 

Estas palabras introducen el perfil que realicé de la entonces candidata presidencial en el libro Los pretendientes de la Casa de Nariño, a pocos meses de la primera vuelta de la campaña electoral de 2018.  Hoy, con el peso de su hoja de vida, ungida por los colombianos como vicepresidenta y ahora designada canciller, debe afrontar no pocos desafíos.

Se hace interesante destacar las principales cartas que tiene la hoy vicepresidenta y ministra de Relaciones Exteriores para superar la profunda crisis política interna y de credibilidad a nivel internacional por las vidas que se han apagado en las movilizaciones en Colombia.  

Vale la pena recordar que Marta Lucía Ramírez, en los albores de su carrera política, estuvo en el Partido Liberal, luego ingresó al Senado bajo las banderas del Partido de la U, llegó a ser parte de la familia política del conservatismo en su segunda campaña presidencial y en la última se lanzó como independiente por firmas. Esta evolución la posiciona claramente a la derecha, pero si tuviéramos que caracterizarla aun más, podríamos decir que la Canciller tiene tres grandes valores que la definen: libertad, justicia y seguridad.

De su paso por el Ministerio de Comercio Exterior le quedó una convicción fija: la necesidad de empoderar a los jóvenes y a las mujeres. La libertad de Ramírez se inserta en la dignificación del trabajo y en la búsqueda incesante por el emprendimiento. A esto se le suma su paso por el Ministerio de Defensa, en donde luchó contra la corrupción poniendo orden en el proceso de contratación. Su trabajo con las Fuerzas Militares incluyó también la formación de los soldados en temas de derechos humanos. 

Con el resultado del referendo por la paz, participó en el estudio y la reforma de los acuerdos de La Habana. Y, desde la Vicepresidencia, ha liderado los pactos de crecimiento, los programas de empoderamiento de la mujer y los de lucha contra la corrupción, entre otros. 

Colombia pasa actualmente por una grave situación en lo político y en lo social. El país reclama al unísono una apertura al diálogo, mayor participación, mejores condiciones laborales, ampliar los derechos sociales y enfrentar la desigualdad, que se ha recrudecido con la pandemia. 

La Colombia de hoy es muy diferente a la del 2000, esa que buscaba la seguridad y le apostaba a una decidida lucha contra la guerrilla de las FARC. Los jóvenes en las marchas han incluido en sus propuestas temas centrales que atañen a los acuerdos de paz. Y la comunidad internacional, Estados Unidos y Europa ven con suma preocupación el trágico resultado de los enfrentamientos con la muerte de unos jóvenes y las denuncias de desaparición de otros por la violencia de la Fuerza Pública. 

Hoy la Canciller encuentra un escenario muy distinto a la era Trump. Incluso Juan Guaidó está buscando espacios de diálogo con la Venezuela de Nicolás Maduro. Su principal desafío será demostrar su talante democrático, responder a la comunidad internacional por los graves hechos de fuerza desmedida de la Policía y mostrar que este gobierno es capaz de lograr la concordia entre los colombianos. 

Marta Lucía Ramírez, al sacrificar su candidatura presidencial, queda libre de todo ropaje ideológico. Ahora más que nunca, la deberá guiar el pragmatismo, la serenidad y la ecuanimidad. 

La nueva Canciller inició sus contactos con el mundo en Estados Unidos, donde la administración Biden ha establecido como valores predominantes la “esperanza”, la “dignidad” y “trabajar para unir y no dividir”. Tomando las palabras del presidente Joe Biden, podríamos afirmar que Ramírez tiene en sus manos la oportunidad de “restaurar el alma de los colombianos en casa y ante la comunidad internacional”.

 González M.F. Los pretendientes de la Casa de Nariño. Intermedio Editores. Bogotá, D.C., 2018.